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Terminemos con la montaña rusa

por 5 diciembre, 2022

Terminemos con la montaña rusa

Créditos: Agencia Uno (referencial)

Esta montaña comenzó con un acelerado y vertiginoso descenso a inicios del 2020, con la llegada del COVID-19. El contagioso virus nos obligó a implementar fuertes restricciones sanitarias que dificultaron o impidieron la realización de varias actividades económicas. ¿Resultado? Durante el 2020 el PIB chileno (la suma de la producción de bienes y servicios de todo el país) tuvo una caída de 5,8%, la mayor recesión económica de Chile de los últimos 40 años, con una pérdida del 20% de los empleos.
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¡Qué años hemos vivido los chilenos en el último tiempo! Si tuviera que describir los últimos tres, diría que nuestra economía se ha comportado como una montaña rusa, con fuertes caídas y fuertes subidas.

Esta montaña comenzó con un acelerado y vertiginoso descenso a inicios del 2020, con la llegada del COVID-19. El contagioso virus nos obligó a implementar fuertes restricciones sanitarias que dificultaron o impidieron la realización de varias actividades económicas. ¿Resultado? Durante el 2020 el PIB chileno (la suma de la producción de bienes y servicios de todo el país) tuvo una caída de 5,8%, la mayor recesión económica de Chile de los últimos 40 años, con una pérdida del 20% de los empleos.

Luego, a fines del 2020 y durante el 2021, los hogares chilenos experimentaron una inédita inyección de ingresos, nunca vista en nuestra historia, y también única a nivel internacional: a través de los tres retiros de los fondos de pensiones, sumado esto a los bonos estatales, los hogares chilenos recibieron de forma líquida, listos para ser gastados, 85.000 millones de dólares. Esto equivale al 30% del PIB nacional. ¿Resultado? Esta descomunal masa de ingresos logró que el descenso de la montaña rusa se convirtiera en un pronunciado ascenso: el consumo privado de los hogares estimuló la actividad económica, y el PIB de Chile creció un 11,7% durante el 2021, la mayor alza anual en la historia del país.

Así, durante el 2021, los chilenos vivimos una fiesta con mucha comida, alcohol y música. Pero, lamentablemente, no existe la fiesta eterna, en algún minuto se debe cortar la música y el carro de la montaña rusa debe descender a los niveles normales. Y mientras mayor es el carrete, también más fuerte es la caña al día siguiente. ¿Cuál ha sido la caña para los chilenos? El fuerte aumento de precios experimentado durante el 2022, la famosa inflación. Se proyecta que la inflación será un 12% a diciembre de este año. Para ponerlo en perspectiva: los chilenos estamos acostumbrados a que los precios durante un año aumenten en un 3%. Durante este año el aumento fue cuatro veces respecto a un año normal.

¿Cómo vencemos esta caña que está quemando el poder adquisitivo de los hogares? Ahí entra a la cancha el Banco Central. Si la alta inflación actual fue producto del exceso de consumo, para contralarla la solución es obvia: se debe incentivar el ahorro y desincentivar el consumo y la inversión. Para esto, el Central aumenta la Tasa de Política Monetaria (TPM), lo que encarece los créditos en la economía para las empresas y los hogares. Pero controlar la inflación con el aumento de la TPM contrae la economía en el corto plazo: cae el consumo de bienes y servicios, cae la inversión, se desacelera la creación de empleos. A este efecto hay que agregarle que los retiros previsionales redujeron la inversión del país, es decir, redujeron los recursos disponibles que financian la actividad económica.

Ya estamos sintiendo las consecuencias. Los dos últimos meses, el Imacec ha mostrado una caída en la actividad económica respecto al año anterior, el empleo formal lleva dos meses contrayéndose y se proyecta que la inversión este año tenga una caída de 3,3%. Y la deceleración será mayor el próximo año. Si bien en el 2022 el PIB habrá crecido entre 1,75% y 2,25%, se proyecta que para el 2023 el PIB tendrá un crecimiento negativo, entre -1,5% y -0,5%, y la inversión caerá en un 4,6%.

Ante esta desaceleración de la economía para el 2023, la tentación será combatirla a través de un nuevo retiro de los fondos de pensiones. Esto sería una pésima idea. Un nuevo retiro sería volver a la montaña rusa y ya sabemos en que termina eso: menos recursos para financiar la actividad económica, en un desgaste institucional que aporte más a la incertidumbre del país y en un alza de precios que solo se podrá controlar con un aumento de la TPM que contrae más el consumo, la inversión y el empleo. Pero más importante, estaremos más lejos de mejorar nuestras pensiones.

Evitemos los retiros y no nos subamos nuevamente a la montaña rusa. Un Congreso que logré detenerlos será señal de que están más preocupados de su país que de su propia popularidad en el corto plazo.

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