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Neurociencias: El bullying como posible desencadenante de la depresión

por 7 enero, 2020

Neurociencias: El bullying como posible desencadenante de la depresión
Una de las características principales de ser expuesto al bullying es presentar mucha tristeza e inestabilidad emocional. También, los niños expuestos a este tipo de estrés social presentan menos autoestima, energía, vitalidad, bienestar psicológico y limitaciones en actividades físicas, en comparación a sus pares no afectados. Por ende, es importante identificar cuanto antes este tipo de conducta entre los alumnos, para evitar el posible desarrollo de enfermedades psiquiátricas en el futuro, como la depresión.
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Nuestro mundo está en constante cambio, lo que ha llevado a avances en la tecnología y la ciencia. Debido a la globalización, el acceso a la información es cada vez más sencillo, y sólo estamos a un click de distancia entre lo que queremos saber y nosotros mismos. Debido a este fácil acceso, también es más simple observar cómo la violencia es algo muy común en nuestras vidas. Esto puede ser debido a que las redes sociales han aumentado su impacto en la sociedad, en donde son cada vez más asequibles, especialmente entre personas jóvenes. 

Una de las características principales de ser expuesto al bullying es presentar mucha tristeza e inestabilidad emocional. También, los niños expuestos a este tipo de estrés social presentan menos autoestima, energía, vitalidad, bienestar psicológico y limitaciones en actividades físicas, en comparación a sus pares no afectados. Por ende, es importante identificar cuanto antes este tipo de conducta entre los alumnos, para evitar el posible desarrollo de enfermedades psiquiátricas en el futuro, como la depresión.

Las redes sociales han generado un impacto positivo en la vida de las personas, ya que es más fácil poder conocer gente de la misma onda que uno, pero no todo es de color rosa. Estas aplicaciones también pueden generar un ambiente de inestabilidad emocional e inseguridades, ya que constantemente muchas personas pueden observar lo que hacemos, y nosotros lo que hacen ellas. El mundo virtual se caracteriza por ser superficial, en donde se muestra sólo una cara de la moneda: cuerpos esbeltos, caras bonitas, muchos lujos y dinero, básicamente una vida “feliz y perfecta”. Además, abundan los ojos juzgadores: personas que se mantienen en el anonimato, comentando y criticando a los demás y generando así un ambiente hostil. Se ha observado violencia contra otras personas, especialmente en jóvenes, que se mantiene durante todo el día, permitiendo que la violencia se normalice. Esto también es observable en las salas de clases, en donde el aumento del bullying es cada vez más notorio, sugiriendo que la violencia escolar es el espejo de la violencia social. 

Pero ¿qué es el bullying? El bullying es una conducta agresiva repetitiva y una importante causa de estrés social, que busca dañar o incomodar a otra persona y se basa en un desbalance de poder con consecuencias psicológicas y sociales negativas para la vida del individuo. En Chile, en tan sólo dos años, la prevalencia de esta conducta aumentó de un 11% a un 14.5%, lo cual es bastante alarmante. Últimamente, se ha estado comentando que el bullying va en aumento, pero esta afirmación no es del todo cierta. Esta conducta ha existido durante muchos años en nuestra sociedad. Lo que sí, es que el aumento del uso de las redes sociales ha permitido que esta conducta se haga más visible. Este nuevo tipo de bullying, el cual es llamado cyber-bullying, es el mismo tipo de conducta agresiva y repetitiva, sólo que la conexión constante a internet hace más difícil escapar de ella.

Estrés del tipo social

Una de las características principales de ser expuesto al bullying es presentar mucha tristeza e inestabilidad emocional. También, los niños expuestos a este tipo de estrés social presentan menos autoestima, energía, vitalidad, bienestar psicológico y limitaciones en actividades físicas, en comparación a sus pares no afectados. Por ende, es importante identificar cuanto antes este tipo de conducta entre los alumnos, para evitar el posible desarrollo de enfermedades psiquiátricas en el futuro, como la depresión.

La depresión es una enfermedad crónica e invalidante, en donde los años productivos de vida en un individuo se reducen drásticamente, especialmente en mujeres. Según el DSM-V (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders Fifth Edition), los síntomas de esta enfermedad son variados, siendo los principales, la anhedonia (falta de sentir placer) y el ánimo bajo. Los síntomas secundarios son los trastornos del sueño (insomnio o hipersomnia) o del apetito, el aislamiento social, sentimientos de culpabilidad y  pensamientos recurrentes sobre la muerte y el suicidio. Además, 1 de cada 10 personas padecen esta enfermedad en el mundo, pudiendo hasta duplicar esta cifra. En Chile, los trastornos depresivos afectan a un 7,5% de la población general. Cada vez más personas la padecen, siendo en mayor número las mujeres, mientras que los niveles de suicidio son más altos en hombres. Lo más alarmante es que esta conducta autodestructiva es una de las 5 causas más comunes de muerte en personas entre 15 a 19 años.  

Es por estas razones que se hace necesario el estudio de esta conducta (bullying), ya que, al ser una situación de estrés, es un posible desencadenante para enfermedades psiquiátricas, como la depresión. Debido a esto, varios grupos de científicos se han dedicado a entender las bases neurobiológicas de esta enfermedad y sus posibles causas, como es el caso del bullying. Para ello, se han utilizado modelos animales para poder estudiar las consecuencias de este tipo de conducta negativa sobre el funcionamiento del cerebro y la conducta, en donde se generan protocolos que asemejan al maltrato físico, es decir, un estrés del tipo social. 

La familia como apoyo fundamental

El bullying es un claro ejemplo de estrés social, en donde existe uno o varios agresores que atacan a un individuo más débil. Este tipo de subordinación también puede ser observado en el laboratorio en ratones de la misma cepa (C57BL6), entre los cuales existe cierta jerarquía social, siendo unos más dominantes que otros. En el estudio realizado por el equipo de científicos a cargo de Man Li, utilizaron otro tipo de exposición de subordinación, en donde se usó una cepa distinta de ratones (CD-1), conocida por ser de tipo agresivo y dominante. El protocolo consistía en exponer a un ratón C57BL6 (no agresivo) a uno CD-1 (agresivo), en donde ocurría el “bullying” físico y psicológico. Este tipo de estrés, utilizado para estudiar enfermedades psiquiátricas en animales, se asemeja mucho al estrés que sufren los humanos en el colegio, en el trabajo o en la vida cotidiana. Pero este equipo de científicos modificó un poco este protocolo conocido entre neurocientíficos, de forma que además del ratón no-agresivo expuesto al bullying, existía un ratón hermano de éste que podía observar lo que le sucedía. Por ende, se tenían dos tipos de estrés: un estrés físico (ratón no-agresivo versus el ratón agresivo) y un estrés emocional por parte del hermano que observaba lo que le pasaba al otro ratón. Por otro lado, también estudiaron si la exposición a sus pares podía ser beneficiosa para el animal que sufrió bullying. En ese caso, algunos de los ratones no agresivos utilizados fueron colocados luego del protocolo en la misma jaula que sus hermanos, mientras que a otro grupo de ratones no agresivos se los colocó solos en una jaula.

Para el caso de los ratones expuestos al estrés social, se observó que los efectos negativos del bullying en los animales colocados con sus hermanos eran menores que en los ratones que fueron colocados solos. Esto sugiere que la compañía de sus familiares puede hacer más llevadera una situación de este estilo. Además, determinaron otros efectos de este tipo de bullying, en donde los ratones expuestos al ratón agresivo presentaban una baja de peso notable en comparación con animales que nunca fueron expuestos al estrés y con los hermanos que observaban el maltrato. Este efecto también se ha observado en humanos, en donde personas que padecen depresión presentan cambios en su peso. También descubrieron que los ratones no-agresivos expuestos al estrés social y que fueron colocados solos en sus cajas respectivas presentaron menos sociabilidad con otros ratones que los ratones que fueron colocados en cajas con sus hermanos, que no fueron expuestos a esta mala experiencia. En el caso de los humanos, al no exponerse a otras personas, la conducta de aislamiento aumenta, la cual es un síntoma de esta enfermedad. Esto indica que el bullying o estrés social afecta a varios ámbitos en el bienestar del individuo, en donde se determinan cambios en el peso y en la sociabilidad, los cuales son parte de los síntomas de la depresión. Como se mencionó anteriormente, quizás la compañía de la familia pueda ayudar en estos casos al tener un lugar al cual acudir y en donde sentirse cómodo y tranquilo.

Por otra parte, en el caso de los ratones hermanos que observaron el bullying de sus pares, se observaron igualmente resultados interesantes. También se observaron bajas en el peso de estos animales en comparación a animales nunca expuestos al estrés. Pero, a diferencia de sus hermanos estresados, éstos no presentaron una disminución en la sociabilidad. Por ende, se puede decir que los ratones que observan el estrés no presentan mayores cambios en su bienestar, además de las bajas de peso. Esto puede sugerir que los animales presentan algún grado de empatía frente a sus compañeros estresados. Esto también se relaciona a la vida escolar, donde muchas personas pueden observar como a un niño le hacen bullying, sintiéndose mal por la situación, pero sin intervenir. En el caso de los ratones ocurrió lo mismo, ya que los ratones que observaban nunca podían intervenir en el momento de la agresión a su hermano. Por ende, ambas características observadas en el estudio se asemejan a la vida de una persona que sufre bullying, siendo el estudio en ratones un modelo aceptable para el estudio de estas conductas y cómo podrían afectar el funcionamiento del cerebro. 

Finalmente, se puede concluir que este y varios estudios más sobre el tema, facilitan generar un modelo animal que permita el estudio de una enfermedad (depresión) generada por una conducta humana, como el bullying. Además, nos dan acceso a mucha información sobre ambos temas, para así algún día generar una cura o un tratamiento efectivo para los pacientes que padecen esta enfermedad, varios de ellos, a causa del bullying.

Texto del convenio con el Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso (CINV)

Artículo original: 

https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyt.2018.00688/full

Otras fuentes utilizadas:

https://www.minsal.cl/portal/url/item/7222754637c08646e04001011f014e64.pdf

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6176119/

https://www.minsal.cl/portal/url/item/7222754637c08646e04001011f014e64.pdf

https://www.minsal.cl/sites/default/files/Programa_Nacional_Prevencion.pdf

https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-98872015000600004

http://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/2250/136104/adriana.pdf?sequence=1&isAllowed=y

 

 

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