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Las lecciones que deja la partida del juez Guzmán Tapia

por 25 enero, 2021

Las lecciones que deja la partida del juez Guzmán Tapia
Su ejemplo representa lo que la sociedad debiera esperar de cada juez o jueza ante situaciones similares –que esperamos no se repitan– en las que se necesita carácter, para avanzar en temas que tanta fractura causaron en la sociedad chilena, sabiendo que cada avance en el trabajo por esclarecer la verdad era, a su vez, un retroceso en su carrera. Se necesita coraje para identificar que el respeto y la promoción de los derechos humanos son, ante todo, un deber moral que obliga a desatender cualquier otra consideración desde el estrado.
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Recientemente nos dejó Juan Guzmán Tapia, exjuez de dilatada carrera al interior del Poder Judicial y reconocido por haber sido el primer ministro en visita en investigar y someter a proceso al general Augusto Pinochet, por una querella presentada en 1998 por el Partido Comunista en su contra, quien, gracias a las particularidades de nuestra democracia, a la sazón detentaba el cargo de senador vitalicio.

Atrás quedaron las reacciones de la sociedad chilena ante tal acción judicial y las tensiones que a nivel nacional e internacional vivió el Estado chileno ante la persecución penal por crímenes de lesa humanidad contra el exdictador. Ni hablar de los vaivenes sufridos al interior del sistema de justicia chileno, en aquella época renuente a inaplicar el Decreto Ley de Amnistía firmado por el propio Pinochet, y que motivaron no pocas molestias en la cúpula judicial de la época, ante el trabajo esmerado y metódico realizado por el entonces juez Guzmán, que poco a poco fue rindiendo frutos con el devenir del tiempo.

Cansado de las presiones, pero con buena parte del camino recorrido, el juez Guzmán dejó el Poder Judicial en 2005, pero su legado en la tutela judicial de los DD.HH. forma parte ya de la memoria colectiva y patrimonio ético de muchos y muchas que le han sucedido. Servirá el juez Guzmán como un ejemplo más para que las futuras generaciones de jueces y juezas del país continúen impartiendo justicia, con el mismo esmero desde el ejercicio de su función, tantas veces criticada como incomprendida.

Quizá por eso, más allá de las características personales que sus cercanos destacarán en esta hora, la reflexión que pretendo realizar dice relación con las lecciones que deja para las generaciones de jueces y juezas que hoy, en un contexto muy diverso del vivido en Chile hace ya más de 20 años, podemos recoger de la labor del juez Guzmán en materia de protección de los derechos humanos.

El caso es interesante, porque hasta la fecha de la presentación de dicha querella ante la Corte de Apelaciones capitalina y que por la (buena o mala) fortuna recayó en él, dada su calidad de ministro de turno, Juan Guzmán no era considerado un activista en materia de derechos humanos. Por ello, destaca la manera en que de forma decidida fue avanzando en la investigación de las violaciones de los DD.HH cometidas en la dictadura y que permitió con el tiempo, y el esfuerzo denodado de otros jueces y juezas que siguieron el mismo camino, dar luz sobre las atrocidades acaecidas, identificar a sus responsables y hacer cumplir las penas, tareas que en algo han ayudado a reparar el dolor de quienes sobrevivieron a tan oscura época.

Se trata en el fondo de lo que la sociedad debiera esperar de cada juez o jueza ante situaciones similares –que esperamos no se repitan– en las que se necesita carácter, para avanzar en temas que tanta fractura causaron en la sociedad chilena, sabiendo que cada avance en el trabajo por esclarecer la verdad era, a su vez, un retroceso en su carrera.

Se necesita generosidad para saber que la labor cumplida podía afectar sus propias aspiraciones profesionales. Se necesita coraje para identificar que el respeto y la promoción de los derechos humanos son, ante todo, un deber moral de cada juez y jueza que obliga a desatender cualquier otra consideración desde el estrado.

Cansado de las presiones, pero con buena parte del camino recorrido, el juez Guzmán dejó el Poder Judicial en 2005, pero su legado en la tutela judicial de los DD.HH. forma parte ya de la memoria colectiva y patrimonio ético de muchos y muchas que le han sucedido. Servirá el juez Guzmán como un ejemplo más para que las futuras generaciones de jueces y juezas del país continúen impartiendo justicia, con el mismo esmero desde el ejercicio de su función, tantas veces criticada como incomprendida.

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