Publicidad
¿Y la voz de los que no son voztros? CULTURA|OPINIÓN

¿Y la voz de los que no son voztros?

La obra es muy entretenida y es innovadora, por cuanto recrean en vivo cómo se gestan los doblajes a las películas, usando escenas del cine de estos últimas tres décadas, reconocibles para todos.


En “Voztros” el dramaturgo y actor Ramón Llao, logra la receta, entrega risas, educa y emociona. La obra es la oportunidad perfecta para sintonizar con las voces del doblaje de nuestras películas favoritas y cómo ello encierra un oficio desconocido para la mayoría.

En esta faena, donde actúan Loreto Aray, Matías Oviedo, Doris Cuevas, Edinson Díaz y el mismo Llao, podemos conocer un día de trabajo en una productora, donde se realiza doblaje al castellano de filmes hechos en inglés.

El motor de la productora es Edinson, mago de las perillas y tecnologías fundamentales para que los actores, frente a pantallas y micrófonos, consolas y atriles, logren coordinar su actuación con las de Forrest Gump, Harvey Keitel o con las lágrimas de complicidad entre Thelma y Louis. Su ironía y rol bufonesco son claves para los personajes, sin él no se superan miedos, debuts, deudas, y mil controversias.

Edinson es un coro griego y nos explica mirando a cámara, cómo son los escondrijos y vicisitudes de esta disciplina, el duro financiamiento, pero siempre en el optimismo frente a la adversidad. Por el estudio donde realiza mil labores, desfila la actriz primeriza, la consagrada coqueta y el galán siempre metido en mil acrobacias, también el empresario intimidante.

La obra es muy entretenida y es innovadora, por cuanto recrean en vivo cómo se gestan los doblajes a las películas, usando escenas del cine de estos últimas tres décadas, reconocibles para todos.

Un voztro, nos explican, es ese actor sin rostro famoso, como su colega de teleseries o películas. Un o una voztro, entregan su arte para ser la palabra de cientos de actores o publicidades, series maratoneadas, animaciones, video juegos o documentales, que nos acompañan en esta vida de pantallas.

En Chile existe una importante oferta de servicios para el doblaje de películas y un sinfín de productos audiovisuales. La globalización ha generado una demanda constante de nuevos matices, alumnos, capacidades, en constante desafío tecnológico ante las plataformas digitales. El acento neutro, buscado como el oro en cada país, desea unificar la emoción en el mundo hispano parlante y en nuestro país posee un desempeño de alto estándar.

En la obra, entre broma y broma, conocemos técnicas como el lip-sync, para calzar los movimientos de labios, esa interpretación de lengua internacional y la correcta dicción. Me hizo recordar las producciones del Chile films de los 50, cuando en cada película nacional los actores declamaban en un neutro pulcro, envidiable.

“Se te entiende menos que tres chilenos en un taxi” decían en España en el año 2001, luego de ver la exitosa película nacional “Taxi para Tres”. Chile: Tenemos un problema serio de modulación y declamación, en el ciudadano, el aula, la sala y hasta en el arte.

Somos un país de voces ininteligibles y ya no sólo para el extranjero. La modulación en las calles y oficinas de nuestro país es preocupante. No es sólo culpa del modelo educacional público, pues los medios también educan o deforman. La radio y la TV le pasó el micrófono a cualquiera, y como consecuencia, se vino abajo la riqueza verbal. Primero cayó la TV, pues llegaron los amateurs, luego ésta empezó a invadir en los años noventa las radios y fueron desplazados los hombres/mujeres, que antes de acercarse a un micrófono tenían similar formación a los actores de doblaje.

Hace cuatro décadas y gran parte del siglo XX, los chilenos crecieron escuchando en los medios al locutor profesional, al actor forjado en las técnicas adecuadas, al relator deportivo no bufón, al conductor de espacios ducho en la improvisación ilustrada o en saber leer ante un micrófono.

Sin embargo, en los años noventa, la década del Rumpy, nos impusieron un lenguaje radial digno de la peor patota de la cana. El habla coloquial invadió tanto el ethos, que ahora no es posible recuperar el habla formal. En reuniones de trabajo en Chile se oyen aberraciones como “hubieron” y a cada rato. “Los límites de mi mundo, son los límites de mi lenguaje”, decía Wittgenstein.

Por eso voy al teatro, evito las teleseries nacionales, que no se pueden vender afuera por su pésima modulación y total susurro. Valoro mucho una película doblada al castellano, pues muchas actuaciones del voztro son superiores al actor original y permite centrarnos en los mil detalles del lenguaje cinematográfico.

En Chile ahora hablamos peor respecto a los años ochenta, cuando las primeras empresas nacionales empezaron a trabajar personajes de las teleseries brasileras.

Antes de ver esta obra, tenía una distancia con la palabra “voztro”, la sentía postmoderna, pues hace veinte años surgió cuando algún famosillo de la tv, invadía la radio gracias a la fama y los poderosos auspiciadores.

Cito al autor chileno Fidel Améstica quien a su vez lo hace con a Claudio Bunster: El lenguaje no crea realidad, pues EL LENGUAJE ES LA REALIDAD. Creamos lenguaje con lenguaje (1993 Ciencia y poesía). Entre los cero y los cinco años lo construimos desde el habla, como música, sin letras, sin partituras. Ese proceso es fundamental para crear el oro de la empatía, pero con las pantallitas y consolas hemos formado seres indiferentes al dolor ajeno.

Edinson y sus amigos en “Voztros”, son la última esperanza, sinónimo de amor por el lenguaje y la declamación, emoción en cada fricativo, técnica antes de hablar. Son, ante el micrófono, un antídoto al “hablo, luego pienso”.

Ficha técnica:

“Voztros”, Teatro Mori Bellavista. 19 abril a 1 de junio. Jueves a sábado 20.30 hrs.

 

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Publicidad

Tendencias