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OPINIÓN - MERCADOS

Decreto de metas de reciclaje, ¿seremos ambiciosos o mediocres?

por 20 abril, 2018

Decreto de metas de reciclaje, ¿seremos ambiciosos o mediocres?
Una de las críticas al primer Gobierno de Sebastián Piñera fue su enfoque mediocre y nada de ambicioso respecto al cambio de la matriz energética, el cual probó quedar completamente corto tras las gestiones de Máximo Pacheco en Energía. En su nuevo mandato, la meta de reciclaje lo enfrenta a una disyuntiva similar: ser mediocres o ambiciosos. Se agrega que la mediocridad, en este caso, hará que la Ley REP corra el peligro de ser regresiva, es decir, distribuir ingresos desde los más pobres a los más ricos.
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Mucho se ha hablado del cambio de paradigma que significaron las licitaciones eléctricas lideradas por el Ministerio de Energía en la pasada administración. Estas constituyeron un ejercicio de política industrial, es decir, intervención del Estado para organizar a sectores productivos en función de objetivos claros. Esas metas fueron, en el caso de la electricidad, la disminución de costos y adopción de generación solar. De paso, Chile instaló en el mundo una imagen de liderazgo en cuanto a la agenda del Cambio Climático.

Poco se habla de una nueva medida de importancia similar, la cual debe adoptar el Gobierno de Sebastián Piñera: el Decreto Supremo que establece las metas de reciclaje exigidas por la Ley Marco para la Gestión de Residuos, Responsabilidad Extendida del Productor y Fomento al Reciclaje (conocida como Ley REP). A nivel de política industrial aplicada a servicios básicos, la meta de reciclaje es el equivalente a la licitación eléctrica, esta vez en el ámbito de la gestión de residuos.

Una de las críticas al primer Gobierno de Piñera fue su enfoque mediocre y nada de ambicioso respecto al cambio de la matriz energética, el cual probó quedar completamente corto tras las gestiones de Máximo Pacheco en Energía. En su nuevo mandato, la meta de reciclaje lo enfrenta a una disyuntiva similar: ser mediocres o ambiciosos. Se agrega que la mediocridad, en este caso, hará que la Ley REP corra el peligro de ser regresiva, es decir, distribuir ingresos desde los más pobres a los más ricos.

Los productores tendrán que asegurar que ocurra la recuperación establecida por la meta. Esto implica trazar sus desechos, y financiar a los gestores que se hagan cargo de ellos. El costo será incorporado en los precios de los productos, los cuales pagaremos todos los consumidores. El tamaño de la meta, sin embargo, terminará por definir estrategias diametralmente diferentes, encabezadas por los productores.

Tomemos el ejemplo del plástico. Si, por ejemplo, se debe recuperar el 40% de los plásticos, es posible que una meta nacional de este tipo sea fácilmente cubierta apuntando los esfuerzos del mercado a acercarse al 100% de reciclaje del sector oriente de Santiago y un par de comunas de regiones. Los sectores de mayores ingresos consumen más y sus productos tienden a estar sobreempaquetados, especialmente utilizando plástico. Dada la alta segregación social en Chile, estos sectores se concentran en determinados lugares, como Vitacura, Las Condes, Lo Barnechea, Providencia, Ñuñoa y La Reina.

La meta mediocre haría que la basura de la mayor parte de Chile siga yendo por muchos años más al vertedero, mientras los ricos reciclan como en Holanda. Además de mantener el statu quo en materia de residuos, esta medida sería altamente regresiva, puesto que esas iniciativas exclusivas serían financiadas con el aumento de precios de productos pagados por todo el resto de la población. Lo anterior implica una redistribución neta de ingresos desde los grupos medios y bajos hacia los altos.

En contraste, una meta cercana al 100% de plásticos haría que cubrir al ABC1 y C2 no fuera suficiente. Por lo tanto, las estrategias de la industria tendrían que abarcar territorios más amplios. Una meta ambiciosa generaría economías de escala en el mundo de la gestión municipal, incentivando la inversión para innovar entre quienes prestan servicio a las comunas. Adicionalmente, el modelo de negocio del vertedero, con sus polémicas zonas de sacrificio ambiental, solo se verá amenazado si es que las metas son ambiciosas. Por ejemplo, si llegáramos a la meta europea de que un 70% de los residuos sólidos domiciliarios se reciclaran, un lugar como la Región Metropolitana pasaría de necesitar tres a solo un relleno sanitario, el cual tendría una vida útil más prolongada.

Estas metas todavía no están definidas, pero durante 2018 ocurrirá gran parte de la deliberación para fijarlas. La última palabra la tendrá el Ejecutivo, puesto que se establecen mediante Decreto Supremo. El Gobierno de Piñera se enfrenta a una disyuntiva similar al cambio de la matriz energética en su turno anterior. Esta vez, ¿será mediocre o ambicioso?

Nicolás Valenzuela Levi.
Master Estudios del Desarrollo y candidato a doctor en Economía del Suelo por la Universidad de Cambridge.

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