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La imprecisión de «¿quién gana?» Opinión

La imprecisión de «¿quién gana?»

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Marta Lagos
Por : Marta Lagos Encuestadora, directora de Latinobarómetro y de MORI Chile.
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No es con alegría que estimo que, en materia de encuestas, estamos estancados en las profundidades de una crisis de representación política, que maximiza y le interesa solo el poder, siendo usados como la “mano del gato”, donde entre las cosas en que no se ha avanzado es en el desarrollo encuestológico. Si las encuestas electorales en una sociedad moderna no aciertan a las elecciones, la industria completa pierde capacidad de reflejar la realidad. Estoy cierta de que en nuestra sociedad tradicional mil voces saldrían a contradecir aquello diciendo que “no tiene nada que ver”. Es por todo lo anterior que la imprecisión nos dice hoy que gana el Rechazo, de verdad no sabemos por cuánto ni tampoco sabemos cuántos irán a votar. Para saber algo más, necesitaríamos al menos dos encuestas enteramente comparables que digan lo mismo. De otra manera, es alta la probabilidad de que estemos equivocados.


En la lógica de un sistema político atrasado y en crisis como el chileno las encuestas no juegan un rol, como en las sociedades modernas, de intentar apuntar al resultado de una elección con precisión. Todo está instalado para que la aspiración sea que la encuesta acierte a identificar al ganador. Es como ir a comer a un restaurante y tener la expectativa de alimentarse sin enfermarse. Qué deprimente.

A un mes del plebiscito constitucional, la elección más importante que ha tenido Chile desde 1988, se han publicado 3 encuestas en el espacio de tres días, entre el viernes 5 y el domingo 7 de agosto, al inicio de la campaña electoral y de la franja televisiva, que reflejan esta situación. Las tres declaran ser encuestas nacionales con cobertura del país. Ello, sin embargo, no las hace necesariamente comparables.

 

La encuesta Cadem aplica una pregunta de “intención de voto” que no incluye: “no vota”, “vota nulo”, “vota en blanco”, es decir, en estricto rigor no es una pregunta de “intención de voto”, sino simplemente pregunta por Apruebo y Rechazo, dejando una categoría de residuo con los “no responde”. Cadem tampoco incluye preguntas para calcular el “votante probable”, es decir, hacer el cálculo del resultado del plebiscito entre los que efectivamente irán a votar, a sabiendas de que no votan todos. La hipótesis (2) detrás de esto es que da lo mismo. El cálculo no varía el resultado. Es decir, se puede anticipar el resultado sin eso. Cadem publica ahí la intención de voto de todos los votantes, sin distinguir entre los que votan, no votan, votan nulo, blanco.

Las otras dos encuestas, Pulso Ciudadano y FIEL-MORI, aplican la pregunta intención de voto propiamente tal y preguntas adicionales para saber quiénes van a votar, calculando el “votante probable”.

Primero, para poder comparar cosas equivalentes, compararemos el resultado del total de los chilenos, como si todos fueran a votar. Cadem publica que hay 10 puntos porcentuales de distancia entre el Apruebo y el Rechazo. (37% – 47%.). Pulso ciudadano señala que hay 15 puntos porcentuales respecto de todo el universo de 15 millones (30% – 45%). FIEL MORI no publica cifras para los 15 millones, solo votante probable. Entre Cadem y Pulso Ciudadano hay 5 puntos de distancia, lo que podría estar explicado por la diferencia de la pregunta. En realidad, no sabemos por qué y no parece interesarle a nadie. A lo mejor se considera que cinco puntos es poca cosa.

Luego comparamos los resultados de los “votantes probables” (no se puede comparar con Cadem porque no lo calcula). Pulso Ciudadano publica un 59% de votantes probables, con 8,9 millones de chilenos que estarían llegando a las urnas a votar y un resultado de 56%/44% para el Rechazo/Apruebo. respectivamente. FIEL MORI publica un 86% de votantes probables con 12,9 millones de chilenos que llegarían a votar con un 52%/48% para el Rechazo/Apruebo, respectivamente (sobre base 100; los números publicados son 47%/44%, sin base 100). Estas dos encuestas, que son más similares entre sí, tanto en número de entrevistas como en el hecho de calcular el votante probable, tienen grandes diferencias en cuántos chilenos irían a votar y tienen 4 puntos de distancia en la estimación de intención de voto.

Finalmente, Cadem también publica el resultado de su pregunta basado en 15 millones de votantes, con base 100, dando 56%/44% al Rechazo/Apruebo, respectivamente. Estos números son idénticos (¿casualmente?) con el cálculo de 8,9 millones que publica Pulso Cuidadano. De acuerdo a una encuesta (Cadem), estaría votando un número indeterminado de chilenos, en Pulso ciudadano solo 8,9 millones, pero en ambos casos el resultado del plebiscito es el mismo (al 7 de agosto, un mes antes de la elección). Claramente, si bien el numero es idéntico, no se puede comparar porque la comparación con el cálculo base 100 de Pulso Ciudadano dice que, para el total del universo de 15 millones, la proyección es 60%/40% Rechazo/Apruebo, respectivamente, 20 puntos porcentuales de distancia entre el Rechazo y el Apruebo. A estas alturas me disculpo por la confusión obvia que pueda tener el lector, con tanto número tan distinto.

¿Da lo mismo cómo se hace la pregunta? ¿Da lo mismo cuánta gente vota? ¿Lo único interesante es comparar los números, sin importar cómo se calculan? Mas allá de la conclusión obvia de estas tres mediciones de que gana el Rechazo, son tres los escenarios: el primero es que el Rechazo puede ganar por cuatro puntos con altísima participación electoral, con una revolución participatoria; el segundo es que el Rechazo gane por ocho puntos con una bajísima participación electoral; el tercero es que el Rechazo gane por 8 puntos cuando votan todos o una cantidad indeterminada de votantes. ¿De verdad da lo mismo?

Si el Rechazo gana con 12 millones de participación electoral será contundentemente legítimo y sólido el resultado. Muy distinto si gana con 8/9 millones, dejando a más de 6 millones sin haber expresado su opinión (y pueden expresar su opinión en la calle porque patearon la elección), eso debilitaría el sistema político, aumentando la conflictividad. Finalmente, si el Rechazo gana sin importar cuánta gente vaya a votar, implica que tanto en el análisis como en la estrategia de los que usan esa encuesta, la participación electoral es irrelevante. ¿No se trata de convocar sino solo de ganar?

Pero todas esas reflexiones sobre las diferencias, y las implicancias de esas diferencias no parecen ser relevantes para las discusiones de los actores políticos y sociales y la agenda informativa, que solo le interesa un número, saber quién gana. Es una política orientada solo al poder, “quién gana” domina el actuar político, quién gana en el argumento, quién gana en rating, quién gana en poder, quién gana las elecciones. La Convención Constitucional sufrió el mismo mal, intentaban “ganar” cada cual en su universo sin importar su lugar en el futuro de Chile. Es así como nadie se preocupó del sistema político y su desarrollo, los partidos políticos, las reglas de competencia electoral… ¿La maximización del “bien común” no está en el ethos de la política chilena, solo la maximización del poder, la lucha por el poder? La superioridad moral de la izquierda al inicio de la transición se derrumba en la medida que no logra cambiar la agenda de la maximización del poder por la maximización del bien común. Esta elección se da una vez más solamente sobre la maximización del poder, a pesar de la llegada de la nueva elite.

En los estadios hay todos los días docenas de periodistas especializados en fútbol para relatar los detalles más íntimos, en las elecciones ¿dónde están los periodistas especialistas en encuestas para diseccionar sus diferencias y analizar sus consecuencias? No conozco ningún periodista especializado en encuestas en Chile. Ni uno. Hay decenas de periodistas expertos en política, pero no en encuestas. Un indicador brutal de que no son las encuestas las que interesan, sino su uso político para fines de la política, de la lucha por el poder. Las discusiones sobre las encuestas (sus métodos) se dan en cada elección tan idénticas que uno se pregunta hasta qué punto no es como el tiempo cíclico de Aureliano Buendía. Realmente patético cómo se repiten argumentos casi idénticos a los de 30 años atrás. Ni el Estado ha sido capaz en estos 30 años de producir un estándar mínimo para estudios pagados con nuestros impuestos. El Estado produce encuestas tipo “Rolls-Royce” en algunas políticas públicas, en otras son como los “anticuchos de carne de otros animales» que venden en la calle.

En este contexto, ni los actores políticos y sociales, ni los periodistas especialistas en política, ni medios están interesados en las encuestas, solo en los números: quién gana. Es lo único que se menciona, como si fueran comparables, equivalentes. Un fenómeno que ya Octavio Paz describía en su Laberinto de la Soledad: “Ellos aspiran a la perfección (los del norte), nosotros a la redención (los del sur)”.

A ello se le suma la manera en que se llama a los encuestadores al pizarrón. En la ausencia de experticia, muchas veces no se distingue cuáles son las encuestas que hay que llevar al pizarrón y se puede llegar al absurdo de castigar una encuesta porque no acertó al ganador en un resultado publicado en julio, cuando la elección es en noviembre.

No menos brutal es la comunicación de los resultados de lo publicado que se transforma en una ensalada rusa. Hace pocos minutos veía en el banner inferior de la pantalla de Televisión CNN: “Pulso ciudadano 14 puntos de ventaja para el Rechazo”. Difícil, por no decir casi imposible, que el resultado de la elección sea 14 puntos entre las dos posiciones (si llegara a ser ese el resultado, estos números no lo estarían indicando), pero en fin, ¿qué intenta comunicar ese medio, cuando esa misma encuestadora publicó que su resultado proyectado con votante probable es 56%/44% ganando el Rechazo? ¿Es culpa de nosotros los encuestadores por publicar tanta información (que los propios medios no expertos no logran distinguir), o es culpa de la sospecha y de la desconfianza? Porque ¡ay del pobre que no se desnude con detalles para probar su transparencia frente a un medio/periodista que no sabe por qué una encuesta publica tasa de respuesta y la otra no, y llama con tono inquisidor y casi acusando cuando no encuentra un número que le pareció que debía estar! Algo no funciona. La sospecha detrás es que los datos “se venden” al que los paga, etc. Son parte de la descomposición del sistema político con base en la desconfianza total.

¿Qué le interesa publicar al medio de comunicación como noticia? ¿El número que más le conviene para ayudarle a fijar la agenda que le gusta? ¿Encontraremos más veces el titular “Rechazo gana por 15 puntos al Apruebo” en medios más partisanos con el Rechazo…? ¿El número que el encuestador dice que es el resultado de la elección? Claramente el desorden de números publicados solo pueden llevar a confundir al público y para qué decir sentar las bases para que después se les diga: “Usted dijo que la diferencia era 14 puntos cuando fueron 8”. Ahí empiezan a valer las convenciones, la autorregulación, los estándares, creados precisamente para comunicarse con el público y resguardar la integridad del instrumento y de la industria. Porque convengamos que, si se publican aleatoria y simultáneamente las diferencias entre el Apruebo y el Rechazo que salen de estas tres encuestas, que son 20, 15, 10, 8, 4 y 3, las que pierden en primer lugar son las encuestas. Al final del día cada encuestadora es libre de pronosticar lo que decida y resumiendo aquí lo que se pronostica es que el Rechazo gana por 8 puntos o por 4 puntos, con total incertidumbre de cuántos irán a votar, ya que los números son demasiado dispares.

En un país moderno, lo que se publicaría y difundiría sería una sola cosa, llevando seguramente a grandes discusiones de por qué la estimación de participación electoral es mucho más dispar que la proyección misma.

En otras palabras, el público basa su confianza, en un país moderno, en que los métodos son equivalentes y lo único que hay que comparar es la proyección del voto. Y cuando hay errores mancomunados de la industria, se saca un informe científico hecho por una comisión investigadora que extrae conclusiones y propone mejoras para el futuro. ¿Aquí eso sería considerado “innecesario”? En 35 años no he visto una comisión de expertos para hacer un informe independiente con los errores de las encuestas, empezando por el fracaso del “exit poll” de 1993 de TVN/CEP Adimark, que mas bien terminó con la alianza CEP Adimark y con los exist polls que en Chile desaparecieron de la faz de la tierra. El tema se abordó por el lado “privado” de cada actor y no el tema público del bien común. Según el actual Servel estarían prohibidos. Así se han enfrentado errores de encuestas en Chile. O bien con comisiones de la Cámara que quieren “controlar” (el impacto de) las encuestas, confirmando con ello la tesis del control del “poder” y legislando para prohibirlas, ante la imposibilidad de “imponerles” integridad.

No es con alegría que estimo que, en materia de encuestas, estamos estancados en las profundidades de una crisis de representación política, que maximiza y le interesa solo el poder, siendo usados como la “mano del gato”, donde entre las cosas en que no se ha avanzado es en el desarrollo encuestológico. Si las encuestas electorales en una sociedad moderna no aciertan a las elecciones, la industria completa pierde capacidad de reflejar la realidad. Estoy cierta de que en nuestra sociedad tradicional mil voces saldrían a contradecir aquello diciendo que “no tiene nada que ver”.

Es por todo lo anterior que la imprecisión nos dice hoy que gana el Rechazo, de verdad no sabemos por cuánto ni tampoco sabemos cuántos irán a votar. Para saber algo más, necesitaríamos al menos dos encuestas enteramente comparables que digan lo mismo. De otra manera, es alta la probabilidad de que estemos equivocados.

1. Este resultado proyectado, como si fuera un pronóstico, 52%/48% no lo publica FIEL MORI, porque no es un pronóstico, a un mes de la elección estimamos que no se puede hacer un pronóstico. El resultado publicado es 47%/44%.
2. Si Cadem con 700 casos y sin pregunta de intención de voto puede pronosticar correctamente el resultado de la elección, debe comunicar eso a la comunidad académica y científica porque se trata de un hallazgo mayor. Ahora bien, si para poder pronosticar tiene que aumentar el número de entrevistas, aumentar la tasa de respuesta y hacer la pregunta de intención de voto, entonces es otra cosa.
  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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