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Predicciones

por 26 junio, 2022

Predicciones

Crédito: Agencia Uno

Las encuestas sobre el resultado del plebiscito de salida no entregan luces claras y las tendencias se encuentran dentro del margen de error. Pero si caemos en la tentación de hacer predicciones, mi hipótesis es que triunfará el apruebo en una votación estrecha y que la victoria no se explicará tanto por méritos propios, sino debido a que el rechazo no tiene como crecer lo suficiente para llegar a más del 50%.
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Quedan poco menos de dos semanas para el fin de las actividades de la convención constitucional y poco más de dos meses para el plebiscito que dirimirá el juicio ciudadano sobre su trabajo. A estas alturas queda la decisión más importante de todas, pero hay también varias cuestiones que se han ido aclarando.

Por ejemplo, si bien quedan preocupaciones genuinas respecto temas como normas transitorias y sistema judicial, parece haber creciente acuerdo entre los expertos en distintas materias sobre que el texto final de la nueva constitución no incluye la mayoría de las excentricidades que en algún momento se debatieron. No sabemos, por otro lado, cuánto de lo que hay en el texto se ajusta o no a las expectativas sociales que se tenían al momento de instalación de la convención. También hay certeza respecto de que la evaluación ciudadana del comportamiento de los convencionales es tan negativa que lo mejor que le puede pasar a la campaña apruebo es justamente la disolución de la convención – cuestión que va a suceder de todos modos una vez hecha la entrega del texto – y que los convencionales decidan guardar pudoroso silencio hasta pasado el plebiscito de septiembre – cuestión que evidentemente no va a suceder.

Las encuestas sobre el resultado del plebiscito de salida no entregan luces claras y las tendencias se encuentran dentro del margen de error. Pero si caemos en la tentación de hacer predicciones, mi hipótesis es que triunfará el apruebo en una votación estrecha y que la victoria no se explicará tanto por méritos propios, sino debido a que el rechazo no tiene como crecer lo suficiente para llegar a más del 50%. Me parece que hay al menos cuatro argumentos en esa dirección.

(1) El apruebo comienza con un 80% de apoyo en el plebiscito de entrada, por lo que realmente inicia esta última parte del partido ganando 3-0. Con todo lo desilusionante que para muchos ha sido el proceso, la convención sacó adelante su tarea en los plazos, no se vio envuelta en escándalos permanentes e incluso su autocomplacencia terminó transformada en otro ruido disonante más en un ambiente político ya saturado de contaminación acústica.

(2) Durante todo el funcionamiento de la convención, la actitud de la derecha política, tanto sus partidos como la gran mayoría de sus convencionales, fue la de restarse permanentemente de las discusiones. Relegados a una posición marginal por su mal resultado en la elección de constituyentes, estuvieron dedicados a ensuciar el proceso antes que de aportar. La decisión política de no haberse incorporado de buena fe al momento constituyente deja a sus partidos mal parados para liderar la campaña del rechazo.

(3) La reintroducción del voto obligatorio aumentará la participación electoral, sobre todo entre votantes jóvenes y de clase media baja que debiesen preferir el apruebo. Incluso sin poder estimar con claridad cuánto habrá finalmente de aumentar la participación, es difícil proyectar que ese apoyo electoral se vaya a volcar lo suficiente hacia el rechazo.

(4) En un electorado de intereses fragmentados hay muchas razones débiles para votar apruebo y pocas razones fuertes para votar rechazo. Al apruebo debiese bastarle con apelar a quienes están interesados en un derecho social específico (salud, educación o pensiones), un tema específico (medioambiente o igualdad de género) o pertenezcan a alguna minoría. En cualquiera de esos casos específicos, la nueva constitución debiese ser vista como un avance en relación con la actual y ello ser razón suficiente para aprobar. Al rechazo, por el contrario, solo le queda apelar a un relato general donde la nueva constitución es peor que la actual en todos los sentidos – cuestión difícil de hacer creíble en medio de una crisis económica tan severa como la que vivimos. Puede también intentar construir una imagen de país idílico previo a octubre de 2019, en cuyo parecerá que se olvidaron ya las causas del estallido.



La buena noticia para el apruebo es que no parece necesitar una gran mística o ideas geniales, sino que para sacar adelante su tarea debiese bastarle con no hacerlo pésimo. Otra cosa es qué pasará si el resultado es muy apretado, ni qué decir de las explicaciones que habrán de dar si aun con tanto a favor pierden el plebiscito. Pero la responsabilidad principal será la de administrar lo que suceda a contar del 5 de septiembre.

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