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Salvador Allende: el respeto del mundo

por 5 septiembre, 2020

Salvador Allende: el respeto del mundo
“Vengo de Chile, un país pequeño, pero donde hoy cualquier ciudadano es libre de expresarse como mejor prefiera, de irrestricta tolerancia cultural, religiosa e ideológica, donde la discriminación racial no tiene cabida”. La Asamblea estaba ante un verdadero líder internacional y sentía una conexión con él: “A nosotros, los países subdesarrollados, se nos quiere condenar a ser realidades de segunda clase, siempre subordinadas. Este es el modelo que la clase trabajadora chilena, al imponerse como protagonista de su propio devenir, ha resuelto rechazar, buscando en cambio un desarrollo acelerado, autónomo y propio, transformando revolucionariamente las estructuras tradicionales”.
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Salvador Allende entró a la Asamblea General de las Naciones Unidas y –cosa completamente excepcional– se produjo un enorme aplauso espontáneo de los delegados que se pusieron de pie. Al terminar su discurso, el Presidente fue de nuevo ovacionado largamente con una persistente “standing ovation”. Solo sucedió de nuevo con Nelson Mándela después de su liberación.

Era el 4 de diciembre de 1972, después de dos años de gobierno, acosado por los evidentes esfuerzos en curso para impedir su normal desarrollo, pero ganando cada vez más adeptos en las elecciones de autoridades locales. Poderosos intereses externos e internos trataron de impedir su elección a toda costa y de desestabilizar su Gobierno. El informe Church del Senado norteamericano (1976) describe en detalle la alianza entre el gobierno de Nixon y líderes importantes de la oligarquía chilena. Allende era considerado un ejemplo peligroso para América Latina y el Tercer Mundo, que podrían buscar imitar el proceso chileno.

“Vengo de Chile, un país pequeño, pero donde hoy cualquier ciudadano es libre de expresarse como mejor prefiera, de irrestricta tolerancia cultural, religiosa e ideológica, donde la discriminación racial no tiene cabida”. La Asamblea estaba ante un verdadero líder internacional y sentía una conexión con él: “A nosotros, los países subdesarrollados, se nos quiere condenar a ser realidades de segunda clase, siempre subordinadas. Este es el modelo que la clase trabajadora chilena, al imponerse como protagonista de su propio devenir, ha resuelto rechazar, buscando en cambio un desarrollo acelerado, autónomo y propio, transformando revolucionariamente las estructuras tradicionales”.

En nuestros días, con esta convicción multilateral y frente a la terrible pandemia que azota al mundo, el médico Salvador Allende –exministro de Salubridad y creador del sistema de salud pública de Chile– estaría luchando por una gran respuesta de cooperación internacional de todos los países. Tenemos una obligación urgente de fortalecer las instituciones multilaterales, modernizarlas y abrir un espacio de presencia ciudadana propia de la democracia participativa. El desafío es claro y es posible. Salvar vidas hoy, pero también mañana.

Los minutos de aplausos no eran solo por el discurso, estaban dirigidos al ser humano que estaba al frente, a la convicción de sus innovadores ideales. Un médico y político socialista, que durante toda su vida luchó por darle dignidad al pueblo y hacer de Chile una sociedad justa en democracia, pluralismo y libertad. Los aplausos fueron un gran símbolo de solidaridad. Una manera de decir “Presidente estamos con usted”.

Y este es, quizás, uno los principales legados internacionales de Salvador Allende: la solidaridad con la lucha del pueblo chileno. Durante su Gobierno fueron múltiples los ejemplos de apoyos políticos, sindicales y populares. Después de su muerte, estalló una enorme condena al golpe cívico-militar en Chile que desencadenó una reacción espontánea de solidaridad con la recuperación de la democracia y de los Derechos Humanos en los más diversos lugares del mundo, particularmente en Europa. La trágica muerte de Allende agregó un enorme respeto por su consecuencia histórica y fue un aliciente para abrirles las puertas a miles de exiliados.

A la Asamblea de Naciones Unidas le afirmaba que Chile: “Un país que […] nunca se ha apartado del cumplimiento de sus obligaciones internacionales y ahora cultiva relaciones amistosas con todos los países del orbe. Cierto es que con algunos tenemos diferencias, pero no hay ninguna que no estemos dispuestos a discutir, utilizando para ello los instrumentos multilaterales o bilaterales que hemos suscrito. Nuestro respeto a los tratados es invariable”.

En ese contexto, el principio de la libre determinación de los pueblos estaba en el corazón de la visión internacional de Allende, la autonomía nacional y un sólido sistema de cooperación entre iguales. Chile tuvo una gran presencia en fortalecer estos principios durante su mandato. También en el establecimiento de relaciones con China, Vietnam y países del bloque soviético. Decisión visionaria cuando vemos en nuestros días que los ejes de la geopolítica y la economía global están transitando hacia el Asia Pacífico. A su vez, el ingreso de Chile a los países no alineados estableció un nuevo espacio de cooperación política.

El espacio internacional principal donde se desplegó la mayor energía y creatividad de su Gobierno fue en las Naciones Unidas y en los temas del desarrollo. Algunos ejemplos:

-Celebrar la UNCTAD III en Chile con la participación de un centenar de países, para avanzar en los principales problemas del comercio y desarrollo del Tercer Mundo, con el respaldo de la comunidad internacional. Las conclusiones reflejaron muchos de los valores que el Gobierno representaba. Allende fue claro: “Debemos sustituir un orden económico-comercial caduco y profundamente injusto”, lo que inspiró años después las propuestas en Naciones Unidas de un nuevo orden económico internacional.

-Promovió el concepto de “pluralismo ideológico” como fundamento de la unidad en la diversidad de América Latina.

-ECOSOC aceptó por unanimidad la propuesta chilena de que NNUU estudiara el impacto económico y político de las corporaciones transnacionales. La propuesta se fundamentaba en la intervención de la ITT y la Kennecott en la política chilena.

-El rechazo a los ensayos nucleares franceses en Mururoa.

-Una participación convencida en la Conferencia del Medio Ambiente en Estocolmo en 1972, que abrió el camino al desarrollo sostenible.

-Chile fue un miembro activo en las gestiones que condujeron al reconocimiento de la República Popular de China como legítimo miembro de NNUU.

-Cuando se iniciaba lo que sería la Convención sobre el Derecho del Mar, Chile sostuvo que el mar más allá de la jurisdicción nacional, debía ser patrimonio común de la humanidad.

Quizás el aplauso más duradero del respeto a Salvador Allende en el mundo sea el hecho de que para millones de personas es una fuente de inspiración. Ello tiene una expresión en la cantidad de calles, plazas, escuelas, sanatorios, entre otros, que llevan su nombre y que por generaciones estarán ahí, como testimonio de su trayectoria consecuente.

En nuestros días, con esta convicción multilateral y frente a la terrible pandemia que azota al mundo, el médico Salvador Allende –exministro de Salubridad y creador del sistema de salud pública de Chile– estaría luchando por una gran respuesta de cooperación internacional de todos los países. Tenemos una obligación urgente de fortalecer las instituciones multilaterales, modernizarlas y abrir un espacio de presencia ciudadana propia de la democracia participativa. El desafío es claro y es posible. Salvar vidas hoy, pero también mañana.

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