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Movilidad en tiempos de Coronavirus en Valparaíso Opinión

Movilidad en tiempos de Coronavirus en Valparaíso

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Una de las situaciones más preocupantes es la falta de infraestructura de servicios básicos y de urbanización a los que se enfrentan los habitantes de los asentamientos precarios, esto impacta en la calidad física del entorno urbano próximo en el que se movilizan cotidianamente, lo que puede implicar que a largo plazo los habitantes desarrollen enfermedades crónicas respiratorias que podría generar cuadros críticos a la hora de contraer el virus. Por ejemplo, la falta de urbanización o pavimentación es un tema recurrente entre los habitantes de las tomas, pues a pesar de la pandemia van a seguir haciendo micro urbanizaciones“por ejemplo hay una actividad que tenemos pendiente de hacer, que es arreglar la subida peatonal, y pesar que sabemos que está el coronavirus, la pandemia, aun así, lo estamos programando”, nos cuenta una dirigenta.


La movilidad urbana cotidiana es una práctica a través de la cual las personas organizan socialmente espacio y tiempo en la ciudad, para acceder a lugares, personas, trabajos y servicios, entre otros aspectos escenciales para la reproducción de la vida social. Así, la movilidad es un aspecto central al momento de pensar ciudades inclusivas y con igualdad de derechos para todos sus habitantes.

Si bien el actual escenario de crisis sanitaria límita y disminuye drásticamente la movilidad cotidiana en las ciudades chilenas, dejar de moverse no es una opción para todos sus habitantes. Al contrario, la pandemia remarca las condiciones de desigualdad social, dando cuenta de que la movilidad es un capital social diferenciado con el que cuentan las personas para acceder a la ciudad.

De esta manera, en comunas como Valparaíso, las opciones de inmovilidad/movilidad en tiempos de pandemia que los habitantes disponen son límitadas, profundizando las brechas sociales. En efecto, la desigualdad social en esta comuna se presenta en diversos ámbitos como el socio económico, con un 12% de tasa de desempleo, un porcentaje significativo de adultos mayores (19,5%) y con 5.795 personas que habitan en asentamientos precarios o informales con dificultades para poder acceder al agua y a condiciones de higiene requeridas en tiempos de crísis. A esto se suman más de 2.500 comerciantes callejeros que viven del negocio informal, y una precaria infraestructura para la movilidad urbana. Es decir, la mayoría de los habitantes de Valparaíso no disponen de los medios económicos para sobrellevar la crisis socio económica provocada por la crisis sanitaria y, mucho menos, para atenderse en el sistema privado de salud.

En efecto, al transitar por las principales avenidas de la ciudad, se observa que en torno a los lugares que proveen servicios e insumos esenciales existen largas filas y aglomeraciones -aún más grandes de las que apreciábamos antes de la crisis sanitaria-, y que hacen evidentes los focos de posibles contagios.

Para ingresar a la cotidianeidad de este contexto, fuimos en búsqueda de testimonios de porteños y porteñas que están viendo afectadas sus movilidades cotidianas. Nos encontramos con habitantes de asentamientos informales y uno de los temas que salen a la luz, es la imposibilidad que tiene la mayoría de trabajar desde sus casas y la obligación de moverse a diario para trabajar, ya sea en el mundo formal o el informal.

En este escenario, donde el transporte público privado ha visto disminuir su uso, es han generado cobros abusivos a quienes están obligados a moverse, pues ha habido poca locomoción, la gente anda con más precaución y algunas se aprovechan del sistema, [por ejemplo] los colectivos te cobran más porque no hay mucha locomociónsegún explica, uno de los entrevistados. En la misma línea, la crisis sanitaria ha servido para resaltar los serios problemas del transporte público que no suele llegar a los lugares más precarios de la ciudad, en mi sector, que es campamento, la gente ha tenido más problemas para movilizarse porque si antes la locomoción era mala, ahora es pésima, la gente ha tenido que pagar demás para que los vengan a buscar”, dice otro de los dirigentes.

Una de las situaciones más preocupantes es la falta de infraestructura de servicios básicos y de urbanización a los que se enfrentan los habitantes de los asentamientos precarios, esto impacta en la calidad física del entorno urbano próximo en el que se movilizan cotidianamente, lo que puede implicar que a largo plazo los habitantes desarrollen enfermedades crónicas respiratorias que podría generar cuadros críticos a la hora de contraer el virus. Por ejemplo, la falta de urbanización o pavimentación es un tema recurrente entre los habitantes de las tomas, pues a pesar de la pandemia van a seguir haciendo micro urbanizaciones“por ejemplo hay una actividad que tenemos pendiente de hacer, que es arreglar la subida peatonal, y pesar que sabemos que está el coronavirus, la pandemia, aun así, lo estamos programando”, nos cuenta una dirigenta.

Otro tema critico es el acceso al agua pues, si bien la mayoría de los asentamientos precarios e informales de Valparaíso tienen acceso regular al agua -gracias a los camiones aljibes de la Municipalidad- no se sabe que ocurrirá durante el invierno que se avecina, ya que las pendientes de las calles de tierra junto a las lluvias son factores que suelen impedir el acceso de los camiones a las tomas, lo que impacta en la regularidad de la provisión de este bien esencial. Esto realidad común en los inviernos “normales”, sin pandemia, hoy puede llegar a ser dramática, porque una semana sin provisión de agua “potable” puede acelerar la propagación del virus entre quienes se ven obligados a salir a trabajar desde las tomas. Lamentablemente, esto implicaría que muchos de los habitantes se vean en la imposibilidad de tomar todos los resguardos sanitarios necesarios para protegerse a la hora de recibir las ayudas del Gobierno o de las ONG, o de generar ollas comunes y comedores solidarios, o al salir y volver del trabajo.

Se sabe que una crisis de esta envergadura tiene que enfrentarse desde la prevención y la preparación, para que en el momento del peak de la crisis el impacto sea el menos dramático posible, sin embargo, ¿qué ocurre con los habitantes invisibles de nuestra sociedad?, con quienes garantizan la inmovilidad de los más acomodados, esa primera línea que no posee una infraestructura sanitaria formal adecuada que les garantice un entorno urbano seguro. La crisis sanitaria no ha hecho más que acentuar la cruda realidad de quienes habitan en los asentamientos precarios e informales, realidad imperceptible para la mayoría de la población que mira una tragedia que bien podría mitigarse.

De esta forma, la inmovilidad no se vuelve una opción para todos los habitantes en comunas como Valparaíso

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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