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Conciencia M

La nueva apuesta por el algodón orgánico regenerativo que se abre camino dentro del mundo textil 

por 11 enero, 2021

La nueva apuesta por el algodón orgánico regenerativo que se abre camino dentro del mundo textil 
Para producir 1 kg de algodón – equivalente a una camiseta y par de jeans – se utilizan 20.000 litros de agua. Pero eso no es todo, ya que esta industria presenta un alto consumo de productos como fertilizantes solubles y pesticidas, impactando significativamente a los suelos y a toda la biodiversidad asociada. Así, al igual como ocurre con la producción de alimentos, el modelo convencional de agricultura para la obtención de fibras ha generado numerosos impactos ambientales y sociales, por lo que distintas marcas han comenzado a apostar por el algodón orgánico sustentable. 
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La agricultura convencional está basada en fertilizantes solubles y en pesticidas. Además, el suelo está expuesto constantemente a arados profundos, que junto con la utilización de fertilizantes sintéticos y pesticidas, generan la pérdida de la materia orgánica del suelo, lo que trae serias implicancias para el medio ambiente y el cambio climático. El uso de la tierra para fines agrícolas, silvícolas y de otra índole generan alrededor del 23% de las emisiones de gases de efecto invernadero, como dióxido de carbono, metano, entre otros, según recoge el informe de 2019 publicado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

Una pradera sana requiere que el suelo contenga los minerales y microorganismos adecuados para su desarrollo. Para esto es esencial la materia orgánica, que por lo demás, es la principal responsable de la retención de agua en el suelo y proviene de la descomposición de los residuos de plantas, animales y microorganismos del subsuelo y micorriza (ambiente que rodea a las raíces).

Lo anterior ha motivado un mayor interés en el mundo por la producción de algodón orgánico regenerativo, y empresas como Patagonia, Kering y Prana, apuestan por este sistema agrícola que mantiene y restaura la fertilidad del suelo, sin el uso de pesticidas y fertilizantes tóxicos y persistentes. Además, se preocupa de fomentar un trabajo digno y un trato adecuado con los animales que participan en el proceso. 

El algodón en la mira

Para hacerse una idea, el algodón representa el 30% de las fibras consumidas en la industria textil a nivel mundial. De acuerdo con un reporte de la Organización de las Naciones Unidas de la Alimentación y la Agricultura (FAO), se estima que estos cultivos ocupan alrededor de 30 millones de hectáreas en todo el planeta, donde el 50% de la producción es bajo riego y constituye la fuente de ingreso de 350 millones de personas en toda su cadena de producción. Sin embargo, el cultivo de algodón es una de las producciones agrícolas que más insumos consume en el mundo, considerando por ejemplo alrededor del 25% de todos los insecticidas, según la International Cotton Advisory Committee (ICAC).

La Iniciativa de Comercio Sostenible (IDH) añade otro dato preocupante. Esta industria utiliza alrededor del 10% de todos los productos químicos agrícolas disponibles a nivel internacional, lo que se tradujo en una “sobredosis de fertilizantes” reflejada en 2011, cuando las algodoneras consumieron el 4% de todo el fertilizante nitrogenado en el mundo.

Además, tal como lo adelantamos en un inicio, el algodón requiere grandes cantidades de agua tanto para su cultivo como para su procesamiento. En muchos casos, el riego se utiliza en áreas donde los niveles normales de precipitación no coinciden ni suplen la demanda hídrica del cultivo, señala un reporte. Algunos métodos de riego no solo son ineficientes, sino que acarrean otros efectos como la salinización del suelo, la escasez hídrica y la contaminación de otros cuerpos de agua, como ríos.

En definitiva, el impacto de la agricultura industrial en el ecosistema no solo se traduce en la degradación de los suelos, disminuyendo su capacidad de producir alimentos o fibras, sino que también agrava la pérdida de biodiversidad y los efectos de la crisis climática que mantienen al planeta en vilo. Sin olvidar, además, el impacto en las comunidades humanas, ya que los agricultores de granjas convencionales están expuestos constantemente a venenos y pesticidas.

Actualmente, el algodón se cultiva en más de 100 países, aunque su producción se concentra en India, China, Estados Unidos, Pakistán y Brasil. En cuanto a la demanda de este material, China lidera el ranking como consumidor, seguido por India, Pakistán, Turquía y Bangladesh.

Como puede inferirse, en muchas ocasiones se atenta contra la salud y bienestar de las y los trabajadores, e incluso se han constatado condiciones laborales indignas y abusivas, siendo un ejemplo de ello el caso difundido hace poco sobre los trabajos forzados para la recolección de algodón en China. Esto nos recuerda que no hay sustentabilidad real sin justicia ambiental y social.

Suelo vivo 

Mientras que la producción convencional de algodón representa alrededor del 80% a nivel internacional, la de algodón orgánico constituye cerca de un 1% de la oferta mundial de esta fibra, principalmente en India.

La agricultura regenerativa va unos pasos más allá de la agricultura orgánica (bastantes pasos más). Además de omitir los productos químicos, la agricultura regenerativa tiene como objetivo regenerar los ecosistemas naturales buscando reponer y fortalecer la vida vegetal, la vida animal, el suelo y la naturaleza que lo rodea.

Uno puede pensar que el suelo pertenece a la misma categoría que algo que no vive, como una roca o un metal. Pero el suelo sano está lleno de microorganismos como hongos, bacterias y protozoos.

Al igual que necesitamos buenas bacterias para que nuestro sistema digestivo funcione sin problemas, el suelo necesita una comunidad de microorganismos que lo ayuden a cultivar plantas saludables, a secuestrar carbono y a absorber el agua adecuadamente. Algunos tipos de agricultura destruyen estas formas de vida microscópicas pero la agricultura regenerativa promete ayudar a reconstruirlas.

Camino a una producción textil responsable

La agricultura regenerativa ha visto su tracción más importante en el espacio de los alimentos naturales, pero las marcas de moda también están haciendo grandes avances.

En diciembre del 2020, Kering anunció una asociación con Savory Institute, una ONG dedicada al apoyo de la gestión holística de la tierra y las prácticas regenerativas. El objetivo de la asociación es ayudar a identificar y desarrollar una red de granjas que Kering puede usar para obtener cuero y fibras como cachemira, lana y algodón.

De la misma manera, Patagonia y Prana son otras dos marcas que apuestan por la  agricultura regenerativa. Ambos son aliados de la Alianza Orgánica Regenerativa, la cual en el 2017 creó la Certificación Orgánica Regenerativa, que tiene como pilares el bienestar animal basado en pastos, la equidad para los agricultores y trabajadores, y requisitos sólidos para la salud del suelo y el manejo de la tierra.  

Por un lado, Prana cuenta con la Certificación Orgánica Regenerativa, ya que su ropa es hecha 100% de algodón orgánico y por el otro, Patagonia lanzó una colección de ropa en julio del 2020 hecha 100% de algodón orgánico, con el objetivo de obtener el certificado. 

Considerando la mayúscula complejidad y relevancia de los suelos para la vida de todos, más vale que los alimentos y fibras – como el cotizado algodón – se pongan en sintonía con las apremiantes necesidades de esta época y la agricultura orgánica regenerativa se erige, sin duda, como una gran aliada.

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