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Muestra de Matta en Viena: una experiencia casi mística CULTURA|OPINIÓN

Muestra de Matta en Viena: una experiencia casi mística

Incluye desde los primeros dibujos como estudiante de arquitectura con Le Corbusier a ediciones de grabados, dibujos a lápiz, y varios de los más grandes lienzos.


Visito Viena, con su increíble oferta de arte en museos y galerías, Belvedere con su completa colección de obras de Klimt, Egon Schiele y maestros impresionistas y sobre todo la Albertina que muestra la colección Batliner De Monet a Picasso, con joyas del arte impresionista, Klimt, Schiele, y movimientos de arte moderno y otra exhaustiva de Roy Liechtenstein, algunos trabajos de más de cuatro metros de alto, tan diferente de verlas impresas.

De tanto arte disponible, es difícil elegir qué visitar, cuando un amigo pintor me avisa: hay una exhibición de Matta en Viena. De inmediato me fui a la galería, en pleno centro, la pude ubicar gracias al enorme lienzo rojo: MATTA. No podía perderlo: en Chile hay escasos trabajos del maestro, apenas un par en grandes museos europeos. La última gran retrospectiva fue hace 30 años en el Pompidou.

Después de sufrir el atochamiento y conducta vulgar del público apelotonado sacando fotos, especialmente en Belvedere, fue una experiencia casi mística entrar en la hermosa y gigante galería Kunstforum, donde no había más de seis visitantes. Parecía una iglesia y entrar a cada espacio te produce un efecto, que a medida que progresas en el recorrido de su obra te deja marcado, incluso después de salir: Matta “modifica” al espectador. Matta no mata, da vida. La influencia de su obra no se limita a otros artistas: mirando “X Files” se puede ver cómo los grandes paisajes de sus mundos y naves están inspirados por sus grandes lienzos.

Desde el 24 de febrero al 2 de julio se realiza en la galería Kunstforum Wien, en Viena la retrospectiva más completa en Europa de trabajos del genial pintor chileno Roberto Matta.
 La galería Kunstforum es financiada y patrocinada por el Bank Austria, uno de los bancos más grande de Austria, parte del banco europeo Unicredit, que dice trata de fortalecer las comunidades en países que opera.

El banco ha montado una sección cultural sin escatimar gastos, que incluye la galería Kunstforum, en el centro de Viena, donde aparte de exposiciones realiza diversos programas culturales. 
La dirección del banco decidió entregar la planificación de estas actividades a Ingried Brugger, una brillante historiadora y teórica del arte que ha tenido total libertad para organizar exhibiciones y adquisiciones que han hecho de Kunstforum el centro cultural más importante de Austria.

La retrospectiva es completísima: incluye desde los primeros dibujo de Matta como estudiante de arquitectura con Le Corbusier a ediciones de grabados, dibujos a lápiz, y varios de los más grandes lienzos, usualmente sólo expuestos en museos o instituciones que los tienen, como el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, estudio para puesta en escena de La Flauta Mágica o el mural (Liga Naciones, Suiza), seleccionados y conseguidos en préstamo por la empeñosa directora. También se exhibe una serie de esculturas en bronce.
 Aparte de cuadros y dibujos se presenta una muy completa historia de su vida y documentos escritos por Matta, sin eludir sus claras opiniones políticas.

Matta, su historia

Hijo de familia “aristocrática”, de origen vasco-española, padre agricultor y madre aficionada al arte, Matta nació en 11 de noviembre 1911 (usaría la fecha 11/11/11 como elemento simbólico) , estudió en el elitario y afrancesado Colegio de los Sagrados Corazones.
 Allí Matta fue un estudiante brillante que recibió premios por diversas materias: desde aritmética, hasta historia medieval, dado que los SSCC que tenía programas electivos, como más tarde lo tuvieron liceos experimentales: ofrecía investigación en zoologia y ciencias, laboratorios, taxidermia y hasta un observatorio astronómico.

Matta tomó clases de dibujo al carboncillo, lápiz y tinta, por los que recibió un premio, fue este ambiente de fomento al saber que más tarde inspirará su arte. 
Después de graduarse en 1927, Matta comenzó sus estudios universitarios al año siguiente. Inquisitivo y comprometido desde el principio, estudió arquitectura en la Escuela de Bellas Artes de la UC, donde conoció a Luis Mitrovic Balbontín, que se convertiría en asistente de Gropius en la década de 1930, entonces pionero de la arquitectura moderna en Chile.

Cuando Matta recibió su título de licenciado en arquitectura en abril de 1935, pudo imaginar un futuro diferente. Y así a los veinticuatro años zarpó hacia Portugal a bordo de un barco mercante de vapor, donde conoció a Gabriela Mistral, que era cónsul chilena. Ella quiso ayudarlo y lo alojó tres meses en su casa. Él mismo cuenta que se enamoró de ella, incluso pidiendo su mano, lo que Gabriela rechazó, naturalmente.

De allí siguió a París, Matta experimentó una cierta soledad, recorrió calles y museos, hasta ser contratado por el taller de arquitectura Le Corbusier. Le fue asignado trabajar en la publicación del famoso libro del arquitecto, “La Ciudad Radiante: elementos de una doctrina de urbanismo a utilizar como base de nuestra civilización de la era de las máquinas”, que sería publicado en 1935.

Su trabajo en la agencia le resultó aburrido, y sólo se quedó unos meses, trabajar como arquitecto no fue interesante para él, no le emocionaba ni le interesaba la arquitectura funcional. Entonces cambió de inspiración con temas más populares y vernáculos, evitando cualquier cosa que podría recordarle la uniformidad, rectitud y estandarización de su educación religiosa y burguesa en Chile.

Durante las vacaciones de navidad en 1935 en Madrid, Matta se encuentra con los poetas Federico García Lorca y Rafael Alberti. El ambiente de revuelta en España fue su primera experiencia de compromiso político. 
Luego va a Finlandia y conoce a los arquitectos Alvar y Aino Aalto, quienes estaban cautivados con líneas curvas y materiales naturales, evitando el metal o cualquier material de aspecto frío o mineral. Le llamaron arquitectura orgánica, donde el objeto debía estar conectado armoniosamente con su entorno.

No hay duda que en estos encuentros nació el entusiasmo del joven Matta por arquitectura sensitiva, orgánica, fluida y modular, como escribió en un artículo publicado en la revista Minotaure en 1938 gracias a André Breton, que contradecía al principio de Le Corbusier, “donde Nace el orden, nace el bienestar”. 
En 1936 continuó su experiencia con los arquitectos Walter Gropius y Lazlo Moholy-Nagy, exiliados en Londres. Aquí tuvo la ocasión de otros encuentros claves: el escultor Henry Moore, o el fotógrafo y pintor Ronald Penrose y su amigo René Magritte, quien dijo que Matta era mucho más interesante que Miró.

El año siguiente estuvo a cargo de la construcción del pabellón de la República española para la Exposición Universal de París, donde conoció a Pablo Picasso, que estaba pintando Guernica, y también a Gordon Onslow-Ford, un inglés bohemio que estaba comenzando a pintar en París. Queriendo estimular al joven dibujante, animó a Matta a ir a conocer al pintor Salvador Dalí, gracias a una carta de recomendación de García Lorca (escrita en tinta verde), quien lo recibió entusiasmado.

Cuando regresó a París en 1937 leyó el artículo “Corazones voladores” sobre Duchamp en la revista Cahiers d’art, se dio cuenta que la pintura podía asumir una dimensión más allá a la que siempre había asignado y podía implicar nuevas complejidades. La lectura de este texto y el trabar conocimiento con Marcel Duchap al unirse al grupo surrealista le reforzó su decisión de renunciar a su carrera de arquitecto y partir a reunirse con Duchamp en Nueva York en el último buque francés que zarpó a Estados Unidos en junio de 1942.

Las primeras obras de Matta fueron dibujos abstractos con crayones producidos utilizando la práctica surrealista del automatismo. En estos dibujos, hizo referencia a patrones de crecimiento orgánico, vistas microscópicas de plantas y la geometría no euclidiana descrita por el matemático Jules Henri Poincaré. Matta pasó del dibujo a la pintura al óleo en 1938, mientras trabajaba en Bretaña con el artista británico Gordon Onslow Ford. 
Matta fue invitado a participar en la Exposition Internationale du Surréalisme de 1938 en París y la Exposición Internacional del Surrealismo en México en 1940.

En Nueva York, Matta hizo su primera exposición individual, que a la vez fue el primer contacto del público estadounidense con el surrealismo, lo que tuvo influencia en Jackson Pollock, Arshile Gorky, Mark Rothko, con quienes desarrollaría el expresionismo abstracto.
 Los trabajos de Matta sin embargo siempre conservaban elementos figurativos: figuras, paisajes, él los llamaba paisajes interiores (inscapes), “formas biomórficas en evolución que mutan y fluyen a través del lienzo”
.

El exilio en Nueva York los acercó más, ambos participaron en la exhibición First Papers of Surrealism and Art of the Century. Matta pintaba a menudo pintaba cuadros como tributo o diálogo con el trabajo de Duchamp. El magnífico cuadro Los Solteros, veinte años después (1944), ahora en el Museo de Arte de Philadelphia, es un ejemplo de ello donde el artista rinde homenaje a la gran alegoría del deseo frustrado con La Novia desnudada por sus Solteros.

Matta admiraba las exploraciones científicas y eróticas, añadiendo nuevas dimensiones a estos temas en esta composición explosiva con vapores nebulosos y pistones girando en una visión de caos primordial. 
Por razones no aclaradas, el movimiento surrealista lo expulsa mientras estaba en Estados Unidos.

Con el final de la guerra, Roberto Matta volvió definitivamente a Europa. Antes de fijar su residencia en Tarquinia, Italia, vivió por varios periodos en Roma y París, donde se enteró que había sido expulsado del grupo surrealista tras 10 años como miembro.

En la década de 1950, distanciado de los surrealistas y con un creciente interés por los acontecimientos políticos-sociales que marcaron el periodo de la posguerra, Matta desarrolló una visión personal que rompió con todas las vanguardias del momento: cargada de elementos figurativos pero sin recurrir al realismo social para expresar su preocupación. Así, su pintura adquiere un sentido narrativo que va de la crítica a la parodia para reflexionar sobre la sociedad moderna. Matta fue readmitido al grupo de los surrealistas en 1959.

El final del conflicto bélico se vio expresado en su trabajo como criaturas monstruosas, humanoides y desdibujadas que habitaron en su obra hasta el final de sus días. “El poder de crear alucinaciones es el poder de exaltar la existencia”, escribió Matta en una ocasión.
 Pero luego, cuando el Papa (Bretón) declaró el surrealismo terminado, quienes habían sido parte siguieron trabajando y formando nuevos movimientos plásticos, entre los que se destacan CoBrA (sigla de las ciudades Copenhague, Bruselas y Amsterdam) y Phases, ambas guiadas por el teórico, poeta y pintor Edouard Jaguer.

Roberto Matta demostró en diversas ocasiones su afinidad a un pensamiento político de izquierda, específicamente al socialismo. Durante la guerra civil española, estuvo a favor de la causa republicana. En 1967, viajó a su país natal, donde asistió a un homenaje que la Universidad de Chile hizo a Cuba.

En aquella visita, intentó convencer en vano al presidente Eduardo Frei Montalva de reanudar las relaciones con Cuba. Además de la Revolución Cubana, el artista apoyó el Mayo francés. ​
En 1970, regresó a Chile, luego del triunfo de Salvador Allende en las elecciones presidenciales. Según palabras del pintor: «Allende es ir más allá, e ir más allá significa la gloria».

Con el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, Matta se distanció definitivamente de Chile. En 1974, su pasaporte chileno fue anulado. La administración del Museo Nacional de Bellas Artes, afín a la dictadura militar, cambió el nombre a la «sala Matta», debido al pensamiento político del pintor. La obra de Matta también sufrió daños por parte de los militares. El mural “El primer gol del pueblo chileno”, que pintó en 1971 con la colaboración de la Brigada Ramona Parra, entre ellos el «Mono» González, fue cubierto por varias capas de pintura por orden del régimen.

Luego de la guerra Matta se fue a vivir a Italia, región de la costa del Tirreno, frente a Córcega donde permaneció hasta su muerte el 2002, con estadías temporales en Cuba, Chile y otros países.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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