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La curiosa versión de los nuevos tres tercios de JAK: Jadue, Lavín y él mismo

por 24 agosto, 2020

La curiosa versión de los nuevos tres tercios de JAK: Jadue, Lavín y él mismo
Según el exdiputado, las elecciones de 2021 se definirán entre “la izquierda extrema” de Jadue, “el centro” representado por Lavín y la derecha encabezada por él mismo. Los nuevos tres tercios, la curiosa versión de José Antonio Kast (JAK). Sin duda, el diagnóstico de JAK dista bastante de la realidad, no solo porque distorsiona el escenario y desconoce la existencia de la centroizquierda –por más mal que esté la oposición–, sino porque tampoco se sustenta en cifras. Hoy marca cerca de 3% en las encuestas, muy lejos del 13% que tienen los alcaldes Lavín y Jadue.
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Definitivamente, José Antonio Kast terminó su largo período de hibernación. La verdad, es que el exdiputado tomó palco durante varios meses, mientras Chile Vamos iniciaba su proceso de desarticulación y el Gobierno se desgarraba entre las peleas en los partidos, las críticas mutuas, la división interna de RN, el fuego cruzado entre los partidarios del “Apruebo” y “Rechazo” y, por supuesto, el desconcierto frente al proyecto del retiro del 10%.

Luego vino el cambio de gabinete, ese intento desesperado de Sebastián Piñera para contener la crisis interna, asumiendo el fin del “piñerismo” y aceptando –a regañadientes– que tendría que dejar que los partidos tomaran la iniciativa. Pero, pese a trasladar el ring de Desbordes y Allamand a La Moneda, hacerle la “desconocida” a Evópoli –que pagó cara su lealtad– y premiar a Jacqueline Van Rysselbergue nombrando a Víctor Pérez en Interior, la verdad es que las cosas en el oficialismo van de mal en peor.

En primer lugar, no logra remontar en las encuestas. Salvo un momentáneo y corto “efecto cambio de gabinete”, que fue consignado solo por la cuestionada encuesta Cadem –mientras Criteria y Pulso Ciudadano mostraban una tendencia a la baja en la misma semana–, tampoco se ha logrado restablecer las confianzas, ni menos recomponer los quiebres de los meses previos. Además, la llegada de Víctor Pérez, un duro entre los duros, agudizó el conflicto mapuche y, pese a sus declaraciones iniciales –que hicieron prever un endurecimiento en el tema–, el exsenador ha debido rendirse frente a la realidad y terminar bajando el tono, tal como todos sus antecesores. En el pasado quedaron sus ácidas críticas a la administración de Bachelet y sus peticiones de mano dura cuando era parlamentario. En buen chileno, “otra cosa es con guitarra”.

Y a río revuelto, ganancia de pescadores. José Antonio Kast volvió a la carga luego de una etapa de perfil bajo. Sabía que tenía que ahorrar energías, mientras sus excamaradas de partido se desgastaban. “La batalla será larga”, me imagino que pensó el expresidenciable –que sacó casi 8% en las elecciones de 2017– y se quedó al acecho.

¿Qué cambió en el escenario de su sector para su vuelta al primer plano? Kast entendió que en la derecha se estaba produciendo un vacío de liderazgos y que el pragmatismo empezaba a imponerse a los rígidos dogmas que sustentaban a la UDI y una parte de RN y Evópoli. Una oportunidad de salir a conquistar a los desencantados con los culebreos de Chile Vamos, así como a los votantes de la derecha más extrema, desilusionados con Piñera.

Y su regreso fue con todo. Kast descalificando el plebiscito: “Es inmoral, ilegítimo e irresponsable”, “es el plebiscito de la muerte”. Kast burlándose del ministro Pérez por su falta de mano dura. Kast diciendo que si se moría Celestino Córdova era simplemente “su responsabilidad”. Kast amenazando con que él solucionaría el conflicto de La Araucanía por la fuerza. Pero el Kast más peligroso –que alertó a la UDI y RN– fue el que definió el nuevo mapa político de Chile. Según el exdiputado, las elecciones de 2021 se definirán entre “la izquierda extrema” de Jadue, “el centro” representado por Lavín y la derecha encabezada por él mismo. Los nuevos tres tercios, la curiosa versión de JAK.

Sin duda, el diagnóstico de JAK dista bastante de la realidad, no solo porque distorsiona el escenario y desconoce la existencia de la centroizquierda –por más mal que esté la oposición–, sino porque tampoco se sustenta en cifras. Hoy marca cerca de 3% en las encuestas, muy lejos del 13% que tienen los alcaldes Lavín y Jadue. Aunque, en la medida que siga apareciendo, es probable que logre recuperar el nivel de la votación del 2017, lo que empezaría a poner en serios apuros a la UDI.

Es un hecho que los grupos más extremos del gremialismo forman parte de la facción “dogmática” y tienen mucha cercanía ideológica, moral y económica con Kast. Además, miran con recelo y cierto desprecio a los “pragmáticos”, encabezados por Lavín. El propio Longueira, en la discusión del 10%, dijo que era mejor que los que estaban en la posición de apoyar el retiro, se fueran del partido. O sea, la opción de “nicho”.

Con un probable triunfo del “Apruebo” en el plebiscito, crisis económica producto de la pandemia –además existe la posibilidad de un rebrote–, el regreso de expresiones ciudadanas similares al estallido social, y un Gobierno debilitado en extremo, todo hace pensar que, al menos la UDI, deba intentar separarse lo más posible de La Moneda, de manera de no sufrir el impacto de un Gobierno que, en la práctica, terminó de manera anticipada. Ese escenario puede evitar una fuga masiva hacia Republicanos. Sin embargo, la UDI también deberá sufrir la renuncia de Lavín, única manera de que el alcalde pueda crecer en personas que jamás votarían por él militando en ese partido.

La jugada clave de la derecha, entonces, estará en manos de los grupos más moderados, partiendo por Ossandón –si sale de sus problemas judiciales– o un Desbordes que, no obstante su rol de ministro, deberá intentar construir y alinear a una derecha más moderna, menos anclada en la dictadura y más pragmática. Y también tendremos que ver si la oposición es capaz de reaccionar ante esta asonada de la extrema derecha y buscar fórmulas que permitan enfrentar en el terreno de las ideas al oficialismo actual –con o sin JAK–, pero, especialmente, ser capaces de ofrecer un proyecto para un país que estará en la ruina económica y social por casi todo el período que se iniciará en 2022.

Mientras tanto, José Antonio Kast intentará aprovechar la debilidad del oficialismo, provocando a sus exaliados al extremo, como en las entrevistas que ha dado en estas semanas, en que afirmó que competirá hasta el final y no participará en las primarias del sector. También ha descalificado al alcalde Lavín diciendo que es ambiguo, populista y simpatizante de las causas de la izquierda. Incluso, llegó a decir que, en caso de una segunda vuelta entre Jadue y Lavín, no le cabe duda que ganaría el alcalde de Recoleta. “Yo votaría nulo”, advirtió. Y eso no es solo una provocación a Lavín y Chile Vamos, sino un ataque frontal.

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