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Pablo Bereciartua, presidente de GWP y críticas a la COP27: “Es el mejor instrumento a nivel global de discusión y de negociación que tenemos, así que no nos va a quedar otra que mejorarlo”

por 21 noviembre, 2022

Pablo Bereciartua, presidente de GWP y críticas a la COP27: “Es el mejor instrumento a nivel global de discusión y de negociación que tenemos, así que no nos va a quedar otra que mejorarlo”
Acaba de finalizar la COP27, donde quedó claro que las metas 2030 están muy lejos de cumplirse, en parte por la falta de compromiso de los países desarrollados, que en definitiva son los que más contaminan. Sin embargo, quienes trabajan en y por el agua quedaron con un gusto positivo, porque por primera vez en la historia de la Conferencia el agua ingresó como tema relevante en la Cumbre de Presidentes, tuvo su propio pabellón y se registraron metas concretas al respecto. Además, se instaló en la agenda principal la adaptación, es decir, pasar de la vulnerabilidad a la resiliencia. Pero el gran punto sigue siendo hacerse cargo económicamente del tema.
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Son las 5 de la tarde en Egipto y, en medio de reuniones y conferencias, Pablo Bereciartua, presidente de la Asociación Mundial para el Agua –Global Water Partnership (GWP)–, responde el teléfono. Exsecretario de Infraestructura y Agua de Argentina y un firme defensor de la adaptación inteligente, como presidente de la Agencia de Planificación Hidráulica del Área Metropolitana de Buenos Aires, también estuvo a cargo de definir el servicio de abastecimiento de agua y saneamiento para 14 millones de personas. Es profesor de la Universidad de Buenos Aires y exdecano del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Además, es miembro del Consejo Asesor de EIT Climate-KIC y del Comité Directivo del Simposio Internacional sobre Infraestructuras de Próxima Generación (ISNGI).

Más allá de las polémicas y los balances poco auspiciosos sobre financiamientos y de llegar a acuerdos con los países desarrollados, destaca que en esta COP, por primera vez, el agua pasó a ser un tema relevante. “Podemos decir que será recordada como la COP del agua y donde se instaló el tema de adaptación”, señala.

-¿Cómo es que el agua ha estado fuera tanto tiempo?
-Hasta ahora las COP han sido un ámbito de discusión y de negociación entre los países con mucho foco en la mitigación, en la reducción de gases de efecto invernadero que generan el cambio climático. Pero en todos estos años no se había avanzado en tratar, de manera profunda y seria, la adaptación. Lo que significa trabajar en resolver las consecuencias del cambio climático; la mitigación solo atiende a las causas. Y las alteraciones principalmente están dadas en la alteración del ciclo hidrológico. Las consecuencias del cambio climático se manifiestan en el agua: basta ver cuántas inundaciones, sequías y otros fenómenos hemos tenido este año.

Y continúa: “Parece obvio, pero por primera vez el agua fue incluida en la Cumbre de los Presidentes. Por vez primera ha habido varios países empujando para que se trate el financiamiento de la adaptación; ahí están Senegal, España, que lideraron una alianza de resiliencia frente a las sequías y eso fue un hito muy importante. ¡Por primera vez hubo un Water Pavilion!, una zona azul dedicada al agua y también una zona verde dedicada a la resiliencia. Agrego otro punto: se elaboró un documento formal de la COP donde se nombró el agua con la adaptación como prioridad para los próximos encuentros en Dubái y Australia. Esta COP marca un giro de agenda para darle importancia al agua”.

-En simple: se pasó desde el aire (causas) hacia la tierra donde está el agua (consecuencias).
-Exacto. Hasta ahora los compromisos han sido siempre en mitigación. En las próximas COP, entre los objetivos de los países, se incluirá no solo reducir las emisiones, también deberán resolver la adaptación.

-¿Se refiere a daños y perjuicios?
-Exactamente es lo que se ha discutido. Hay que financiar eso. Cuando hablamos de pérdidas y daños, muchos de ellos tienen que ver con el agua, los fenómenos hídricos generan impacto directo en la economía, por lo tanto, ahí hay un gran desafío de cómo crear procesos, transitar a la eficiencia del uso del agua y/o el financiamiento de los privados en infraestructura que ayude al cambio de tecnología y a gestionar de mejor manera el agua. Para ello hay que involucrar a los mercados. Si somos capaces de crear mercados que tengan que ver con pérdidas y daños, esos mercados pueden ayudar a financiar el cambio tecnológico y la innovación, por ejemplo, con apoyo a las startups que usen datos para manejar el agua.

-Estamos a medio camino desde que en 2015 se definieron las metas 2030, ¿llegamos?
-No llegamos. Por eso en los 7 años que nos quedan debe haber un cambio importante. El 2022 ha sido récord en el impacto climático, hemos visto sequías extraordinarias, tres fenómenos de La Niña seguidos y lo mismo ha pasado con las inundaciones. La parte positiva es que llevará a que la agenda de adaptación crezca. Lo que va a suceder en las próximas COP son las negociaciones entre los gobiernos y los privados, incluyendo a los bancos. Los fondos de inversión en agua van a crecer, es un gran desafío hacerlo bien, habrá que transitar una curva de aprendizaje porque son mercados que no son perfectos.

-Si no llegamos al 2030, ¿qué nos espera?
-Es bueno mirar para atrás para comprender el futuro. Tuvimos las que se llamaron las metas del milenio, que se acordaron el 2002 y que, sobre todo, estaban basadas en el financiamiento del sector público. Esas metas, en muchos países, no se alcanzaron y dieron origen a las metas de desarrollo sustentable y sostenible del 2015 con horizonte en 2030; ahí se incorporó una visión multisectorial y una idea de participación del financiamiento privado. Hacia 2030 se van a reformular las metas partiendo de la base de que no se logró limitar a 1,5 ºC el calentamiento. Sabemos que ese objetivo no se podrá cumplir, de hecho, el planeta ya está en 1,1 ºC y se ha venido acelerando el calentamiento. Las nuevas metas van a ser más concretas en términos de la mitigación y la participación de privados.



-Sin embargo, las grandes economías se resisten a comprometerse con la adaptación. De hecho, los más contaminantes, EE.UU., Rusia, China, India, suelen ausentarse de las reuniones donde se hacen acuerdos.
-Es una realidad. La adaptación significa financiamiento y pérdidas y daños, y los gobiernos tienden a tener mucha prudencia frente a eso, porque significa un impacto real sobre sus presupuestos y políticas. Es verdad que se cuestiona su éxito y la COP como cumbre ha tenido muchas críticas, pero es el mejor instrumento a nivel global de discusión y de negociación que tenemos, así que no nos va a quedar otra que mejorarlo. Por eso festejo los aspectos positivos, pero creo que la presión sobre la COP y sobre los países principales que no se hacen responsables será creciente, porque, a medida que pasan los años, estaremos viendo consecuencias graves del cambio climático, mucho antes de lo que habíamos imaginado.

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