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Defender lo impopular

por 12 mayo, 2016

Defender lo impopular
"La gente ha defendido a Uber en las redes sociales, tanto que algunos dicen que el ministro de Transportes Andrés Gómez-Lobo tendrá que moderar su postura inicial si no quiere perder popularidad. Es cierto, Uber encarna la modernidad, la transparencia, la accesibilidad, la meritocracia. Pero tan cierto como eso es que Uber profita del sistema de seguridad social. No se hace cargo de temas relevantes para el largo plazo, como son las imposiciones de salud y pensión, además de otras condiciones laborales. No por nada los taxistas son fiscalizados. Si todo fuera tan liberal como Uber, ¿por qué no liberar a los taxistas para que puedan competir mejor? Porque en el mediano plazo no es gratis. Así mucha gente que apoya las reformas laborales apoya a Uber, cuando ambas cosas son cercanas a lo opuesto, desde el punto de vista de derechos y obligaciones laborales".
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Estamos en un momento donde estar del lado de la mayoría parece ser la prioridad. Apoyar o por lo menos ser visto a favor de lo que la masa tiende a apoyar. Ya lo saben los diputados, senadores, alcaldes y ministros, quienes si no defienden lo que el pueblo abraza con facilidad, pierden puntos a gran velocidad en un mundo interconectado.

Pero solo apoyar lo popular es apoyar lo obvio, a menudo parcial. Las cosas nunca son tan blanco y negro. Y si dejamos de poner el punto discordante, no estamos ayudando a crear madurez social. Al contrario, estamos dando un paso hacia el populismo. Esa manera de gobernar donde el pueblo vive en la ilusión de democracia y progreso, mientras los poderosos son cada vez un círculo más cerrado y más rico.

Tomemos solo algunos ejemplos. La gente ha defendido a Uber en las redes sociales, tanto que algunos dicen que el ministro de Transportes Andrés Gómez-Lobo tendrá que moderar su postura inicial si no quiere perder popularidad. Es cierto, Uber encarna la modernidad, la transparencia, la accesibilidad, la meritocracia. Tampoco ha ayudado la forma violenta en que los taxistas han puesto sus puntos, apedreando los vehículos asociados al sistema. Pero tan cierto como eso (aunque no entra en la evaluación de la masa) es que Uber profita del sistema de seguridad social. No se hace cargo de temas relevantes para el largo plazo, como son las imposiciones de salud y pensión, además de otras condiciones laborales. No por nada los taxistas son fiscalizados. Si todo fuera tan liberal como Uber, ¿por qué no liberar a los taxistas para que puedan competir mejor? Porque en el mediano plazo no es gratis. Así mucha gente que apoya las reformas laborales apoya a Uber, cuando ambas cosas son cercanas a lo opuesto, desde el punto de vista de derechos y obligaciones laborales.

Pero para ver eso hay que escarbar un poco más profundo que lo obvio. Otro ejemplo es el debate por libertades condicionales. La postura obvia es la molestia frente a este tipo de medidas y el aumento de la delincuencia. La sensacion pública de impunidad de la que pueden gozar los delincuentes, quienes son liberados, versus el sentimiento de indefensión y vulnerabilidad de los ciudadanos comunes. Rabia. Tanta que nos podemos quedar ahí sin escarbar en otros temas de fondo, que también son ciertos, tanto como lo anterior.

La Defensoría Penal Pública, la institución del Estado que se encarga de la impopular misión de defender a los imputados, cuyo lema "sin defensa no hay justicia" representa la esencia de un proceso democrático de procesamiento penal, es decir, que los imputados puedan tener acceso a un juicio justo.

El Defensor Nacional señaló recientemente que "se está simplificando groseramente el debate por las libertades condicionales" (El Mercurio, 7 de mayo). Cita las cifras de Paz Ciudadana, donde el 23,8% de los condenados que acceden a libertad condicional reincide; en cambio, el 60% de los condenados que cumplen su pena completa en la cárcel vuelven a cometer delitos. Impopular. A la gran masa enojada que se siente indefensa no le gusta escuchar esto. Muchos reaccionarán desde la ira, descalificando y defendiendo su punto como si fuera el único, que aunque es cierto, lo es en parte.

Tan válido como es buscar sentirnos seguros en nuestra casa y nuestra ciudad, es también el hecho de que el sistema de justicia debe responder a un concepto de sociedad. Si solo miramos desde el miedo o la ira a estas personas que delinquen, pareciera que no son personas. Es mejor borrarlas y hacer como si desaparecieran. Pero no desaparecen.

El problema aumenta. Y esta reflexión es también parte de la ecuación que hay que poner en la mesa. ¿Cuál es el problema que tenemos que enfrentar como sociedad? Las soluciones obvias y fáciles generan ciclos históricos tipo péndulo, de un extremo a otro. Negar la realidad social que está detrás de la delincuencia, sin abordarla como parte del problema, genera divisiones sociales que tarde o temprano se reflejan en sismas políticos.

Ser más inteligentes colectivamente es llevar el debate a la profundidad que corresponde, salir de lo obvio y populista, la causa fácil de abrazar sin compromiso, que lleva al clientelismo, para ponernos de acuerdo sobre cuál es el problema de fondo que tenemos que enfrentar. Requiere coraje, pero vale la pena, aunque sea impopular.

Sergio Vergara

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