Publicidad
Añorando a Cormac McCarthy CULTURA|OPINIÓN

Añorando a Cormac McCarthy

Publicidad
Pablo Bravo
Por : Pablo Bravo Periodista y escritor.
Ver Más

Próximamente se cumplirá el primer aniversario del fallecimiento de Cormac McCarthy, un autor que dejó una huella demasiado profunda, demasiado consistente y que, por lo mismo, no es posible dejar de añorarlo.


Nunca he comprado un libro de Cormac McCarthy, todas las novelas suyas que he leído han sido regalos que, con gusto y aprecio, he recibido. Y mi agradecimiento no ha sido menor, pues el escritor ha sido reconocido como uno de los más grandes del último siglo. Sin ir más lejos, el crítico Harold Bloom lo ha considerado como uno de los cuatro mayores novelistas norteamericanos de su tiempo, junto con Thomas Pynchon, Don DeLillo y Philip Roth.

El primer libro que leí de Cormac McCarthy fue “La Carretera” (2006), regalado para un cumpleaños mío por un viejo amigo de esos que nunca fallan, quien me advirtió: este libro marcará una época. Se trata de una novela tenebrosa y desoladora ambientada en un mundo postapocalíptico: ha ocurrido una catástrofe, no sabemos por qué se ha producido, pero ha terminado con la mayor parte de la vida en la tierra, no hay más que desiertos y esqueletos de ciudades cubiertas bajo una lluvia continua de cenizas.

La luz apenas es perceptible y el frío es omnipotente. La historia nos narra el entrañable viaje de un padre y su hijo por una inacabable carretera en búsqueda de alimento. Los pocos seres humanos que han sobrevivido se han vuelto salvajes y recurren al canibalismo para mantenerse con vida. La relación entre el padre y su hijo es lo último que queda de humanidad en ese mundo devastado.

Sinceramente, hay lagunas en mi memoria con respecto a la lectura de “No es país para viejos” (2005). Esto se debió a una feliz deformación que me tocó experimentar: la adaptación cinematográfica de los hermanos Joel y Ethan Coen (2007) era para volarle la cabeza a cualquiera. Recibió cuatro premios Oscar, dos BAFTA y dos Globos de Oro.

Tema aparte fue la actuación de Javier Bardem, encarnando a un asesino indescifrable y despiadado que utiliza como singular arma un tubo con un compresor que lanza tuercas. Hace cuatro años Business Insider publicó un estudio realizado por un grupo de psiquiatras forenses que, tras revisar 400 películas con asesinos, concluyeron que la interpretación de Bardem era el retrato clínicamente más preciso de un psicópata.

Si bien es muy anterior, a “Meridiano de Sangre” (1985), llegué muy posteriormente, hace unos tres años (alguien muy bien intencionado me regaló, esta vez, un libro de segunda mano). Escrita en clave western, describe un ambiente en extremo violento entre las fronteras de Estados Unidos y México a mediados del siglo XIX.

La novela cuenta la historia de un joven fugitivo (nunca sabemos su nombre) que se une a una banda de mercenarios contratada por el gobernador de Chihuahua para masacrar indígenas. El líder de facto, el juez Holden, es un ser violento y cruel que viola y asesina indiscriminadamente niños de ambos sexos. El panorama cambia radicalmente cuando los mercenarios dejan de asesinar indios y comienzan a exterminar a los propios mexicanos que les han pagado. “Meridiano de Sangre” es una novela magistral que todos deberían leer.

Cormac McCarthy guardó un riguroso silencio literario de 16 años antes de publicar su última obra, con la que se despidió a lo grande.

En realidad se trató de dos novelas publicadas con solo seis semanas de diferencia, y que en Chile y otros países se editó como un solo volumen: “El Pasajero / Stella Maris” (2022). Por cierto, este libro también fue un regalo que alguien me dio para mi cumpleaños: estoy orgulloso de su inteligencia, de su belleza, de su creatividad, de su energía, y de su optimismo con la vida y, por supuesto, le agradezco la inolvidable dedicatoria que me escribió y que tanto me motivó a leer este extensísimo libro.

“El Pasajero” y “Stella Maris” son dos novelas independientes en lo formal, pero unidas por sus tramas gemelas. La primera aborda la historia de Bobby Western, un ser atormentado por las contribuciones de su padre al desarrollo de la bomba atómica, y que vive gracias a su oficio de buceador profesional que realiza rescates y repara objetos en aguas peligrosas por encargo de oscuros empleadores. Esta narración es entremezclada con los relatos de un tal Chico Talidomida, una voz de origen esquizofrénica que deambulará durante toda su vida por la mente de Alicia Western, la hermana menor de Bobby.

La confluencia de estas historias solo adquiere pleno sentido cuando uno llega a Stella Maris y comprende a cabalidad el amor incestuoso entre ambos hermanos. En la segunda novela se nos permite acceder a las sesiones psiquiátricas de Alicia, una matemática hermosa y genial que ha caído en desgracia. Cronológicamente, “Stella Maris” ocurre una década antes de “El Pasajero”, y es en esta narración donde sabemos que Alicia se ha suicidado y que su fantasma atormentará el resto de la vida de Bobby Western.

Próximamente se cumplirá el primer aniversario del fallecimiento de Cormac McCarthy, un autor que dejó una huella demasiado profunda, demasiado consistente y que, por lo mismo, no es posible dejar de añorarlo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Publicidad

Tendencias