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Estreno de "Santa Clarita Diet", una serie edulcorantemente subversiva

por 3 febrero, 2017

Estreno de “Santa Clarita Diet”, una serie edulcorantemente subversiva
Hay cierta subversión edulcorada en Santa Clarita Diet. Los hombres se muestran pusilánimes e histéricos y las mujeres masculinas y empoderadas. Hay policías (hombres) que se emocionan con las flores y las abejas, y fuman marihuana. En fin, los malos no son tan malos, y lo mismo pasa con los buenos.
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Casi sin juego previo. Santa Clarita Diet (Netflix) es una comedia negra que abofetea sin decir agua va. Sólo un preludio -convenientemente acotado- con imágenes de un soporífero suburbio de clase media (como el visto en Desperate Housewives o incluso en Breaking bad), en tanto reflejo aspiracional del sueño americano, que sitúa a la historia en la ciudad del mismo nombre, en Los Ángeles, California. Ya eso es divertido. Mucho más, pronunciado en ingles (“senta clauita”).

Allí encontramos a Sheila Hammond (Drew Barrymore) y Joel Hammond (Timothy Olyphant). Una pareja de corredores de propiedades, cuyo emprendimiento en el mercado inmobiliario les proporciona el sustento familiar con holgura, a golpe de muecas y sonrisas falsas. Las relaciones públicas americanas han gastado mucha energía en Drew Barrymore, quizás, intentando replicar la fórmula de la entretenida, aunque sobrevalorada Stranger Things, protagonizada por Winona Ryder. Vaya uno a saber. No hay duda que la protagonista de Never Been Kissed (1999) es un imán potente para el éxito de este nuevo proyecto de Netflix, porque su presencia resulta encantadora en base a su historia de vida, y a lo que mejor sabe hacer: ser ella misma. No hay mucho riesgo en eso.

Dicho lo anterior, sugiero poner el ojo en el rol de Timothy Olyphant, cuyo pasado televisivo tiene aún más riqueza que el de la propia Barrymore, con excelsos roles dramáticos en Justified (FX) donde representa al U.S. Marshal Raylan Givens, o la absolutamente fantástica interpretación que hace en Deadwood (HBO) como el Sheriff Seth Bullock. Quien no haya visto Deadwood, se pierde una de las joyas de la televisión del Siglo XXI. Probablemente, una de las mejores ficciones audiovisuales sobre la conquista del salvaje oeste norteamericano. Ruda, oscura, real, irrepetible, y a diferencia de Stranger Things, subvalorada. Dejo de divagar y vuelvo al tema.

La comedia le sienta bien a Olyphant. Al menos, esta falsa comedia que se ríe de un modo de vida particular, y que viene a ser la metáfora de un Estados Unidos en permanente cambio. Sus constantes sonrisas fingidas, transmiten un tormentoso esfuerzo por alejar el conflicto y mantener las formas. Pero nada puede contener un cambio tan devastador como el de Sheila: su transformación en caníbal. El ambiente pulcro y tonos pastel se tiñe de rojo intenso. De la luminosidad al toque gore, hay sólo una escena de distancia. La vida apacible de Joel se vuelve insostenible, y su sonrisa cada vez más forzada. Verlo en esa posición es un chiste muy divertido.

Santa Clarita Diet

Hay cierta subversión edulcorada en Santa Clarita Diet. Los hombres se muestran pusilánimes e histéricos y las mujeres masculinas y empoderadas. Hay policías (hombres) que se emocionan con las flores y las abejas, y fuman marihuana. La felaciones (sugeridas) están a la baja. Lo que se lleva es el cunnilingus. En fin, los malos no son tan malos, y lo mismo pasa con los buenos. En ese contexto, Joel es el zángano de la nueva reina (en realidad, siempre lo fue). Y como tal, hará todo lo que esté en su mano para satisfacerla, como quien tiene que satisfacer al Dr. Hannibal Lecter. Desde luego esto le da una nueva vidilla a la pareja. Somos lo que comemos, nunca mejor dicho.

No soy de risa fácil. Dicho eso, comparto que Santa Clarita Diet me ha sacado algunas carcajadas que registraron decibelios por sobre la norma permitida. Esta confesión debería ser suficiente para señalar que en esta serie hay diversión, altas dosis de sarcasmo, y una mirada crítica (de baja intensidad) de cierto modo de vida americano, tan señalado por estos días. Está lejos de comedias donde la autocrítica es feroz (Little Britain, Peep Show, Shameless, The Office UK), pero se agradece el intento.

Bon Appétit. De nuevo, nunca mejor dicho.

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