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La fragmentación del Chile actual en la obra “Narciso Fracturado”

por 27 julio, 2019

La fragmentación del Chile actual en la obra “Narciso Fracturado”
Una de las señales del fascismo según Umberto Eco es explotar el miedo a la diferencia, pues así se puede, vía machismo-heroísmo, mantenernos en una guerra eterna.  Para los místicos, lo ideal es asumir el fenómeno de aspirar a una toma de conciencia para ser andróginos. Nuestra condición sexual no impide vivir al padre y la madre, a lo masculino y lo femenino de nuestra emocionalidad. 
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Algunos valores y sentimientos del siglo XX no sirven para el siglo XXI y la obra Narciso Fracturado escrita por Bosco Cayo, Pablo Dubbot, Juan Carlos Burgos, Jorge Machant, y dirigida por Jimmy Daccarett, nos ayudan a todos los demás a sentarnos a la mesa para aprender.

Dos hombres enamorados desde la escuela de teatro, enfrentan todas las colinas y declives de quienes no pueden vivir sin la otra, a pesar de sus pasados desiguales, presentes distantes y futuros difíciles de garantizar.

Si bien el escenario protagonizado por Freddy Araya y Nono Hidalgo desea una reflexión en el espectador sobre la paupérrima situación de salud pública chilena respecto al VIH, entre muchas otras cosas, se consigue ir más allá. No existe monserga moral o lloriqueo, gracias al sentido del humor y de las convincentes interpretaciones.

Es un ejercicio sano a intentar por los heteros, homosexuales y todas las posibilidades habitantes del planeta humano. ¿Dónde se domiciliaría el Dios si tuviera que estar en una parte de nuestro cuerpo? Ni en el cerebro, ni en el corazón o el cuerpo. Sin dudarlo estaría en el sexo, pues es la fuente de la necesidad humana de crear, el instinto de ser co autores de la naturaleza y sus fronteras.

Uno viene de la clásica familia acomodada, el otro de una realidad rural. Uno creció con los ricos, sintiendo culpa y dolor, escondiendo ante los suyos su esencia, el otro resolvió siempre con audacia todos esos escollos, hasta convertirse en un enérgico actor profesor en la universidad para el más cándido de la dupla.

Deseaban irrumpir con su creatividad en las tablas y fueron censurados, arrinconados por una sociedad católica agresiva. El ingenuo optó por las sombras en la comodidad de su condición social privilegiada, el audaz se fue a otros rumbos donde su ADN emocional no debía pedir ni permiso, perdón o explicaciones. 

El de acá, se va consumiendo por la ausencia del amor y la renuncia a la lucha por su dignidad. Ello lo condena al encierro en frustración y autodestrucción vía promiscuidad. El que vive en Chile no tuvo misericordia con su cuerpo y su falta de responsabilidad arrastra a su pareja, que va y viene desde Brasil, a las enfermedades venéreas. 

Dos personas que se aman, se alejan, se acercan, pelean, reconcilian, teorizan sobre los prejuicios, se ríen de todo, se cuidan y también sufren, en este barco clasista y racista, donde hay homosexuales de primera y tercera clase. 

Obra muy valiosa para conocer cómo sienten quienes lograron vivir esta épica, desde una universidad privada sin pasar brutales premuras económicas. En el mundo de Lemebel, por el contrario, aprendemos sobre los marginales de los marginales, en Narciso Fracturado, sobre ese mundo de los más iguales que otros. 

Tanto pobres como ricos serán condenados al ostracismo y la injuria. Crecen desde la tierna infancia recibiendo ese golpe de vulnerabilidad psicológica ¿Cuánto influye la ofensa en la construcción emocional de un homosexual? La sociedad los condena a vivir sintiéndose anormales.  

En este occidente judeo cristiano, lejana de esa Grecia presocrática, donde la homosexualidad era aceptada con respeto en la cultura, hasta la ciencia contaminada se pregunta una y otra vez ¿Puede una liebre dejar de ser una liebre? 

Indagación tal vez absurda y que de hacerse debería ser un koan, esas preguntas zen cuya meta no es la respuesta correcta, sino correr las cercas mentales instaladas por la sociedad, la educación, la iglesia o la familia. 

Nuestro ethos se edifica en la separación de la naturaleza del hombre, por ende, se le hace muy difícil aceptar lo que le rodea. Toda nuestra socialización y conocimiento se ordenan según el concepto antropológico de “saber de dominio”.

En éste, se separa el objeto de su entorno, se cortan sus vínculos con el todo y ello permite establecer un control, una propiedad sobre el conocimiento. Así se faculta a ese saber a decretar una propiedad para explotar, reprimir, usufructuar y someter al objeto estudiado. 

Tal es ella paradoja cuando se aborda la realidad homosexual, con criterios de este tipo de saber. Ahí se busca acumular investigación y evidencia, para intentar explicar si la orientación sexual se puede atribuir a un factor ¿Es necesario llegar a la conclusión sobre si hay convergencia entre biología y homosexualidad?

La realidad homosexual debe ser conocida también mediante un “saber de salvación”, de lo contrario sólo habrá verdades a medias. En el saber de salvación viven las leyendas, mitologías, refranes e historias de las etnias, civilizaciones y campesinado, en éste saber no habita la duda, o el método científico, es terreno de la sabiduría, como senda para llegar a ser mejor persona. 

Cuando un saber de dominio le pide a la biología aislar variables, para saber de una vez por todas si se nace o se hace, realizamos un ejercicio limitado y hasta puede terminar en fascismo. El camino de la ciencia es el conocimiento y no estar al servicio de todos los poderes que temen al diferente. 

Una de las señales del fascismo según Umberto Eco es explotar el miedo a la diferencia, pues así se puede, vía machismo-heroísmo, mantenernos en una guerra eterna.  Para los místicos, lo ideal es asumir el fenómeno de aspirar a una toma de conciencia para ser andróginos. Nuestra condición sexual no impide vivir al padre y la madre, a lo masculino y lo femenino de nuestra emocionalidad. 

Es un ejercicio sano a intentar por los heteros, homosexuales y todas las posibilidades habitantes del planeta humano. ¿Dónde se domiciliaría el Dios si tuviera que estar en una parte de nuestro cuerpo? Ni en el cerebro, ni en el corazón o el cuerpo. Sin dudarlo estaría en el sexo, pues es la fuente de la necesidad humana de crear, el instinto de ser co autores de la naturaleza y sus fronteras. 

Los lobos grises no desean al Dios habitando en el sexo y sólo en el intelecto, anhelan sólo el saber de dominio para injuriar y segregar. 

Narciso Fracturado es muy necesaria y trasciende el tema, pues nuestro país vive en la fragmentación social, entre guetos rivales, donde hay salud y educación para pobres y para ricos, en un apartheid racial, espiritual, sexual y moral asfixiante, que nos mantiene en la mediocridad de los peores momentos de la colonia, asunto olfateado a las dos manzanas caminadas, por todos los extranjeros que nos visitan, ya sea para vacacionar, vivir o huir de la represión. 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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