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Atender el drama del empleo y los ingresos de las familias MERCADOS|OPINIÓN

Atender el drama del empleo y los ingresos de las familias

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Osvaldo Rosales
Por : Osvaldo Rosales Grupo de Macroeconomía del Foro para un Desarrollo Justo y Sostenible.
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La situación laboral y de ingresos sigue siendo altamente crítica, ya que cerca del 60% de las familias está enfrentando situaciones muy complicadas, lo que justifica con creces la necesidad y la urgencia de una Renta Básica de Emergencia. Las ayudas del Gobierno han sido demasiado limitadas hasta marzo del 2021 (2% del PIB), sin percibir la magnitud de la crisis económica y social. Es probable que la acción opositora coordinada en torno a acuerdos mínimos en apoyo a las familias, pueda modificar en algo esta situación. Sin embargo, el desafío ocupacional y de ingresos persistirá más allá de 2021, pues ello tiene que ver con recuperar la capacidad productiva perdida, sostener mayores tasas de crecimiento, mejorando desempeños en productividad, innovación y sustentabilidad, y conseguirlo de la mano con empleos dignos y productivos.


Este artículo revisa las últimas cifras disponibles sobre empleo, desempleo e ingresos de las familias, con base en las respectivas encuestas trimestrales del INE (Boletines Nacionales de Empleo) y en la última entrega de la encuesta longitudinal sobre Empleo Covid del Centro UC. La última encuesta INE cubre el trimestre enero-marzo 2021 y la del Centro UC cubre la última semana de abril 2021. El objetivo es aportar al debate urgente sobre el impacto laboral de las restricciones sanitarias, la crisis económica y la evolución de los ingresos de las familias.

La información del INE

1. La fuerza de trabajo

Antes de la llegada de la pandemia a Chile, en marzo de 2020, la fuerza de trabajo en el trimestre inmediatamente anterior alcanzaba a 9 millones 831 mil personas. La fuerza de trabajo es una variable bastante estable, pues responde a factores estructurales y, por ende, no varía en plazos cortos, salvo en casos muy especiales. Este ha sido uno de ellos. El impacto sanitario y económico de la pandemia y las sucesivas cuarentenas y otras medidas de restricción achicaron la fuerza de trabajo en 1 millón 693 mil personas en tan solo tres meses, una caída del 17%.

2. Evolución del empleo

El peor momento en ocupación fue el trimestre mayo-julio, cuando la población ocupada cayó en 1.990.000 personas respecto del último trimestre sin pandemia. (Dic. 19-Feb. 20). De esa caída, 1.693.000 personas “salieron” de la fuerza de trabajo y 298 mil engrosaron las filas de los desempleados. A aquellos que salieron de la fuerza de trabajo se los considera “inactivos” porque dejaron de buscar trabajo, seguramente por estimar que la probabilidad de encontrarlo era muy reducida –además de sanitariamente riesgosa– por las condiciones de la pandemia y las cuarentenas.

A partir de ese trimestre, se empieza a recuperar la ocupación. La recuperación de empleos es creciente hasta el trimestre octubre-diciembre 2020. Los siguientes dos trimestres móviles muestran una fuerte desaceleración y el primer trimestre 2021 una leve contracción. Este último dato es complicado, pues estaría indicando que la fase fácil de recuperación de empleos se estaría agotando y la política económica debería incorporar instrumentos más activos de generación de empleos.

3. Evolución del desempleo

El máximo número de desocupados se alcanzó en el trimestre junio-agosto 2020, con un total de 1.067.000 personas desocupadas. El número de desempleados cae persistentemente, aunque con lentitud, hasta el trimestre móvil octubre-diciembre 2020. De allí en adelante empieza a crecer, también con lentitud. De esta forma, el número de desempleados en el primer trimestre 2021 es similar al del primer trimestre con pandemia, marzo-mayo 2020.

Vale decir, tanto las cifras de desempleo como las de ocupación muestran que el mercado de trabajo está perdiendo dinamismo, pese a una actividad económica que muestra recuperación en el Imacec desestacionalizado desde noviembre de 2020.

4. Mediciones más apropiadas del desempleo en situaciones de crisis

La mayor tasa de desempleo aconteció en el trimestre mayo-julio 2020, alcanzando un 13,1% de la fuerza de trabajo. Esa tasa va cayendo lentamente hasta el cuarto trimestre 2020. A partir de ese momento, el desempleo se estaciona entre 10 y 11% de la fuerza de trabajo.

La tasa de desempleo es un mal indicador laboral en momentos de recesiones acentuadas o de eventos catastróficos, como la actual pandemia. Esta tiene fuertes impactos sobre la economía y particularmente sobre los sectores menos calificados y de menores ingresos. La violenta caída en la población ocupada eleva bruscamente la población inactiva, albergando en ella a miles de personas que estarían dispuestas a trabajar, si las condiciones sanitarias o económicas lo permitiesen.

Por lo tanto, si nos quedamos únicamente con la tasa de desempleo para medir la evolución laboral, estaremos subestimando severamente la magnitud del drama ocupacional y de ingresos.

Al respecto, el INE entrega periódicamente el indicador SU3 y lo define como la tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial (es decir, inactivos que estarían dispuestos a trabajar) (ver Cuadro 4). Si consideramos entonces SU3 como la tasa de desempleo potencial, comprobamos que su nivel máximo estuvo en el mismo trimestre mayo-julio 2020, afectando a un 30,2% de la fuerza de trabajo. Este indicador, al igual que el anterior, se va reduciendo hasta el último trimestre 2020. A partir de allí, este indicador amplio de subutilización se estaciona en torno al 21% de la fuerza de trabajo (antes de la pandemia bordeaba el 15%).

Este punto es importante pues las cifras de ocupación indican que, en el peor momento, se perdieron 1 millón 990 mil empleos; se habrían recuperado 1 millón 75 mil empleos y restaría, por tanto, recuperar 915 mil empleos. Sin embargo, la medida más amplia de subutilización de la fuerza de trabajo SU3 nos indica que, en verdad, llevar esa tasa SU3 a un 15-16%, que era el valor prepandemia, exigiría generar cerca de 1 millón 400 mil empleos adicionales. Es decir, el desafío de solo retornar a la realidad laboral prepandemia implica generar entre 1,4 y 1,5 millones de nuevos puestos de trabajo y no los 915 mil que surgen de mirar solo la evolución de los ocupados.

Empleo e ingresos en la encuesta de Centro UC

Esta encuesta sigue una muestra representativa de 16 mil hogares. Es una encuesta mensual y la última se presentó el 11 de mayo de 2021 y refleja la situación del empleo, el mercado laboral y los ingresos de los hogares durante la última semana de abril. La relevancia de esta encuesta es su oportunidad y su capacidad de anticipar los resultados del INE. En la encuesta UC, los datos de la última semana de abril se presentan prácticamente una semana después, en tanto la información similar del INE que cubra, por ejemplo, el trimestre móvil febrero-abril, la conoceremos recién a fines de mayo. El segundo rasgo relevante es que la información UC ha anticipado en un par de meses los datos y tendencias de las posteriores encuestas trimestrales del INE. Resumo los principales hallazgos de esta encuesta.

1. Recuperación muy modesta del empleo

El empleo en abril ascendió a 7,8 millones, exhibiendo por primera vez un aumento en 12 meses. En todo caso, es un modesto incremento de 51.000 ocupaciones, un incremento de 0,7%. El último dato de Imacec es el de marzo 2021 (incremento de 6,4%) y, dada la bajísima base de comparación de abril 2020 (caída de 14%), lo más probable es que el dato Imacec de abril muestra un incremento de 12-14%. Por ende, es inquietante que, con una expansión importante del Imacec en marzo y abril, la generación de empleos sea prácticamente nula.

La caída en empleos fue de 2,4 millones en julio 2020 respecto de inicios de ese año. Entre julio 2020 y abril 2021 se habrían recuperado 1,1 millón de empleos, restando por tanto recuperar 1,3 millones de puestos de trabajo. Por tanto, respecto de la gigantesca pérdida de empleos se ha recuperado solo el 46% de ellos. Es decir, en 9 meses se ha recuperado poco menos de la mitad de los empleos perdidos.

2. Preocupa la estructura del empleo que se está gestando

De esos 1,1 millones de empleos recuperados, solo 267 mil responden a empleos asalariados (24,5%); 813 mil empleos son independientes (74,5%) y 9 mil corresponden a trabajadoras de casa particular (0,8%).

Lamentablemente la encuesta no desglosa adecuadamente la categoría de “independientes”. Consultado el director de la encuesta, respondió que esa categoría incluye mayoritariamente a trabajadores por cuenta propia, empleadores y familiares no remunerados, por ende, tres subcategorías de trabajo precario o sin cotizaciones previsionales. Muy minoritariamente también incluye a profesionales y otros de altos ingresos.

Esta recuperación de empleos muestra una estructura muy preocupante, ya que sólo ¼ de ellos corresponde a empleos asalariados. Investigaciones posteriores deberán confirmar la hipótesis de una eventual “uberización” de la fuerza de trabajo, es decir, empleos altamente precarios, sin contrato, sin prestaciones laborales. De persistir esta tendencia, la estructura del empleo pospandemia representará un claro retroceso laboral, pues muchos otrora empleos asalariados serán reemplazados por empleos precarios, vulnerables, sin previsión ni derecho a la salud, sin derecho a negociación colectiva ni a otras prestaciones laborales.

No basta, por tanto, examinar solo el número de empleos creados. Es necesario preocuparse ya por la calidad de los empleos generados. Salir de la crisis con más empleos precarizados afectará el ritmo de los salarios y empeorará la distribución factorial del ingreso, es decir, la distribución del ingreso nacional entre ingresos del trabajo y ganancias del capital.

3. Fuerte caída en participación laboral femenina

La participación laboral femenina es otra de las grandes víctimas de la crisis. Este dato ya era malo antes de la crisis, pues esta tasa en Chile es la menor en América del Sur (solo superior a la de Argentina, dato probablemente explicado por el abultado “trabajo negro” en el país vecino). Según la encuesta UC, esta tasa era 63% en febrero 2020 y sería 53% en abril 2021. De nuevo, una brusca caída de 10 puntos en la participación laboral de la mujer en pocos meses solo da cuenta de la magnitud de la crisis. En los países nórdicos, esa tasa bordea el 80%.

4. La tasa de desempleo no recoge la magnitud del drama ocupacional

Sobre la población inactiva con deseos de trabajar, 1,4 millones dicen que habrían buscado trabajo si no se estuviese en pandemia.

Alrededor de 207 mil trabajadores (122 mil mujeres y 84 mil hombres) se han acogido a la Ley de Protección del Empleo.

Sobre las medidas de desempleo, la encuesta aporta indicadores interesantes:

  • (1) Tasa tradicional de desempleo: 7,8%.
  • (2) (1) +Inactivos que buscarían trabajo: 21,1%.
  • (3) (2) + trabaj. con suspensión de contrato: 23,6%.
  • (4) (2) + trabaj. con suspensión de contrato: 22,3%.

Estos datos convergen con la categoría SU3 que aporta el INE. Lo interesante es que ambas encuestas coinciden en indicar que la tasa efectiva de desempleo es cercana al 21% de la fuerza de trabajo. Recordemos que el valor SU3 del INE para el primer trimestre de 2021 es 21,3%. Con una fuerza de trabajo de 9,8 millones en el trimestre previo a la aparición del COVID y una tasa SU3 de 15%, eso significa que el desafío ocupacional alude a generar alrededor de 1,5 millones de empleos adicionales. De esto se desprende que restaurar la herida en el mercado laboral tomará varios años. Esa además ha sido la experiencia en crisis previas, tales como la de 1982-83 y la de 1989.

5. Persiste fuerte caída en ingreso de los hogares

El 59% de los TCP y empleadores indicaron a fines de abril que sus ingresos seguían bajo el nivel que mantenían antes del inicio de la pandemia. La mediana de esa caída de ingresos es de 50%. Se trata de una caída histórica en plazos muy breves. Considerando que, en el año 2019, los datos mostraban que:

  • El 50% de las personas ocupadas percibía ingresos iguales o menores a $401.000.
  • El ingreso medio nacional fue de $620.528.
  • 72,4% de las personas ocupadas recibió ingresos menores o iguales a $620.528.
  • La mediana de ingresos familiares fue $ 849.343.

El 17% de los hogares manifiesta enfrentar una situación complicada de deuda y un 36% dice enfrentara una medianamente complicada. El 23% de los hogares no consigue cubrir todos sus gastos y cuentas y la situación viene empeorando desde diciembre 2020.

Conclusión

La situación laboral y de ingresos sigue siendo altamente crítica. Cerca del 60% de las familias está enfrentando situaciones muy complicadas. Esto justifica con creces la necesidad y la urgencia de una Renta Básica de Emergencia.

Las ayudas del Gobierno han sido demasiado limitadas hasta marzo del 2021 (2% del PIB) y el Gobierno no estaba percibiendo la magnitud de la crisis económica y social. Es probable que la acción opositora coordinada en torno a acuerdos mínimos en apoyo a las familias, pueda modificar en algo esta situación. Sin embargo, el desafío ocupacional y de ingresos persistirá más allá de 2021, pues ello tiene que ver con: i) recuperar la capacidad productiva perdida; ii) de allí en adelante sostener mayores tasas de crecimiento, mejorando desempeños en productividad, innovación y sustentabilidad; y iii) conseguirlo de la mano con empleos dignos y productivos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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