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Afirma que los “derechos sociales no existen”

Nicolás Ibáñez, azucarado, se suma a Büchi y advierte que tiene “todo preparado” para dejar Chile

por 8 julio, 2016

Nicolás Ibáñez, azucarado, se suma a Büchi y advierte que tiene “todo preparado” para dejar Chile
En entrevista con revista Capital, donde revela que perdió algunos dedos en su intento por subir al Everest –iniciativa que identificó como un respaldo a los adultos mayores–, afirma que está cerca de abandonar el país y cree que los empresarios deberían tributar afuera. El reservista de la Armada, que fue denunciado en 2002 por su ex mujer por violencia intrafamiliar y que financia la fundación liderada por Axel Kaiser, revela también su incomodidad con el Servicio de Impuestos Internos, organismo que –según el Mercurio– estaría investigando sus movidas impositivas.
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Tiene carácter y es locuaz, Nicolás Ibáñez Scott. Billonario ex controlador, junto a su hermano, de D&S –la cadena de supermercados dueña de Lider, hoy en manos de Walmart y acusada de colusión por la Fiscalía Nacional Económica (FNE)–, sigue levantando la voz contra el Gobierno de Bachelet.

En enero pasado se desató en una columna contra la autoridad. Esto, a propósito del requerimiento por colusión contra D&S por parte de la FNE.

Es impulsivo. En 2002 envió a comprar todos los diarios La Nación que traían la historia de violencia familiar que él protagonizaba, según denuncias de su ex mujer.

Tiene pasión. Desde hace tiempo financia la Fundación Para el Progreso, que dirige uno de los más duros liberales del país, Axel Kaiser, columnista de El Mercurio.

Ayer marcó un nuevo hito en su historial. En entrevista con la revista Capital –del grupo Claro–, se lanzó con todo contra el Gobierno, dijo que los derechos sociales “no existen” y anunció que ya evalúa seguir los pasos del ex ministro de Hacienda de la Dictadura, Hernán Büchi, quien hace poco anunció que dejaría de vivir en Chile, por los cambios que se están realizando en la administración actual de la nación y la investigación criminal contra políticos de las dos principales coaliciones, por el financiamiento ilegal desde las empresas.

Su pelea personal con el SII

La molestia del empresario parece tener una causalidad específica y económica: la reforma tributaria. En la entrevista se le pregunta qué es lo que considera que más afecta al país. Luego de señalar que quisiera que la derecha sea una alternativa de Gobierno para revertir las reformas que está efectuando Bachelet y el riesgo de populismo que ve en ellas, Ibáñez es consultado sobre el rol del Servicio de Impuestos Internos (SII) y su fiscalización de las boletas ideológicamente falsas.

El empresario entonces acusa “atisbos de abuso” del Servicio que dirige Fernando Barraza. La periodista indaga si habla a título personal. Ibáñez intenta evitar el tema específico, pero lo deja entrever: “No sé si podemos hablar de eso, pero puedo decir que lo he tenido que enfrentar personalmente. Eso, unido a los cambios en la filosofía tributaria del país, hace que Chile, claramente, sea una jurisdicción donde uno no debiera radicarse. Eso me da mucha pena como chileno”, reflexiona Ibáñez.

Aunque la entrevistadora no se lo menciona, Ibáñez no ahonda en el detalle de su molestia con el SII que fue develado por un artículo de El Mercurio del 22 de mayo pasado.

Según dicho medio, el SII está auscultando las declaraciones de impuestos de dos millonarios que vendieron sus grandes activos en los últimos años: Alejandro Weinstein, que recibió más de US$ 2.000 millones por su participación controladora en la cadena de laboratorios CFR (Recalcine), y el mentado Ibáñez, que enajenó D&S a la estadounidense Walmart en US$ 1.490 millones en 2013.

El afán del SII sería verificar la cadena de sociedades que tuvieron que ver con dichas ventas, incluyendo fundaciones y fondos de inversión. Las nuevas atribuciones que tiene el SII, con la reforma tributaria aprobada en 2014, lo han transformado –según Ibáñez– en persecutor más que en fiscalizador.

Más allá del hecho puntual, la entrevista –intensa en política– continúa en la arena tributaria con respuestas deslavadas del empresario, quien adelanta que, si no mejora el panorama, se irá de Chile, aunque reafirma su vocación ‘patriota’.

“Todo el mundo me lo ha recomendado y tengo todo el plan hecho para retirarme de Chile, pero antes que todo soy chileno, soy optimista de mi país, y voy a seguir, en la medida de mis posibilidades, luchando por su futuro, para que haya también un régimen tributario que sea atractivo para los chilenos y para todos los extranjeros que quieren venirse a Chile”, asegura.

En todo caso, si bien coincide con Hernán Büchi en su crítica a la persecución penal de políticos y empresarios por el uso de boletas ideológicamente falsas para financiar la política fuera de la ley, señala que no cree que “la mejor solución sea mandarse a cambiar fuera de Chile”, pues dice que, en su caso, “mientras pueda, voy a seguir luchando por mi país con la frente en alto”, si bien adelanta que “si la cosa se pone peor, voy a cambiar de opinión”.

Seguidamente, Ibáñez describe su crítica al nuevo régimen tributario que rige en el país desde 2014, cuando se agregó la fórmula de la renta atribuida que busca captar todos los ingresos generados por los contribuyentes y que se suma como alternativa al semiintegrado, la alternativa generada en la ‘cocina’ del senador DC Andrés Zaldívar en 2014 y que permitió obtener los votos de dicho partido para apoyar la reforma liderada por el entonces ministro de Hacienda, Alberto Arenas.

“El concepto actual que reina en Chile de renta atribuida es muy curioso. No conozco ningún país, por lo menos donde yo trabajo, que tenga ese concepto. Todo lo contrario. Lo que no se hizo en Chile fue una reforma tributaria que estimulara la llegada de capitales, la llegada de inversiones y la capitalización de las empresas. Por lo tanto, en un próximo gobierno hay que rehacer la reforma tributaria”, dice sin titubeos.

Para el ex socio de D&S, no es que se deba volver al sistema tributario anterior por completo, pero sí recalca que el concepto de renta tribuida, “más una entidad fiscalizadora que es más bien persecutora, hacen que Chile deje de ser un país atractivo donde establecer una base”.

De paso, el también dueño de la Universidad Adolfo Ibáñez y que generó polémica pública en 2010 cuando se le vio en la Región del Biobío con uniforme –es reservista de la Armada– en las afueras de sus supermercados, protegiéndolos de quienes intentaban saquearlos en medio del caos generado por el terremoto del 27F, recomienda explícitamente pagar fuera del país. “El mercado de capitales chileno ya no es como la City de Londres hacia Europa. La realidad es que hoy cualquier empresario chileno debiera primero establecerse fuera del país, y si es que quiere hacer negocios en Chile, hacerlos desde afuera”, expresa.

Ibáñez habla desde su experiencia y adelanta su derrotero para no pagar impuestos en Chile: “Yo estoy por lo menos la mitad del año afuera, así es que los requisitos los cumplo, no tengo ningún problema en eso. Y además, he recibido todo tipo de ofertas muy tentadoras que permitirían pagar muchos menos impuestos en Chile”.

Y entrega detalles. Explica que su sociedad Drake tiene su matriz en Suiza –“y no es un paraíso tributario”– para aprovechar el acuerdo de doble tributación de nuestro país con la nación helvética. Büchi también eligió ese país, le recuerda la periodista. “Él es suizo, tiene esa nacionalidad. Pero Suiza vende ese servicio y lo hace muy bien”, responde Ibáñez.

La repreguntan por qué no eligió Nueva York, si allá tiene gran parte de sus negocios y, además, su hijo homónimo vive allí y desde ese lugar dirige la filial Drake Capital. Ibáñez responde a su modo: “En Nueva York tenemos una empresa (Drake Capital), que tributa allá. Es una filial del holding. En Miami tenemos una oficina, un backoffice. Los directorios los hacemos en Nueva York, Suiza y Londres”. Sobre Finsa –su sociedad de inversiones en Chile–, el ex dueño de Walmart es claro: la mantendrá en el país. “Siempre voy a tener ese brazo de inversiones en Chile”, asegura.

El político, la esclavitud y el fin de los derechos sociales

En la extensa entrevista Ibáñez repasa duramente a la Nueva Mayoría. Lo hace asentado en el libro El otro modelo, de Fernando Atria, Alfredo Joignant, Guillermo Larraín y José Miguel Benavente, que sustentan el derrotero reformista de la coalición gobernante.

Dice que el debate ideológico que ha abierto el Gobierno actual ha hecho reaccionar a la población, “percibiendo que hay un afán de imponer un modelo que atenta en contra de la libertad, la dignidad, la prosperidad y la paz”.

Ibáñez califica a toda la coalición gobernante como ‘izquierda’ y asegura que han sido hábiles en generar una dinámica de debate que incluso sigue la Iglesia.

“El juego intelectual de la izquierda ha sido brillante. Ellos dominan los términos y todos acabamos hablando de modelo, o de los abusos y cómo hay que abordarlos, de los empresarios inescrupulosos, el narcicismo y el egoísmo de las personas que aparentemente solo buscan un fin economicista en la vida. Por cierto ayudado por la Iglesia Católica, que cae en el mismo juego intelectual”, sostiene.

Se queja de la falta de intelectuales de derecha en Chile, aunque tiene una explicación para aquello. “Siento que hay un vacío enorme en el caso nuestro (la derecha). Todos nos hemos dedicado a hacer lo correcto desde el punto de vista de nuestras vidas personales, hemos tratado de estudiar, perfeccionarnos, viajar, hemos trabajado duro, hemos hecho grandes aportes al país, tremendo, pero hemos dejado de lado una profundización de las ideas básicas y esenciales detrás del éxito o fracaso de las naciones. Chile hoy es más pobre de lo que era antes y eso no es debido a una situación internacional más o menos compleja, es producto de políticas poco acertadas, impulsadas por la Nueva Mayoría, donde supuestamente había que cumplir con el plan de gobierno”, sostiene.

De paso, alaba la posibilidad de que los ex mandatarios Ricardo Lagos y Sebastián Piñera sean candidatos a la Presidencia, aunque matiza diciendo que esperaría nuevos rostros.

Ibáñez tiene lengua ácida. Recientemente dio una entrevista a El Mercurio, adelantando su viaje a Nepal. En ese momento, contó que el viaje era para provocar y en honor a los jubilados, de quienes –dijo– “todos” deberían hacerse cargo, pero no es el Estado.

Esta vez fue más allá y dijo que los “derechos sociales no existen” y que, si el Estado asegura beneficios a las personas, se estaría frente a una virtual “esclavitud”.

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