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Felipe Rojas, tenor chileno que triunfa en Europa: "Nos hacen creer que todo lo que viene del extranjero es muchísimo mejor"

por 18 abril, 2019

Felipe Rojas, tenor chileno que triunfa en Europa: “Nos hacen creer que todo lo que viene del extranjero es muchísimo mejor”
Es un protagonista habitual en los teatros de ópera alemanes, siempre en roles principales. "En Alemania he representado 55 roles distintos en todos los teatros importantes y no solamente ha sido importante para mi carrera, sino también para mi estabilidad personal y familiar. No olvides que el arte y las casas de ópera en Alemania son solventadas económicamente por el Estado, lo que se traduce en seguridad para los artistas en temas como la salud y la educación de mis hijos, que pagas con tus impuestos", destaca.
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El chileno Felipe Rojas Velozo se desenvuelve con gran naturalidad y lucimiento como Jacopo Foscari en la representación de I due Foscari, tragedia lírica del joven Verdi. La obra narra turbulentas intrigas en la República de Venecia en la primera mitad del siglo XV. El Dux Francesco Foscari, padre de Jacopo, acusado del asesinato de un noble veneciano y de alta traición a la patria, se ve forzado a decidir entre su deber como gobernante y el destino de su hijo, que es condenado al destierro.

El público que asiste al Oper der Stadt Bonn es unánime: su rol en la ópera es celebrado con una ovación. La crítica también. “Felipe Rojas Velozo es un magnífico Jacopo, su voz tiene calidez y el texto siempre se entiende. Ha sido una interpretación valiente, en la que se ha dado el lujo de ornamentar la cabaletta inicial. Es una voz con gran volumen y seguridad, merecedora de la ovación que recibió durante los aplausos”, narra el Operatraveller.

Felipe es un tenor habitual en los teatros de ópera de Alemania, siempre en roles principales. Se ha visto recientemente como Edgardo en Lucía de Lammermoor y Rodolfo en La bohème .

Tras el éxito de la ópera, el tenor chileno aparece sonriente y con gesto alegre. Nada más salir y se acerca la gente a felicitarlo. “Complimenti”, “Fantastic”, “Bravíssimo”, “maestro”, “Ausgezeichnet”, le gritan. Rojas Velozo agradece en varios idiomas y concluye: ¡Grazzie a tutti!

-Tu carrera se ha desarrollado en escenarios de Europa, América y Asia. ¿Qué tan distinta es la reacción del público en las distintas culturas?
-Supongo que la reacción del público depende de su exposición a la ópera. En Japón, donde he cantado varias veces en los últimos años, tienen gran amor a la ópera, pero en China, por ejemplo, en una función de Rigoletto de Verdi que me tocó cantar, en el segundo acto había gente hablando por el celular y otros durmiendo. Quizás se explica porque la cultura de la ópera italiana está recién llegando a ese país y es muy distinta a la tradición de la ópera china. En Italia es muy común repetir un aria o un duetto. Durante la función el público aplaude y exclama: “bis, bis..”, y te guste o no, tras la señal del director, tienes que cantar el aria de nuevo. En el teatro de la ópera de la Deutsche Oper Berlín, donde estuve años como solista, canté una ópera con Sumi Yo, famosa soprano coreana. Era Lucía de Lammermoor, donde la soprano canta su última canción, el aria de la locura y se suicida tirándose al lago. Al darse cuenta de la muerte de Lucía, canta Edgardo y también se suicida, en ese punto termina la ópera. El hecho es que en aquella ocasión había muchísimo público coreano y no terminaban de aplaudir nunca el último aria que acababa de cantar Sumi Yo y yo tuve que esperar como ocho minutos para poder entrar en escena. Situaciones como estas, hacen que la acción se interrumpa demasiado y resulta incómodo, porque se genera una competencia y parece que lo que queda de la ópera sobra.

-Cicerón, en la antigüedad, decía que el orador es “esclavo” del público. ¿Es esto aplicable al teatro lírico?
-Yo creo que, como decía Claudio Arrau, no hay que hacer demasiadas concesiones al público, porque al final te dedicas más a buscar su aprobación que a hacer arte. En el caso de la voz, uno tiene que cuidar la técnica y la carrera, porque el riesgo de morir de éxito es alto, ya que tus cuerdas vocales son únicas y no es difícil lesionarse la voz haciendo acrobacias vocales para contentar al público. Hay muchos cantantes a los que les ha pasado esto. Una ópera no es como un partido de fútbol, donde durante el partido siempre hay un jugador de reemplazo cuando se lesiona alguno o está muy cansado. Tú tienes que cantar la ópera hasta el final y muchas veces al día siguiente y el desgaste puede ser enorme si te dedicas a buscar efectos para lograr grandes aplausos u ovaciones. Por otra parte, y de forma más sutil, se puede lograr lo mismo  sin que suponga un sacrificio físico. Es importante señalar que la voz la controlas tú y no el público.

-El intérprete, al intentar conquistar a su auditorio, ¿debe adaptar su interpretación a este?
-La puesta en escena sí, pero no la parte musical. Adaptarla a veces al medio moderno, pero sin cambiar un ápice la parte musical. En Alemania, sobre todo, se cambia con cierta frecuencia la puesta en escena, para llegar a un público más moderno y es común apostar por escenografías anacrónicas, que a veces resultan impactantes. Como en esta producción de I due Foscari, donde la escenografía no tiene nada que ver con la época en que tiene lugar la acción: la Venecia del siglo XV. Hay computadoras, un escenario opaco, guardias de seguridad, metralletas, vestimenta y muebles de los años ochenta. Hace poco canté en una producción en Halle, cerca de Leipzig. Se trata del Réquiem de Verdi, misa de difuntos pero con una puesta en escena al estilo de El planeta de los simios, en un medio moderno, pero con el mismo texto y música. En esta producción los miembros del coro son los simios y los cuatro solistas somos los sobrevivientes. Al principio a mí me resultó chocante y pensé: “Qué tontería”, pero el resultado fue muy bueno, al público le encantó, sobre todo al público joven. Hablo de adolescentes, que quedaron fascinados con la obra, a pesar de tratarse de una misa de difuntos. Además la producción tenía efectos escénicos sorprendentes, como que el coro (de simios) se incorporase desde el público. Uno como solista no puede cambiar mucho, los regisseurs, sin embargo, pueden permitirse todo tipo de cambios … y  ciertas “excentricidades”.

Carrera en Europa

-¿En qué circunstancias se produce tu llegada a Europa y tu pronto fichaje para roles principales?
-Se produce a raíz de una gira por Alemania que hice como solista de la Misa Criolla (contrato que me consiguió el tenor chileno José Quilapi), tournée que me dio la oportunidad de audicionar en las escuelas de ópera y casas de ópera de Alemania. Me aceptaron como estudiante en la Escuela de Ópera de Karlsruhe. Volví a Chile, estuve cantando La Traviata en el Teatro Municipal y después me instalé en Alemania. Pronto tuve una audición en el Teatro de Stuttgart, donde estaban cortos de tenores y necesitaban en dos semanas uno que cantase el rol de Magduff en la ópera Macbeth de Verdi. Les gusté mucho y en dos días tuve que dejar la Escuela de Ópera para pasar a integrar el prestigioso ensemble del Teatro de Stuttgart. Naturalmente que en dos semanas estudié más que en todo un año en la Escuela de Karlsruhe. Y luego, estando como solista en la ópera de Stuttgart, se me abrieron las puertas a muchos teatros de Alemania y otros países.

-¿Cuán importante ha sido Alemania para tu desarrollo como cantante?
-En Alemania he representado 55 roles distintos en todos los teatros importantes y no solamente ha sido importante para mi carrera, sino también para mi estabilidad personal y familiar. No olvides que el arte y las casas de ópera en Alemania son solventadas económicamente por el Estado, lo que se traduce en seguridad para los artistas en temas como la salud y la educación de mis hijos, que pagas con tus impuestos.

Comienzos en Chile

-En lo que se refiere a tu formación musical en Chile, ¿quiénes influyeron en tu vocación? 
-En primer lugar mi mamá, que siempre cantaba y tenía un timbre de soprano natural, no impostado. Yo creo que el timbre natural de tenor lo heredé de ella. Aunque no sabía leer música, a mi mamá le gustaba mucho la ópera y cantaba diversas arias y también música religiosa. A ella la llamaban para cantar en matrimonios, tenía un pianista, y cantaba obras como el Ave María de Schubert, algún Agnus Dei o el Laudate Dominum de Mozart, también la llamaban para cantar en funerales. Cuando yo era niño, canté con ella en algunas ocasiones. Ella falleció hace ya muchos años, pero muchas veces, al estar yo arriba de un escenario, me acuerdo de ella, cómo le encantaban ciertas ópera como La Traviata, Carmen, ciertas arias, ella lloraba con el aria de la Butterfly.

Hace poco fui parte del elenco de Madame Butterfly. Siempre me acordaba de ella antes de entrar en escena, y mientras oía a la soprano cantar esa aria, pensaba lo bonito que hubiera sido que ella estuviese entre el público.  De ella aprendí mucha ópera, y heredé toda la parte musical. Posteriormente comencé a leer música y a cantar con el grupo Barroco Andino, que dirigía Jaime Soto, el grupo hacía arreglos de obras de Bach, Telemann y otros compositores, así como de música tradicional chilena, donde yo principalmente cantaba. Fuimos enviados a Japón y a Alemania por el Gobierno de Patricio Aylwin como embajadores culturales. Tuve así la oportunidad de recorrer esos países durante varios meses y conocer sus diversas ciudades, y en Alemania de oír mucha música clásica.

Al volver a Chile entré a estudiar violonchelo en el Conservatorio de la Chile y conocí a Carlos Beltrán, profesor de canto y él me dijo que ante todo yo era cantante, que tenía que dedicarme al canto, así que comencé a estudiarlo. Después conocí a José Quilapi, que venía recién llegando de Alemania y me enseñó un poco de la técnica de la vieja escuela de canto europea, enseñanzas que hasta el día de hoy le agradezco. Yo llevaba muy poco tiempo estudiando cuando audicioné en el Teatro Municipal, allí me contrataron y canté durante dos temporadas: del 95 al 97.

-A pesar de tu meteórica carrera en Chile y el extranjero se sabe poco de ti en tu país. ¿Es cierto aquella frase que dice que “nadie es profeta en su tierra”?
-En Chile creo que la mentalidad ingenua que impera, no exenta de cierta ignorancia, nos hace creer que en ópera y música clásica todo lo que viene del extranjero es muchísimo mejor. En teatros de ópera como los de Finlandia o Australia, el 90 por ciento de los solistas tienen que ser de ese país, eso ayuda mucho a la formación y a la cultura, a la vez que refuerza a los talentos nacionales y los hace embajadores culturales de su país por el mundo. Ojalá Chile llegue algún día a eso, porque son muchos los cantantes de ópera chilenos que hacemos carrera casi exclusivamente en el extranjero. Se podrían hacer muchas temporadas solo con elencos nacionales.

-No solo has cantado en teatros de ópera, también en ocasiones muy especiales, como en la misa del funeral del ministro de Relaciones Exteriores alemán, Guido Westerwelle. ¿Cómo fue esa experiencia?
-Fue muy emotivo y aunque era una misa de difunto y el féretro estaba allí, fue algo muy bonito, porque estaba la Filarmónica de Colonia con su coro y fue retransmitido en directo por la televisión. Westerwelle me había escuchado varias veces cantar en la Deutsche Oper Berlín y le encantaba. Su marido se puso en contacto conmigo y me preguntó si yo estaba libre ese día. Yo le dije que sí. Como antes te decía, fue realmente muy emotivo: yo estaba sentado cerca de la orquesta, cuando entró la canciller Merkel, tras lo cual se acercó una persona de la organización y me dijo: “Usted va a cantar el Nessum Dorma justo después del discurso de ella”.

En la ceremonia estaba presente una buena parte del gobierno alemán. Guido Westerwelle fue un ministro muy apreciado por Merkel y murió joven, de un cáncer fulminante que lo llevó en seis meses a la tumba. Nada más acabar la primera ministra de pronunciar su emotivo discurso, vi cómo las cámaras giraban para apuntarme. Al terminar el acto vinieron los familiares del ministro a felicitarme y, entonces, para mí lo más emocionante fue cuando, detrás de ellos, vi a esa pequeña gran mujer que es la señora Merkel, que con su característica humildad esperaba su turno para saludarme. “Muy bonito, muchas gracias, cantó usted muy bien”, me dijo al darme la mano.

-También interpretaste Nessum Dorma en directo por TV, acompañando una impresionante coreografía sobre hielo realizada por una pareja rusa, que había ganado un campeonato mundial. ¿Qué supone para un solista ceñir su canto a una coreografía?
-Esa experiencia resultó muy interesante por lo particular que fue la circunstancia, al tratarse de un número muy elaborado sobre patines de hielo. En primer lugar, tengo que decir que ellos fueron muy simpáticos. Antes del primer ensayo conversamos un poco y yo les pregunté cómo querían que cantara, si con un tempo más lento o con alguna inflexión dinámica especial en algún punto y me respondieron que no había ningún problema, que se adaptarían a mi manera de cantar. Me dijeron que estaban muy contentos de tener un cantante como yo y que se sentían honrados de bailar con la música que yo interpretaría en directo.  

La experiencia resultó curiosa: fue casi como acompañar a bailarines, pero al mismo tiempo muy distinto. Después de los ensayos, ellos se adaptaban muy bien a mi interpretación. Por si acaso, yo trataba de mantener siempre el contacto visual. Aunque se deslizaban en movimientos suaves por el hielo, la velocidad con que se desplazaban y recorrían la pista de un lado a otro era, sin embargo, grande y tenía que mover la cabeza en una u otra dirección para seguir sus movimientos. Durante la gala estaba muy nervioso, porque me preguntaba qué haría si ellos, en alguna de las piruetas, se caían, qué pasaría si en alguno de aquellos veloces giros o movimientos se interrumpía bruscamente la coreografía. No quería yo de ninguna manera vivir una experiencia así. Esa posibilidad no estaba contemplada, y yo pensaba: "Si eso pasa tendría que hacer una parada o improvisar una cadencia y quizás después seguir cantando con pena y tratar de terminar el número". Pero eran muy profesionales, todo salió perfecto.

A título anecdótico, tengo que decirte que al final pasé mucho frío: yo estaba cantando encima de un escenario de madera que estaba sobre el hielo y las tablas se iban helando y mi ropa de gala no era adecuada para una temperatura tan baja, ni menos los zapatos, por lo que sentía que mis pies se iban congelando poco a poco con el frío que subía desde la cancha de patinaje. ¡Por suerte fue solo un rato!

-¿Consideras en algún momento volver a Chile?
-¡Sí! Ojalá que se puedan abrir algunas posibilidades y que me contraten para alguna producción en los teatros de Chile, no solo en el Teatro Municipal, sino también en otras ciudades donde hay conciertos líricos y ópera, como en el sur. Y esperar que los organizadores puedan ir abriendo los ojos hacia los artistas chilenos que están en el extranjero y que llevamos muchos años de experiencia. No hablo solo por mí, sino también por otros solistas que trabajan en diversas compañías de ópera del mundo y a los que les daría mucho gusto poder cantar en su país. Creo que en Chile se fijan a veces demasiado en los cantantes extranjeros y no ponen atención a los suyos que hacen carrera en otros países. En mi caso, siempre he tratado de mantener el vínculo con Chile y a veces participo en actividades que organiza la embajada en Berlín. En cualquier caso me encantaría también poder impartir alguna master class en Chile con alumnos de canto y contribuir así al desarrollo de la lírica nacional.

-¿Cuáles son tus próximos proyectos, desafíos o retos?
-Bueno, yo siempre estoy dispuesto a nuevos proyectos, pero es mi agente el que gestiona los contratos para los distintos teatros y suelo tener algunos roles fijos para los que siempre me llaman. Sin embargo, hay roles que aún no he hecho y en los que me gustaría debutar, que son muy bonitos. Por otra parte, yo no me puedo quejar de las óperas que tengo en repertorio, que son obras que te dejan muy bien puesto: el tenor en las óperas de Verdi siempre es destacado y tienes muchas posibilidades de que te vaya bien. Don José en Carmen, personaje muy malo que al final mata a Carmen, tiene gran despliegue vocal y triunfa de cara al público. También en 2019 debutaré como Vladimir Lenski en Eugenio Onegin de Tchaikovsky. Siempre estoy contento de hacer dos roles nuevos por año, no más, para no faltar tanto tiempo de casa y estar lejos de mis hijos y la familia. Piensa tu que la producción de Koblenz, por ejemplo, dura dos meses, y requiere estar cinco días a la semana fuera de casa.

Recuerdos informales

Termina la entrevista y continuamos con la cena, conversando cosas más informales: sobre Chile. Recuerdos varios de su infancia, anécdotas curiosas. Luego sobre repertorio y acerca de otros intérpretes. Me cuenta una anécdota muy divertida (sobre una sustitución que tuvo que hacer en un país del este, acompañado de una orquesta muy mala y con más de la mitad de los músicos borrachos), que con su contagiosa sonrisa me hace reír a carcajadas. Qué distante queda la tragedia que he visto en escena: Jacopo Foscari ha desaparecido ya de mi imaginación y converso ahora con Felipe y su gran sonrisa. Los de la mesa de enfrente nos miran con simpatía. Son de la asociación de amigos de la ópera de Bonn y admiradores de nuestro tenor. “Es ya la segunda vez que vienen a verme en la Lucía de Lammermoor", me cuenta.

Nos despedimos. Cae una fina lluvia y la calle empieza a estar vacía, no hay vehículos en este bulevar, y Felipe, Jacopo Foscari, se aleja caminando hacia la oscuridad y desaparece.

Esta entrevista tuvo lugar en junio de 2018.

He tenido la oportunidad de hablar hace poco con Felipe Rojas y me cuenta que fue invitado, pero no pudo ir, a participar en la Primera Convención Lírica de Chile, en el marco del Festival Laguna Mágica, que tuvo lugar en Concepción entre el 23 y el 26 de enero de 2019, donde estaba planificado un homenaje a su labor como cantante.

Desgraciadamente le fue imposible viajar, ya tenía que estar en Bonn para los ensayos y la puesta en escena de la ópera Jerusalem de Verdi, que se estrenó con éxito el 10 de febrero. Me cuenta que estuvieron presentes Verónica Villaroel, Giancarlo Monsalve y Cristina Gallardo-Domas, entre otros afamados cantantes chilenos y que los artistas invitados impartieron cada uno su master class. Me cuenta que le habría encantado poder estar presente y poder tener la oportunidad de contribuir al desarrollo de la ópera en Chile.

Quizás ha llegado la hora del reconocimiento en su tierra.

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