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En nombre del litio

por 8 enero, 2021

En nombre del litio
Entre gallos y medianoche o entre Navidad y Año Nuevo se consumó la infamia. El mencionado comité de suplentes de Corfo formalizó la entrega del principal fondo para la innovación a un consorcio internacional de universidades americanas, representadas en Chile por las universidades privadas del Desarrollo y San Sebastián, sin trayectoria conocida en minería, energía e innovación tecnológica, pero con importantes vínculos con la UDI y el segundo piso de La Moneda. Es imposible no advertir terceras intenciones, conflictos de interés y eventual corrupción. Ya es costumbre de este Gobierno el maltrato hacia las universidades públicas y regionales del país y hacia nuestros científicos que se están formando en Chile y en el exterior.
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Sebastián Piñera traiciona a las regiones e hipoteca el futuro científico y tecnológico de Chile, cuando entrega el único fondo importante que creó el país para la innovación y el desarrollo científico a un consorcio norteamericano. Y lo está haciendo de la peor manera: en un proceso de licitación arbitrario, opaco y espurio, donde el Gobierno pretende entregar a intereses foráneos el fondo para las tecnologías limpias, financiado con el royalty al litio (más de 190 millones de dólares hasta el 2030).

Impulsado por políticas y leyes proactivas, desde el Gobierno anterior Chile viene tomando la delantera en la aplicación de energías limpias. Pero estos logros tienen un techo: solo importamos tecnologías y soportes, sin desarrollar conocimientos, prototipos e innovación propia. El futuro está en los servicios de alta tecnología y en las patentes. Ese y no otro es el futuro de la economía. Chile estaba abriendo una puerta al futuro, que Piñera pretende clausurar entregando a terceros países ese potencial. Es la vieja historia de la plata, el salitre, el cobre y ahora... ¿el litio?

En un proceso irregular, sin transparencia, escondiendo información e impidiendo que se presentara ante los evaluadores internacionales la propuesta elaborada por un consorcio de universidades regionales, nacionales, la Asociación de Industriales de Antofagasta y más de 50 gremios profesionales, centros internacionales de investigación y empresas relevantes de la industria nacional. Según ha trascendido, el informe del Comité Evaluador Internacional creado para este efecto habría ponderado esta propuesta como la más sólida y beneficiosa para el país. Pero Corfo lo mantiene en reserva.

De Piñera y su Gobierno no espero nada. Pero todo tiene un límite. Es un imperativo ético y político impedir que se consume este atentado contra Chile. Vamos a hacer todas las gestiones que estén a nuestro alcance para que este Gobierno, o el que venga, revierta esta decisión contraria al interés nacional y a las bases de un modelo de desarrollo sostenible, que debe privilegiar a las regiones, sus universidades públicas, el conocimiento y el fomento de las capacidades nacionales a partir de nuestros recursos naturales.

Peor aún, Corfo trasladó la decisión a su exclusivo interior. Todos los ministros de Corfo tienen conflictos de interés en esta licitación. Para lavar su imagen dejaron la decisión formal a sus subordinados directos: los subsecretarios y asesores. De paso, desoyeron la opinión de las Comisiones de Minería, Energía y Futuro del Senado que pidieron formalmente –antes que resolviera el Consejo de Ministros– poder conocer el estado de avance de la licitación, haciéndose eco de las numerosas denuncias con el proceso de licitación.

Entre gallos y medianoche o entre Navidad y Año Nuevo se consumó la infamia. El mencionado comité de suplentes de Corfo formalizó la entrega del principal fondo para la innovación a un consorcio internacional de universidades americanas, representadas en Chile por las universidades privadas del Desarrollo y San Sebastián, sin trayectoria conocida en minería, energía e innovación tecnológica, pero con importantes vínculos con la UDI y el segundo piso de La Moneda. Es imposible no advertir terceras intenciones, conflictos de interés y eventual corrupción. Ya es costumbre de este Gobierno el maltrato hacia las universidades públicas y regionales del país y hacia nuestros científicos que se están formando en Chile y en el exterior.

Si algo nos debería enseñar la situación que vive nuestro país por el COVID 19, es la urgencia que tenemos por crear capacidades propias en la sociedad del conocimiento, para asegurar nuestro desarrollo. Chile necesita invertir sus recursos en promover nuevos motores de la economía, creando en el ámbito de la ciencia, la innovación y el desarrollo tecnológico un ecosistema nacional propio y autónomo, que potencie a nuestras universidades y la investigación nacional.

El futuro de la humanidad se jugará en investigación aplicada, patentes, servicios e información. Chile está bendecido por sus recursos naturales, pero una economía extractivista sin conocimiento y sin propiedad intelectual, se hace insuficiente. Tenemos que invertir en ciencia aplicada y tecnologías propias para así seguir el camino exitoso de muchos países del mundo que en esto no se han perdido.

De Piñera y su Gobierno no espero nada. Pero todo tiene un límite. Es un imperativo ético y político impedir que se consume este atentado contra Chile. Vamos a hacer todas las gestiones que estén a nuestro alcance para que este Gobierno, o el que venga, revierta esta decisión contraria al interés nacional y a las bases de un modelo de desarrollo sostenible, que debe privilegiar a las regiones, sus universidades públicas, el conocimiento y el fomento de las capacidades nacionales a partir de nuestros recursos naturales.

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