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Libro analiza presidencialismo en Chile en el contexto del debate constitucional CULTURA

Libro analiza presidencialismo en Chile en el contexto del debate constitucional

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Marco Fajardo Caballero
Por : Marco Fajardo Caballero Periodista de ciencia, cultura y medio ambiente de El Mostrador
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Fruto de un esfuerzo colectivo de académicas y académicos nacionales y extranjeros, la obra discute las desventajas y potenciales problemas de funcionamiento del parlamentarismo y semipresidencialismo, pone en perspectiva histórica la naturaleza del presidencialismo y la disminución del poder presidencial en Chile, reanaliza la relación entre partidos políticos y presidentes en tiempos normales y excepcionales en el Chile post-Pinochet, y cuestiona nociones como el supuesto incontrarrestable poder del presidente en Chile, denominado incorrectamente por algunos como “hiperpresidencialismo”. «Parte de la premisa de que los problemas que ha arrastrado Chile no son causados por el presidencialismo y, si bien este puede requerir mejoras, dichos problemas no desaparecerán si se instala otro tipo de forma de gobierno, ya fuera un modelo parlamentario o semipresidencial, u otro híbrido», dice su editor, Christopher Martínez.


Un libro sobre el tema del presidencialismo en Chile, coordinado por el académico Christopher Martínez de la Universidad Católica de Temuco, ha publicado la editorial Fondo de Cultura Económica.

Se trata de «Presidencialismo. Reflexiones para el debate constitucional en Chile», que incluye artículos de varios politólogos nacionales y extranjeros.

«El principal objetivo del libro era ofrecer una reflexión sobre la discusión en torno al régimen político que fuera accesible no solo para la academia, sino para el público general interesado en política y en la discusión constitucional», explica Martínez.

Contexto

El contexto del libro es el plebiscito que celebró Chile en octubre de 2020, en el cual decidió comenzar un proceso de cambio constitucional inédito en la historia del país.

«Uno de los temas que ha atraído tanto la atención intelectual como la de los medios es el del régimen político. Esto es, si Chile necesita reformar o deshacerse de su sistema presidencial. Para entender la importancia y el alcance de los posibles cambios al régimen político, se hace necesario un análisis conciso y de fácil comprensión sobre temas fundamentales asociados al presidencialismo en Chile y América Latina», señala la reseña de este libro.

Fruto de un esfuerzo colectivo de académicas y académicos nacionales y extranjeros, este libro discute las desventajas y potenciales problemas de funcionamiento del parlamentarismo y semipresidencialismo, pone en perspectiva histórica la naturaleza del presidencialismo y la disminución del poder presidencial en Chile, reanaliza la relación entre partidos políticos y presidentes en tiempos normales y excepcionales en el Chile post-Pinochet, y cuestiona nociones como el supuesto incontrarrestable poder del presidente en Chile, denominado incorrectamente por algunos como “hiperpresidencialismo”.

Además, con un enfoque comparado, el libro trae una perspectiva fresca sobre la función de la vicepresidencia en el presidencialismo, el uso del impeachment en los sistemas presidenciales, el funcionamiento del Senado, la ambición de gobernar más que de administrar que han demostrado los presidentes interinos, y la reelección presidencial.

Descentralizar el debate

Martínez señala que el libro es, en esencia, un esfuerzo por descentralizar el debate de la academia tradicional, ubicada principalmente en Santiago.

«De hecho, no es casualidad que el libro sea una iniciativa nacida en Temuco pues somos varios los politólogos de la UC Temuco que, precisamente, hacemos investigación –desde diferentes perspectivas– sobre poder ejecutivo y presidencialismo en Chile y América Latina», destaca.

La idea del libro la comenzó a desarrollar a mediados de agosto de 2021, luego de meses de participación en webinars, charlas y aparición en medios escritos, en los cuales había apoyado la idea de reformar el presidencialismo en lugar de promover su reemplazo.

«Si bien había un respetable número de entrevistas y columnas de opinión que llamaban a reconsiderar las críticas al presidencialismo, obviamente no había una sistematización de esta discusión. Además, en el debate observé propuestas que primordialmente hablaban de los supuestos beneficios de importar una forma de gobierno del extranjero, obviando sus desventajas».

El libro buscaba, entonces, articular la posición más “pro presidencialista”, si se le quiere llamar así, y desplegar una crítica a las propuestas parlamentaristas y semipresidencialistas.

Más accesible

Con eso en mente, el objetivo fue escribir capítulos en un estilo más accesible y que no fueran innecesariamente complejos.

«Naturalmente, el libro parte de la premisa de que los problemas que ha arrastrado Chile no son causados por el presidencialismo y, si bien este puede requerir mejoras, dichos problemas no desaparecerán si se instala otro tipo de forma de gobierno, ya fuera un modelo parlamentario o semipresidencial, u otro híbrido», dice.

En ese sentido, los autores apuntan a desmitificar varias nociones acerca de las supuestas ventajas del parlamentarismo y semipresidencialismo sobre el presidencialismo en base a datos e investigaciones comparadas de ciencia política sobre el tema, y también analizar en mayor detalle algunas áreas del presidencialismo chileno (por ejemplo, la evolución de este desde el siglo XIX y el funcionamiento de los gobiernos post-Pinochet) y, con ello, tener una visión más amplia de nuestro sistema político.

También abordar algunos temas clave del presidencialismo latinoamericano, tales como vicepresidencia, juicio político, reelección presidencial y gobiernos interinos, y, en base a lo anterior, equilibrar la discusión pública que se había centrado desproporcionadamente en los pecados y fallas, muchas de ellas injustificadas o derechamente equivocadas, del presidencialismo chileno.

Desafíos

El principal desafío fue romper el “techo de cristal” («que no es tan invisible a esta altura, la verdad») sobre la participación de académicos y académicas de universidades regionales en los debates nacionales, señala Martínez.

«Afortunadamente, hemos construido un sólido equipo de ciencia política en la UC Temuco y hemos desarrollado lazos de cooperación con colegas de instituciones de Concepción, Santiago y fuera del país. Así y todo, la dificultad de comunicar nuestros hallazgos, investigaciones y propuestas a quienes toman decisiones persiste».

«Debo felizmente reconocer que la prensa, especialmente en el último tiempo, sí ha tomado en consideración nuestras posturas –la mayoría de ellas plasmadas en el libro–, lo cual sin duda ha enriquecido el debate y el trabajo de la Comisión de Sistema Político, Gobierno, Poder Legislativo y Sistema Electoral», celebra.

Ventajas del presidencialismo

Los autores afirman que son varias las ventajas del presidencialismo chileno.

«La principal ventaja es que la gente sabe a quién responsabilizar por los buenos o malos momentos que vive el país: el presidente. No por nada la elección del primer mandatario es la que históricamente ha concitado mayor interés de la ciudadanía», comenta Martínez.

Agrega que, asimismo, los gobiernos presidenciales son más estables y duraderos que los gobiernos en sistemas parlamentarios y semipresidenciales.

«Estos últimos duran aproximadamente la mitad de lo que duran los gobiernos presidenciales. Eso quiere decir que, en el presidencialismo, se entrega más proyección en el tiempo al gobierno, lo cual facilita que no solo pueda conseguir la aprobación de políticas públicas afines a su programa, sino que pueda supervisar de mejor manera su implementación».

El editor destaca que otro elemento es que, a diferencia de los gobiernos parlamentarios, los cuales pasan un tiempo considerable sin gobiernos en pleno ejercicio -solo se limitan a administrar el país, pero no pueden tomar decisiones importantes-, en el excepcional escenario que deba asumir un presidente interino en el presidencialismo, este probablemente gobernará de una manera similar a como lo hace un presidente popularmente electo.

«Esto es así porque los presidentes interinos poseen las mismas atribuciones que un presidente elegido por la ciudadanía. En el capítulo diez, con Tito Olavarría Azócar, analizamos precisamente cómo han gobernado algunos presidentes interinos en América Latina en las últimas cuatro décadas».

Para Martínez, además, al tener un Congreso que se ha ido fortaleciendo (institucionalizado) con los años, el presidente no ha podido imponer su voluntad, sino que ha debido negociar con los diferentes actores dentro de su propio sector y con la oposición.

«En ese sentido, el sistema político promueve un apropiado sistema de frenos y contrapesos, algo esencial en toda democracia. Es decir, según lo que se aborda en el libro, el presidente no impone su voluntad sobre los demás actores, sino que debe persuadirlos y dialogar con ellos para poder avanzar su agenda», subraya.

En cuanto a sus desventajas, el editor destaca que existe un ligero pero importante desalineamiento que se produce al celebrar simultáneamente la elección presidencial con las elecciones legislativas. Eso puede llevar a que las personas emitan un voto cruzado (por ejemplo, votar por un presidente de izquierda, pero apoyar a candidaturas de derecha para el Congreso).

«Otra debilidad del presidencialismo actual es que el presidente puede abusar de las urgencias que aplica a los proyectos de ley, y que tiene iniciativa legislativa exclusiva en más áreas que las estrictamente necesarias. Y, finalmente, mencionaría que la conducción política a manos del ejecutivo se centralizaría –quizás demasiado– en una sola persona al no existir una vicepresidencia, cargo con el cual podría dividirse algunas funciones».

Presidencialismo y estallido

En la conclusión del libro, Martínez además sostiene que la forma de gobierno (presidencialismo) en Chile no tuvo relación con el estallido social.

«Primero, no hay evidencia de que exista una conexión entre la forma de gobierno de Chile y las causas del estallido social. Segundo, centrarse –injustificadamente– en el presidencialismo sugiere ignorar el peso de otros factores que sí están directamente relacionados con el malestar ciudadano generalizado que se expresó a finales de 2019», dice.

Entre ellos, «encontramos la histórica desigualdad del ingreso y riqueza, la percepción de impunidad -muy pocos políticos y poderosos van a la cárcel-, abusos -como las colusiones-, distanciamiento de los partidos políticos de la ciudadanía, y la resistencia de algunos sectores a aprobar reformas importantes, resistencia que se veía facilitada por los altos requisitos para modificar ciertas normativas».

El supuesto poder del presidente

Asimismo, el libro aborda lo que califica demito sobre el supuesto poder del presidente en Chile.

«Lo veo así porque cuando se habla de que el presidente chileno es casi todopoderoso -no olvidar que a nuestra forma de gobierno a veces se le caricaturiza como dictadura presidencial o presidencialismo autoritario-, se hace referencia a las atribuciones que le entrega la Constitución. Dichas atribuciones son solo una fuente del poder presidencial», analiza.

«Sin embargo, el poder es en esencia relacional, es decir, para saber si un actor es realmente poderoso se debe comparar sus capacidades y recursos con los que poseen otros actores del sistema».

El capítulo 6 del libro provee datos históricos sobre cómo otros actores políticos en Chile han limitado significativamente la influencia del presidente en la política nacional.

«De hecho, el poder del presidente chileno se encuentra mucho más limitado que en el promedio de los países latinoamericanos. Además, el poder del presidente chileno no ha aumentado en las últimas décadas, según datos de varias fuentes. Es decir, en la práctica -en la realidad y no en el papel-, el presidente en Chile ha visto su influencia significativamente condicionada por el Congreso, los tribunales de justicia, y los partidos políticos».

«Si el presidente fuera realmente tan poderoso como algunos sostienen, ¿por qué el presidente electo Gabriel Boric ha invertido tanto tiempo y energía negociando con los partidos de su sector para formar su gabinete? Lo hace porque sabe que necesita de ellos y que el éxito de su gobierno depende de la buena relación que él pueda lograr con su coalición y con el Congreso. Esas negociaciones, esa búsqueda de apoyos y consensos entre el presidente y los partidos políticos es lo que más ha caracterizado a la política chilena en el último tiempo; no el mal llamado hiperpresidencialismo», remata.

Propuestas

En las conclusiones del libro, Martínez además detalla posibles reformas a analizar, a la luz de los problemas de la forma de gobierno existente hasta ahora en Chile.

El editor cita una idea de Sebastián Soto Velasco, Arturo Fontaine y Gabriel Negretto, entre otros, para mover la elección parlamentaria a la segunda vuelta presidencial permitiría que la ciudadanía vote en mayor medida por parlamentarios que pertenezcan al partido o coalición del candidato a la presidencia de su preferencia.

«Esto evitaría que el voto para la elección parlamentaria se fragmente entre los partidos y pactos que apoyan a las numerosas candidaturas presidenciales en primera vuelta», escribe.

Otra reforma que para el editor equilibraría la relación entre Ejecutivo y el Congreso  es la reducción de la facultad presidencial para establecer urgencias a los proyectos de ley.

Adicionalmente, el académico propone considerar permitir la compatibilidad de los cargos de ministros y parlamentarios. Esto ayudaría a coordinar de mejor manera las acciones del Ejecutivo en el Congreso.

En el libro además se evalúa un periodo de gobierno de cuatro años con la posibilidad de reelección inmediata por una sola vez. Esto facilitaría la formulación e implementación de proyectos de gobierno de largo plazo, pero entregando al electorado la capacidad de decidir si desea que la administración incumbente continúe por otro periodo.

«Ciertamente, un potencial cambio de régimen político tendrá efectos cuyas magnitudes y consecuencias son difíciles de predecir, incluso imaginar. Quizás se cree que el cambio de la Constitución de 1980 solo será simbólicamente apreciable si se reemplaza el presidencialismo», escribe Martínez.

«En ese sentido, la legitimidad de la nueva Constitución quedaría atada al nuevo régimen político. Esto quiere decir que si el nuevo régimen político tiene un desempeño insatisfactorio o conduce a serias dificultades para formar gobiernos efectivos que traigan los cambios que la gente anhela, no solo se estaría cuestionando el nuevo régimen político, sino también la Constitución que le dio nacimiento. Con ello, se pondría en entredicho la nueva forma de gobierno, sea parlamentaria o semipresidencial, y, peor aun, se podría cuestionar la legitimidad de la única Constitución que en la historia de Chile ha tenido un espíritu ciudadano, popular», concluye en el libro.

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