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Fallas en el Mercado: el caso de las AFP

por 10 agosto, 2020

Fallas en el Mercado: el caso de las AFP
Hoy las AFP centran su diferenciación en servicio al cliente y mercadeo: no compiten realmente por la mayor rentabilidad de los fondos de sus clientes. Es una incongruencia, ya que buscan diferenciarse por servicios de apoyo y no por el propósito del sistema de pensiones, es decir, maximizar las pensiones de sus afiliados a través de la mayor rentabilidad de sus fondos. Aunque ingresen nuevos competidores ofreciendo reducción en comisiones, los afiliados no conseguirán la fuerza suficiente para reducirlas a valores razonables y también lograr mayor rentabilidad en sus fondos. Producto de fallas en la aplicación de la economía social de mercado, en 2019 las AFP cobraron a los chilenos comisiones por más de 830 mil millones de pesos (más de 1.000 millones de dólares) y sus utilidades netas superaron los "480 mil millones".
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Entre los años 2014 y 2019, el promedio de rentabilidad sobre el patrimonio de las AFP fue de 32,55%, con 15,02% la menor y 98,02% la de mayor rentabilidad. Esto muy por sobre el 15% a 20% de los bancos comerciales, lo que ya es excesivo. Ante semejantes números, resulta innegable que tenemos un problema mayor. La evidencia de las fallas estructurales en este sector de la economía implican una inconsistencia entre la prestación de servicios y el valor de la comisión pagada por los afiliados, favoreciendo a un grupo reducido personas en perjuicio del resto de la sociedad. Ante todo esto, el Estado no puede quedarse al margen, tiene la obligación de intervenir.

En una economía social de mercado, donde la iniciativa privada es fundamental, el Estado está obligado a actuar para corregir distorsiones en la distribución del ingreso por ineficiencias del mercado. El propósito de toda actividad económica es lograr la mejor distribución para maximizar el bienestar de toda la sociedad; ante todo, el bien común.

Para analizar objetivamente el sector de las administradoras de fondos de pensiones, necesitamos determinar la base estructural de su rentabilidad, identificando los elementos o fuerzas que causan resultados financieros fuera de todo rango razonable. Entonces, ¿qué fuerzas o factores están sustentando una rentabilidad tan alta?

En primer lugar, los clientes o afiliados actúan individualmente o separados y no son capaces de ejercer una presión a la baja sobre el valor de las comisiones en este mercado. No tienen condiciones para alcanzar un punto de equilibrio.

Además, aunque no hay costo significativo por cambio entre AFP, tampoco hay incentivos para ejercer fuerza por esta vía, ya que las instituciones no ofrecen diferencias sustanciales en el rendimiento de los fondos. Esta es una actitud muy cómoda en la gestión de inversiones, conocida como “efecto manada”.

A modo de ejemplo, para el período 2002-2019, la rentabilidad promedio de los fondos por AFP se comportó muy similar entre estas:

-Fondo A, 6,47% promedio, con diferencia de 0,48% máximo.
-Fondo B, 5,57% promedio, con diferencia de 0,37% máximo.
-Fondo C, 5,24% promedio, con diferencia de 0,50% máximo.
-Fondo D, 4,72% promedio, con diferencia de 0,62% máximo.
-Fondo E, 3,87% promedio, con diferencia de 0,80% máximo.

Como segundo factor, en este mercado los únicos servicios sustitutos que puedan competir con las AFP como proveedores de pensiones, son las Rentas Vitalicias que ofrecen las compañías de seguros. La existencia de sustitutos es un elemento importante para reducir precios en un mercado con pocos oferentes y servicios sin diferenciación, pero en este caso la existencia de conflictos de interés en la propiedad entre ambos negocios termina por afectar la posibilidad de competencia y favorece la creación de un mercado ineficiente.

En tercer lugar, los proveedores de este mercado son tan diversos y divididos, que ninguno de ellos es capaz de influir significativamente en la estructura de costos de las AFP. Esto ocurre en todo ámbito, tanto para el capital humano como para los servicios de intermediación financiera y otros costos operacionales.

Así, por ejemplo, en año el 2019 el costo en personal promedio del sistema de AFP fue el 19,7% de los ingresos y sus costos operacionales promediaron el 17,2% de los ingresos. En ese año, la rentabilidad de las AFP respecto de sus ventas, después de pagar sus impuestos, fue de 41,7% la menor y 63,9% la mayor.

Como cuarto factor, hoy las AFP centran su diferenciación en servicio al cliente y mercadeo: no compiten realmente por la mayor rentabilidad de los fondos de sus clientes (efecto manada). Es una incongruencia, ya que buscan diferenciarse por servicios de apoyo y no por el propósito del sistema de pensiones, es decir, maximizar las pensiones de sus afiliados a través de la mayor rentabilidad de sus fondos.

Finalmente, como consecuencia de los puntos anteriores, aunque ingresen nuevos competidores ofreciendo reducción en comisiones, los afiliados no conseguirán la fuerza suficiente para reducirlas a valores razonables y también lograr mayor rentabilidad en sus fondos. Más aún, un aumento muy significativo de oferentes, por ejemplo, otras 10 o 20 administradoras de fondos, con la actual situación del mercado, solo terminará por incrementar los costos operacionales de la industria.

Estas son solo algunas de las fuerzas que estructuran el sector de las administradoras de pensiones y que, producto de fallas en la aplicación de la economía social de mercado, en 2019 cobró a los chilenos comisiones por más de 830.000 millones de pesos (más de 1.000 millones de dólares) y sus utilidades netas superaron los 480.000 millones de pesos

Esta columna ha sido una descripción muy resumida del problema estructural que enfrenta este sector de la economía y existen varias opciones para corregirlo, no solo en su composición de precios sino también mejorando la rentabilidad de los fondos de sus afiliados.

El caso de las AFP es solo una de varias fallas que ocurren en la aplicación de la economía social de mercado en Chile, donde los precios los define un mercado ineficiente con gran perjuicio para la sociedad: eso es un error conceptual, es inmoral.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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