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PAÍS

La crítica de Neftalí Carabantes al rol del Estado: "Mientras el país cruje y se desangra, nuestro Estado 'bien gracias'"

por 10 noviembre, 2019

La crítica de Neftalí Carabantes al rol del Estado:
Neftalí Carabantes, ex subsecretario de Carabineros y ex subsecretario de Bienes Nacionales conversó con El Mostrador sobre su visión respecto de las deficiencias que visualiza en el Estado para hacer frente a la presente crisis social que atraviesa el país. “Sin duda el modelo está en crisis, pero nuestro Estado tampoco está a la altura de los tiempos”, sostiene. Analiza críticamente la Agenda de Modernización del Estado y propone, una serie de medidas de corto plazo, como eliminar la Segegob, fusionar el Ministerio de Bienes Nacionales con el de Vivienda y Urbanismo, terminar con una gran cantidad de programas gubernamentales sin evaluación, abogando por un nuevo trato entre el Estado y la ciudadanía, donde ésta tenga una fuerte incidencia en la generación de políticas públicas. Al respecto el abogado afirma que “mientras el país cruje y se desangra, nuestro Estado “Bien gracias”, sin capacidad de escucha y de respuesta. Su reforma es inevitable.” Respecto del rol la sociedad civil en las políticas públicas, se pregunta “Alguien se ha puesto a pensar ¿qué tan distinta hubiese la historia, si en el Panel de fijación de Precios del Metro, la sociedad civil hubiese tenido un representante, opinando, como un verdadero cable a tierra?
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-Una semana antes de que estallara la crisis social, señaló al El Mercurio que había llegado minuto de eliminar el Ministerio Secretaria General de Gobierno.  ¿Por qué razón?

-Efectivamente, señalé que había llegado el minuto de eliminar el Ministerio Secretaria General de Gobierno, por la sencilla razón que es una medida que apunta a disminuir el gasto fiscal en áreas sin incidencia en lo social, y estoy seguro, que de ser promovida por el ejecutivo contará con el respaldo mayoritario de todo el espectro político. Ahora bien, a la luz de lo sucedido en el país, creo que esta medida, junto a otras, adquieren el carácter de prioritarias. Para que ello ocurra, bastaría con transformar la actual SECOM, en una oficina o secretaría, cuyo titular debiese ser el portavoz o vocero de gobierno con rango de ministro, pero ya no dependiendo de la SEGEGOB, sino de la Presidencia de la República. Es una medida que permite refocalizar recursos y además está en sintonía con la Agenda de Modernización del Estado.

-Pero la Segegob es el órgano estatal que vincula al Gobierno con la sociedad civil ¿o no?

-Su marco normativo señala que es en “teoría” el puente entre el aparato gubernamental y la sociedad civil, para retroalimentar la acción de gobierno con las demandas y opiniones de las personas.  Al respecto me pregunto ¿Alguien cree que esa tarea debe cumplirla el Ministerio encargado de la vocería del gobierno? o, a la luz de los hechos conocidos estas semanas (crisis social)  ¿Ha sido un puente de plata entre las organizaciones sociales y el Estado? Creo que no.

En la misma línea, llego a la conclusión que cae de maduro fusionar el Ministerio de Bienes Nacionales con el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, lo cual además traerá aparejado una serie de beneficios en la gestión, como resolver con mayor velocidad necesidades en vivienda, puesto que no será necesario que Bienes Nacionales transfiriera el dominio de inmuebles bajo su administración a los Servicios de Vivienda y Urbanización (SERVIU), en razón que ambos servicios pasarán a formar parte de un mismo ente estatal. Además, la fusión permitirá una mejor administración del territorio fiscal, que no olvidemos representa el 53% del total de la superficie nacional.

Otra medida acorde a los tiempos, y de fácil despacho es revisar la numerosa e inorgánica cantidad de programas gubernamentales alojados en ministerios y subsecretarias, sin indicadores, sin seguimiento y con asignación presupuestaria que, bien valdría la pena evaluar su continuidad, a efectos de no malgastar recursos de todos los chilenos y chilenas.  En este punto vale la pena reconocer el laborioso plan de auditoria que viene efectuando el Contralor Bermúdez, poniendo lupa sobre estos programas. En resumen, aquí hay tres medidas claras, con viento a favor para aprobarlas de un zuácate, que sinceramente no merecen seguir en modo espera, menos aún en tiempos de acción.

 -Pero la Agenda de Modernización del Estado ¿no contempla estas medidas?

-Solo de manera tangencial, en el sentido de apuntar a la eficiencia y modernización del aparato público, pero creo que debiese hacerse cargo de estas medidas y otras más. Hasta acá, uno podría interpretar que la agenda no ha pensado en innovar o modificar la actual estructura orgánica y funcional del Estado, basando su accionar en positivas e innovadoras medidas, pero a partir del Estado que tenemos.  Además, se debiesen sincerar y eliminar una serie de privilegios en sectores del aparato estatal, donde incluyo a los tres Poderes del Estado, profusamente difundidos, que no se avienen con los tiempos que corren y una sana convivencia nacional.

-¿A la luz de la crisis social que vive el país, ¿se requiere una nueva Agenda de Modernización del Estado?

-Tiendo a pensar que se necesita una actualización y un reenfoque de la agenda. Me explico. Considero estupendo que la actual agenda contemple una serie de modernizaciones con foco en la eficiencia y en lo digital, como Chile Atiende, Hospital Digital, revisión al sistema de notarios, reforma al Registro civil, agilización de trámites para emprendedores, podríamos seguir, sin duda avances maravillosos y en buena hora que existan, pero los hechos acaecidos durante las últimas dos semanas, nos están indicando que existe un Chile que lamentablemente no tiene acceso a los beneficios que la agenda plantea. Dicho de otro modo, tenemos un Estado que no se conecta, que no está linkeado con vastos sectores de la población; y por ende, creo necesario realizar una revisión profunda de su estructura a fin de detectar que sectores no logran conectar con los ciudadanos y sus necesidades.

Sin duda el modelo está en crisis, pero nuestro Estado tampoco está a la altura de los tiempos. Los hechos ocurridos en Chile también dan cuenta que la Agenda de Modernización del Estado se quedó corta, y que debe ir de la mano de la agenda social para llegar a todos los habitantes del país. Para que ello ocurra es imprescindible modernizar y transformar al Estado en un vehículo que canalice institucionalmente el sentir social. Una vez consensuada una nueva agenda, ministerio por ministerio, servicio por servicio, considero que nuestro Estado contará con más y mejores instrumentos para empatizar con la ciudadanía y, en consecuencia, mucho mejor preparado para afrontar episodios como los vividos.

-¿Qué tipo de Estado necesitamos?

-Desde luego, un Estado democrático y social de derecho, unitario, representativo, respetuoso de los Derechos Humanos, pero no basta con ello. Afortunadamente, existe una mirada mayoritaria y transversal que considera necesario avanzar hacia una nueva Constitución que consagre derechos de última generación y establezca a partir de un amplio consenso nacional un nuevo rol del Estado, así como, las normas y reglas de convivencia, es decir, un nuevo pacto político y social, que dibuje la forma en que se van a organizar los poderes y órganos del Estado, de cara y no de espadas a la ciudadanía.

Claro, porque el Estado bicentenario, post autoritario y subsidiario que hemos construido ha sido incapaz de salir de su burbuja, de establecer puentes y satisfacer las demandas sociales de las chilenas y chilenos; vale decir, necesitamos un Estado más protagonista, menos burocrático, sin duplicidades, con procedimientos más simples, con una arquitectura institucional amigable, con voluntad de escuchar, trabajar y sentarse a dialogar con la sociedad civil, movimientos y organizaciones sociales, especialmente aquellas con vocación pública, cuya fuerza y conexión con la ciudadanía las transforma hoy en día en verdaderos vehículos autónomos de participación social.

Dicho de otro modo, tenemos que darnos cuenta que el país cambió y por ende la forma que el Estado ha tenido de relacionarse con sus ciudadanos, también debe cambiar. La ciudadanía no solo tiene demandas, algunas históricas, sino que también está pidiendo a gritos un nuevo trato con el aparato estatal. No puede ser que, mientras el país cruje y se desangra, nuestro Estado “Bien gracias”, sin capacidad de escucha y de respuesta. Considero que su reforma es inevitable. Las medidas sociales a implementar son urgentes y determinantes, pero ellas necesitan un vehículo que las transporte al ciudadano común.

-¿De qué forma debe darse esta nueva relación Estado-Ciudadania?

La crisis que vive el país, también nos está indicando que tenemos que dejar de ver al Estado como la máquina del Leviatán, como esa esfera que comanda, decide y reprime, ese Estado decimonónico visto como una jerarquía superior, un ente de supremo poder, frente a organizaciones sociales y ciudadanos invisibles.

No hablo de eliminar o restar intensidad a la capacidad de coacción del Estado, sino de cambiar radicalmente la forma en que se relaciona el Estado con la ciudadanía. Hoy necesitamos un Estado más horizontal, cercano, que sea percibido como el “primer servidor público” y dejar de mirarlo como un “monstruo frio” que nos enfrenta. A estas alturas no es comprensible que el ciudadano en muchos servicios siga siendo el estafeta del Estado, caminando con papeles bajo el brazo, ventanilla por ventanilla, trámite por trámite. Eso debe cambiar.

Además, el cuadro se complejiza si agregamos la crisis de confianza en las instituciones y en la política que atraviesa a la mayoría de las democracias del mundo. Entonces volvemos al punto, que es muy necesario transformar y modernizar el Estado de forma continua, para intentar devolver la confianza de los ciudadanos en sus instituciones.

Por ello, estimo que necesitamos leer menos a Hobbes y la burocracia de Weber y revisitar más a Foucault y a Gramsci, claro, porque Foucault tenía razón al sostener que el poder no radica solo en el Estado, sino que viene de todas partes y Gramsci que el Estado era el aparato entero incluyendo a la sociedad civil y las instituciones privadas.

-¿Qué rol le corresponde a la sociedad civil en este nuevo Estado?

-Estimo que el Estado del siglo XXI debe poner foco en fortalecer la promoción social, pero con una batería de políticas públicas diseñadas desde su génesis con el aporte de la sociedad civil y no impuestas desde el olimpo, el oráculo o una tribuna de iluminados. Esto sin duda las dotará de mayor legitimidad al momento de su aplicación y luego, evaluación.

Alguien se ha puesto a pensar ¿qué tan distinta hubiese la historia, si en el Panel de fijación de Precios del Metro, la sociedad civil hubiese tenido un representante, opinando, como un verdadero cable a tierra?  A esto me refiero cuando señalo que, en la génesis y en la ejecución de las políticas públicas, la sociedad civil debe estar sentada en la mesa, más aún en aquellas políticas o servicios como el transporte público, que afectan diariamente la vida de millones de chilenos y chilenas. Es innegable que en materia de participación ciudadana hemos avanzando, pero aún queda mucho por andar, pues todavía hay sectores públicos y privados que no la contemplan. Y aquí no podemos mirar para el techo, porque la OCDE, hace rato viene insistiendo que, para alcanzar una cooperación eficaz para el “desarrollo”, las organizaciones de Sociedad Civil deben jugar un rol fundamental en promover enfoques basados en derechos, en la formación de políticas públicas y en monitorear su implementación.

Finalmente, soy un convencido que cualquier pacto social, y en particular, los avances que emerjan de esta difícil coyuntura, no debiesen responder a una foto del momento, son muchas fotos, una acumulación de momentos, años, de organizaciones, vidas humanas con propósitos, demandas y necesidades, que debemos  procesarlas y consensuarlas como sociedad; luego, nuestro Estado debe tener la debida capacidad de respuesta; y si no la tiene, debemos reformarlo para que la tenga y nos garantice mayores grados de gobernabilidad.

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