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Opinión: Chile enfrenta una inflación preocupante

por 8 septiembre, 2015

Opinión: Chile enfrenta una inflación preocupante
El director para América Latina de la consultora cree que los datos revelados este martes por el INE ameritan una alza de tasa por parte del Banco Central, al encontrarse en un escenario donde es "mejor prevenir que lamentar".
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La inflación chilena ha vuelto a galopar a mayor velocidad ante la pasividad de las autoridades que incluso prolongaron la expansión monetaria a pesar de haber probado ser infectiva para levantar a la economía de su debilidad estructural.

Como bien lo hemos estado anticipando desde hace más de un año, las políticas expansivas están ocasionando un problema inflacionario porque la economía necesita de cambio estructurales no de estímulos transitorios de medidas expansivas. La realidad económica chilena muestra que la anemia del crecimiento tiene como causa la falta de inversión productiva, por lo que los estímulos de política solo generan distorsiones adicionales como inflación y desequilibrio externo real.

Así, las políticas fiscal y monetaria expansivas mantenidas desde la recesión del 2009 han desarrollado una inflación con raíces monetarias y que ha escalado por encima del límite superior de 4%. A pesar de ello, la política monetaria permanece pasiva bajo el argumento de que la actividad económica continúa debilitada. Sin embargo, en los últimos dos años la expansión monetaria ha probado ser infectiva para reactivar a la economía, presisamente porque la debilidad es estructural y no coyuntural.

Es por ello que las medidas expansivas puestas en marcha solo han estimulado a la absorción interna, pero no a la producción.

Estas medidas han generado presiones sobre el consumo pero no han reactivado a la inversión, por lo que inicialmente se reflejaron en mayores importaciones y más recientemente en inflación.

Sin embargo, la demanda adicional se ha satisfecho mayormente con importaciones de bienes de consumo, pero no con bienes de capital. De hecho, la continúa contracción de las importaciones de bienes de capital es evidencia de que la debilidad económica es el resultado de un problema estructural: la fuerte desinversión en la economía.

De esta forma, no es extraño que la inflación haya mostrado una tendencia creciente desde el año pasado, aún con una economía creciendo por abajo de su capacidad potencial. La inflación general ha subido desde un 2.8% a inicios del 2014 hasta 5.0% en agosto de este
año. Mientras que la inflación estructural –aquella que descuenta los precios de alimentos y energía– ha aumentado desde un 2.4% hasta 4.9% en el mismo periodo. Al mismo tiempo, la tasa de interés de referencia ha caído en 200 puntos base desde octubre del 2013. Esto en conjunto da evidencia de que la inflación contiene raíces monetarias.

Es cierto que la depreciación cambiaria ha afectado a la inflación en el año, sobre todo al encarecer los precios de los bienes comerciables. Sin embargo, la inflación de bienes no comerciables también se ha disparado, permaneciendo en alrededor de 5% en el año, lo cual confirma la presencia de presiones por el lado de la absorción interna.

Ante el creciente riesgo de una inflación galopante, sería saludable que el banco central actuara preventivamente para desactivar un potencial deterioro de las expectativas inflacionarias, particularmente ante el inminente agravamiento de la volatilidad financiera internacional. La recomendación es iniciar la normalización monetaria con un incremento inicial de la tasa de interés de 25 puntos base a más tardar en octubre. El emisor central no debe olvidar que siempre es mejor prevenir que lamentar.

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