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¿Confusión o miopía?

por 30 julio, 2020

¿Confusión o miopía?
Tomar medidas a tiempo es crucial para permitir una evolución e impedir una revolución. ¿Qué habría pasado si la derecha hubiera aceptado la reforma previsional de Bachelet? ¿Y si hubieran aceptado terminar con el binominal en 2005 o reformar la Constitución eliminando los quórum supramayoritarios en la Constitución en 2016? La derecha debe entender que tiene un rol canalizando conflictos a tiempo y que el rechazo visceral al cambio, como la indiferencia a los debates de ideas que han denunciado intelectuales como Hugo Herrera y Pablo Ortúzar, son parte de una cultura política miope que debe cambiar.
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La autorización del retiro de fondos de pensiones ha generado un sinnúmero de análisis. Uno de lo más ambiciosos lo hizo uno de los más finos analistas de la derecha, Gonzalo Cordero, el domingo pasado en La Tercera. Cordero da una interesante visión de lo que él considera una permanente confusión de la derecha. Por una fatalidad del destino, la derecha termina apoyando la reforma agraria, la nacionalización del cobre y, ahora, el retiro de los fondos previsionales. Es extraño plantear que un sector que agrupa al conjunto de personas con más medios y que accede a la mejor educación en Chile, sufra de una confusión permanente.

Lincoln dijo “puedes engañar a todas las personas algunas veces y algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a todas las personas todo el tiempo”. Para entender por qué desde 1962 la derecha termina apoyando posiciones de centro e izquierda debe haber otra explicación.

Aparentemente algunos parlamentarios de derecha, que inicialmente iban a apoyar el Apruebo, se habrían retractado. No será que nuevamente la derecha, en lugar de sumarse activamente a un proceso de cambio que ella misma ha considerado necesario, opte por obstaculizarlo en vez de ser uno de sus protagonistas. Si así fuera, la razón no será confusión sino, nuevamente, miopía.

Cordero dice que la reforma agraria destruyó la estabilidad de la sociedad chilena, que consistía en una “relación cuasisimbiótica entre el latifundista y el inquilino”. La reforma agraria habría instalado en el campo la lucha de clases y detonó reformas, la última de las cuales es la del 10%.

Es evidente que en el agro chileno existía un equilibrio del tipo que menciona Cordero. Ese equilibrio reposaba, en lo formal, en la desigualdad de derechos civiles y políticos entre patrón e inquilino y, en lo informal, mirado positivamente, en esa relación “cuasisimbiótica”. ¿Cuánto se puede sostener tal equilibrio? Simple: lo que demore la toma de conciencia de los derechos de aquellos que toleran una relación tan desigual.

Lo que caracteriza a la derecha no es la confusión, sino la miopía. En lo económico, como reconocer derechos es costoso, en la tensión entre costos hoy, beneficios mañana, prevalecen los primeros. La íntima relación entre las cúpulas de la derecha política y la empresarial, refuerzan esa lógica. En lo valórico, promover la autonomía individual en una sociedad democrática, expone sus valores al rechazo ciudadano.

Como el cambio de equilibrio es riesgoso, la derecha tiende a postergar decisiones que enfrenten los temas de fondo. En la reforma agraria, los derechos campesinos. En el 10%, proveer financiamiento a personas que, sin ser las más pobres, también tienen necesidades.

Paradójicamente, los riesgos para sus intereses crecen, no se atenúan. Tomar medidas a tiempo es crucial para permitir una evolución e impedir una revolución. ¿Qué habría pasado si la derecha hubiera aceptado la reforma previsional de Bachelet? ¿Y si hubieran aceptado terminar con el binominal en 2005 o reformar la Constitución eliminando los quórum supramayoritarios en la Constitución en 2016?

Esta miopía es mala para la derecha y para el país. La gran mayoría de los chilenos queremos cambios graduales, pero permanentes. Pocos quieren una revolución. La derecha debe entender que tiene un rol canalizando conflictos a tiempo. El rechazo visceral al cambio y la indiferencia a los debates de ideas que han denunciado intelectuales como Hugo Herrera y Pablo Ortúzar, son parte de una cultura política miope que debe cambiar.

Aparentemente algunos parlamentarios de derecha, que inicialmente iban a apoyar el Apruebo, se habrían retractado. No será que nuevamente la derecha, en lugar de sumarse activamente a un proceso de cambio que ella misma ha considerado necesario, opte por obstaculizarlo en lugar de ser uno de sus protagonistas. Si así fuera, la razón no será confusión sino, nuevamente, miopía.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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