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El Coronavirus, los alcaldes y la construcción de una nueva hiperrealidad

por 25 abril, 2020

El Coronavirus, los alcaldes y la construcción de una nueva hiperrealidad
Mientras los medios convierten a Lavín en el candidato de la orquesta del Titanic, resucitan a Lagos, el Presidente Piñera -brazalete en ristre- anuncia que nuevamente estamos en guerra, su ministro de salud promete la inédita creación chilena de “un carné de inmunidad”, al tiempo que nos transformamos en el hazmerreír del mundo al extender nuestra mañosa manera de construir estadística tal cual como lo hemos hecho con los datos sobre medición de la pobreza y los quintiles, no contabilizando los muertos por coronavirus como infectados, los alcaldes, en especial algunos, siguen haciendo de las suyas.
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El Gobierno decretó el regreso físico de los empleados públicos a sus lugares de trabajo, comenzando “un viaje sin retorno” respecto de la propagación del virus, que hará colapsar el sistema de salud y nos pondrá cerca de Italia o España. El Ejecutivo, sin mucha dilación o reflexión, rápidamente se hizo eco de las palabras del  gerente general de la Cámara de Comercio de Santiago, Carlos Soublette, quien dijo, sin desparpajo que "no podemos matar toda la actividad económica por salvar las vidas, porque después vamos a estar lamentando que la gente se muera de hambre".

Sumando ese episodio, está una serie de impericias, desaguisados, salidas de libreto, a las que esta administración ya nos tiene acostumbrados y las que habrá que soportar hasta que pase la pandemia, en particular sin oposición y con medios de comunicación -salvo honrosas excepciones- convertidos a la usanza China o ex Unión Soviética, en distorsionadores de la realidad o creadores de una hiperrealidad (Baudrillard).

Pero La Moneda y el Ejecutivo no son los únicos que en tiempos de peste se han salido de libreto y han apostado por construir hiperrealidades. En un momento de extrema dificultad y tensión social, donde se espera que quienes nos dirigen sean sensatos, no pierdan la cordura y actúen con una madurez extrema, debido al propio descalabro gubernamental, hemos tenido más bien lo contrario: la insensatez, el afán por figurar a cualquier precio, cuando no, la tontera sin adjetivo. Varios alcaldes del país, han estado más bien en esa trinchera, la de la estupidez.nNo necesitamos matinales ni realitys: los alcaldes son muchos más originales.

Y más allá de la seducción por las cámaras, por aparecer haciendo algo en torno a la pandemia, en especial en un año donde seguramente casi todos ellos irán a la reelección, uno se pregunta ¿qué más los motiva a estar empeñados en dar el espectáculo que están ofreciendo? Un amigo me señala que, también detrás de todo ellos está la compulsión freudiana del control total, en especial cuando ello ocurre en una actividad, la política, donde las personalidades anormales son la regla y en un tiempo (la pandemia y el confinamiento poblacional), que hacen que no pocos de estos protagonistas sueñen, como ayer lo hizo Hitler o Stalin, con el delirio del control total.

El edil de de Santa Cruz, es, por decir lo menos, un personaje bastante peculiar y especial, que ya tiene varias performances a su haber que incluyen peleas con funcionarios en una fiesta del Día del Trabajador Municipal, el lloriqueo cuando no lo dejaron entrar a una reunión con Michelle Bachelet en tiempos de los incendios forestales en la región, cuyo corolario fue decir que la Presidenta no tenía “cojones” y de “no emplear la ayuda internacional” que, por supuesto, "él mismo había conseguido”.

Las últimas dos son de antología y para ponerlas en el récord de Guiness: el domingo 12 de abril utilizando una avioneta Air Tractor, con una capacidad de más de 1500 litros, ordenó fumigar toda la comuna como si sus habitantes fuesen árboles frutales. En la web del municipio se anunció que “Santa Cruz, realizó inédita sanitización aérea para seguir combatiendo el Coronavirus”.

Recientemente inauguró otra que lo hizo, nuevamente, superarse a sí mismo. Cada cierta cantidad de minutos hace sonar las sirenas y bocinas del municipio en distintos puntos de la comuna – Plaza de Armas, costado gimnasio techado y próximo al terminal- como si se tratara del paso previo a un bombardeo tras lo cual se escucha el megáfono “por favor no salir de sus casas o regresen a ellas”. Muchos vecinos de la comuna ya están al borde del colapso con dicha situación y le tienen más pánico al bocineo permanente de su edil que al Coronavirus. El actual concejal y candidato a la alcaldía, Carlos Cisternas, manifestó que “aquí, hay un tema psicológico, se está asustando a la gente, con ese tipo de llamados”.

William Arévalo, otro personaje de comedia famoso en Chile, siempre es capaz de superarse a sí mismo. Pero no es el único y forma parte de una escuela que empezó ya hace mucho tiempo con el alcalde de “La Pérgola de las Flores” y que la tecnología del poder la perfeccionó, nada más y nada menos, que el mismísimo Joaquín Lavín. Nace una estrella.

Cuenta la leyenda que, el candidato de la orquesta del Titanic, cuando era editor del emblemático Economía y Negocios, regalón de Don Agustín, vivió una incómoda situación en ese influyente suplemento. Se relata que, en mayo de 1989 la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF) determinó intervenir el Banco Nacional – propiedad de FRA-FRA, el hombre de los pollitos – pues estimó que las operaciones de fusión de dicho banco con el BHIF, actual BBVA, no se ajustaban a la normativa.

El escándalo, como bien suponen, fue cubierto y publicado por El Mercurio y el actual alcalde de Las Condes, supuestamente, habría recibido la iracunda e inesperada visita del hombre de “los pollitos”, debido a que los guardias del periódico lo vieron entrar a un Mercedes y lo confundieron con el del propietario del diario. Cuenta la leyenda que, hipotéticamente, el hombre orquesta de los medios y canales de TV tuvo que comerse un “buen aletazo con zamarreo incluido”. Se rumorea, que aún los guardias del decano recuerdan como tuvieron que separar a “los encopetados púgiles” y la venganza del hombre que se hizo rico criando pollitos, según su versión, se hizo palpable: en 1989 obtuvo un 15% en la carrera presidencial y el pinochetismo de Lavín, quedó reducido a un 29% en la elección que ganó cómodamente Patricio Aylwin.

Y la moraleja para ese sector político, no fue menor: “El Mercurio no es un diario de derecha, por el contrario, la derecha chilena es de El Mercurio”, como hemos tenido la oportunidad de comprobarlo una y otra vez.

Tal vez, ese hipotético combo influyó para que el candidato de la orquesta del Titanic cambiara de rumbo luego y del “gallo de pelea” se transformase en el personaje que llegó a ser hoy: el eterno e inefable Joaquín Lavín con sus 105 apariciones en TV en un mes, que llevó a una señora a preguntarse en una red social, ¿y este señor a qué hora trabaja? y de paso, convirtiendo a los canales chilenos -sin excepción- en sus verdaderos promotores de campaña: el candidato de la orquesta del Titanic.

El edil comentarista político-opinólogo-doctor-epidemiólogo-analista-experto-meteorólogo- candidato del orden se ha especializado en hacer ordenanzas en su comuna para que la gente use obligatoriamente las mascarillas, da lecciones en TV sobre eso, pero él no las usa. Lo más extraño es que ninguno de los panelistas de los reality de la mañana, de los programas políticos del duopolio se atreve a preguntarles: “oiga, alcalde, Ud., es como el cura Gatica, predica y no práctica”.

Pero, al igual que nuestras autoridades, tenemos la televisión que nos merecemos. Afortunadamente desde 2004, el candidato que comienza liderando las encuestas, nunca ha terminado siendo Presidente. Menos en el caso del edil de Las Condes, cuyos últimos emprendimientos electorales – salvo la comuna que dirige donde vota solo gente como él- han sido más bien, por el bien de Chile, un desastre.

Ni hablar de su nuera Robotina, que desde hace mucho tiempo aumenta su popularidad a punta de tonteras, las últimas, incluso, enfrentándose con su propio Gobierno y entregando información que no se correspondía con la realidad, motivo por el cual fue criticada por ediles de su propia coalición.

Está también, el alcalde de La Florida, Rodolfo Carter, otro de los preferidos de la TV chilena junto a Lavín, Evelyn Matthei, Felipe Alessandri y la alcaldesa Kathy Barriga. Innovó en el uso terapéutico de la marihuana, se ha enfrentado públicamente a su propio Gobierno, ha cuestionado al ministro Mañalich y según él mismo, se adelantó a la política gubernamental respecto del Coronavirus. Ya en el verano, ha dicho, mientras los demás estábamos de vacaciones o viendo el Festival de Viña, que estaba preparando un paquete de medidas para enfrentar el virus.

Pero el "progre" de la TV donde se muestra como un personaje abierto, estilo PPD, resulta que en la privada de su concejo municipal se transforma en un verdadero energúmeno si uno se atiene a los duros epítetos y frases que pronunció contra la concejala de la comuna, Marcela Abedrapo, y que su colega, Nicolás Hurtado, sintetizó de la siguiente manera: “me resulta bastante desagradable ver como en los matinales hay un osito y como acá en el concejo aparece toda la misoginia, el maltrato y todo el poco valor humano que hay hacia la concejala Abedrapo… me parece una vergüenza”.

Y los alcaldes suman y siguen…

El cuestionado edil de Rancagua, también muy próximo a la UDI, salvado por secretaria por el ex ministro del Interior Andrés Chadwick – su mentor político – y por el ex jefe de la Fiscalía Sur, Raúl Guzmán que, con los votos casi unánimes de la UDI y RN, logró alcanzar la secretaria del Senado, reparte a diestra y siniestra mascarillas a los automovilistas, critica al Gobierno por no incluir cuarentena obligatoria en Rancagua, limpia algunas calles de la ciudad con tractores donde, por supuesto, él mismo es protagonista mostrando su preocupación por la salud de la gente de su comuna, pero que, en su propia casa, a la vez, está obligando a los funcionarios municipales a ir a trabajar físicamente, aumentando con ello la posibilidad que se contagien.

También a falta de medios, con la gente confinada y sin la posibilidad de contactarse con ellos ha inventado un programa radial “el alcalde dialoga contigo” sobre temas de Covid-19, transformándose en otro especialista -como Lavín- en temas sanitarios.

Mientras tanto, el gobierno regional, y el propio edil, siguen priorizando remodelar algunas calles del centro de la ciudad, así como techar la Medialuna, concesionada por casi un siglo a la Federación de Rodeo, gastando en ambas obras un total de cerca de 22 mil millones de pesos, en vez de reorientar esa inversión hacia los más necesitados.

Bueno, cada pueblo tiene el Gobierno que se merece y los habitantes de Rancagua, además, se lo tienen bien ganado.
Amigos me cuentan que en la Región de El Maule, en comunas como Curicó, ocurre algo similar a lo de Santa Cruz, vehículos municipales advierten a la gente con megáfonos que no salga de sus casas, como en una película que nos retrotrae a la Segunda Guerra Mundial. En San Francisco de Mostazal, sucede algo similar.

Mientras, en Molina o Sagrada Familia, cada ciertos días, con el apoyo de la PDI o carabineros “funcionarios “disfrazados estilo científicos de la película ET” realizan revisiones de fiebre de los conductores y sus tripulantes”. Lo que llama la atención a mis amigos es que la metodología se hace de manera irregular y asistemática lo que los lleva a pensar que se trata de “puro show mediático”.

También, está el alcalde de Rengo, Carlos Soto, padre del diputado Raúl Soto, otro personaje de antología que, para comenzar, emite tres comunicados de prensa al día, incluyendo entre ellos hasta cuando cambia de maceteros las plantas del municipio. Partió diciendo que “las mascarillas, no servían para nada” hasta hoy en que las defiende, las reparte masivamente y usa una de ellas con el slogan “Pasión por Rengo”, lo que ha llevado al ex concejal, Sergio Roldán, a decir que el temor de la gente ha permitido que nuestro alcalde “le pegue un manotazo, al presupuesto local, y al suyo propio, para financiar su campaña a la reelección”.

Sobre el mismo edil -que hace poco llamó a todos los niños a vacunarse masivamente en los gimnasios de la comuna, sin considerar lo peligroso que resultaba aquello en el contexto de la explosión de la pandemia- circula un audio del programa Informe Especial donde Isaac Latorre, oriundo de Rengo, le dice a su socio y presidente de la Agrupación de Tragamonedas, René Sepúlveda, lo siguiente: “en todas las comunas donde yo tengo operaciones, yo estoy con el alcalde… yo toda la plata que gané invertí 30 millones en campañas, y calcula huevón, saque dos diputados.. y entre ellos el hijo del alcalde de una de estas comunas”.

En Alhue, una comuna próxima a la Región de O’Higgins, hasta hoy no habían infectados. Su alcalde, cuyos funcionarios municipales recorren en camionetas los distintos sectores de la comuna megáfono en mano advirtiendo a los vecinos que “no salgan de sus casas”, cree que el éxito en el control de la pandemia se debe “a la disciplina alcanzada con los vecinos”, aunque el control sanitario regional y el propio aislamiento geográfico de la localidad podrían explicar más bien su éxito.

Mientras los medios convierten a Lavín en el candidato de la orquesta del Titanic, resucitan a Lagos, el Presidente Piñera -brazalete en ristre- anuncia que nuevamente estamos en guerra, su ministro de salud promete la inédita creación chilena de “un carné de inmunidad”, al tiempo que nos transformamos en el hazmerreír del mundo al extender nuestra mañosa manera de construir estadística tal cual como lo hemos hecho con los datos sobre medición de la pobreza y los quintiles, no contabilizando los muertos por coronavirus como infectados, los alcaldes, en especial algunos, siguen haciendo de las suyas.

Y más allá de la seducción por las cámaras, por aparecer haciendo algo en torno a la pandemia, en especial en un año donde seguramente casi todos ellos irán a la reelección, uno se pregunta ¿qué más los motiva a estar empeñados en dar el espectáculo que están ofreciendo? Un amigo me señala que, también detrás de todo ellos está la compulsión freudiana del control total, en especial cuando ello ocurre en una actividad, la política, donde las personalidades anormales son la regla y en un tiempo (la pandemia y el confinamiento poblacional), que hacen que no pocos de estos protagonistas sueñen, como ayer lo hizo Hitler o Stalin, con el delirio del control total.

De allí tanta tontera como algunas de las que hemos relatado en esta breve historia. Emulando a Voltaire diríamos que “la política es el camino para que hombres sin principios puedan dirigir a las gentes sin memoria".

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