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Las platas del NO: la historia secreta de cuando Anacleto Angelini financió la campaña y se volvió intocable

por 5 octubre, 2018

Las platas del NO: la historia secreta de cuando Anacleto Angelini financió la campaña y se volvió intocable
Fue una pieza clave en el ajedrez político antes, durante y después de la dictadura. Siempre quiso mostrarse como un empresario de bajo perfil. Uno de los aspectos más desconocidos –y que ha sido protegido por quienes debieron conseguir los recursos para levantar la campaña contra el dictador– es el apoyo financiero que realizó en el tramo final de la cruzada anti-Pinochet. No es un hecho que conocieran todos al interior del comando, porque él pidió que esa información fuera guardada con sigilo, incluso más allá de su muerte.
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El día del funeral de Anacleto Angelini, el 29 de agosto de 2007, el mundo político y empresarial se volcó al Cementerio Parque del Recuerdo. La mayoría de los asistentes había concurrido antes a una misa en su honor en la Parroquia San Francisco de Sales, en una despedida transversal con un variopinto contingente. No estaba solo lo más granado del mundo de los negocios –Guillermo Luksic, Juan Cuneo, Sven von Appen, entre otros– sino que también había varias figuras de la Democracia Cristiana a las que Anacleto Angelini, el hombre Forbes en Chile, fue más que cercano.

Para lograr el triunfo del NO el 5 de octubre de 1988, quizás uno de los aspectos más desconocidos –y que ha sido protegido por quienes debieron conseguir los recursos para levantar la campaña contra el dictador– es el apoyo financiero que realizó el empresario en el tramo final de la cruzada anti-Pinochet. No es un detalle que conocieran todos al interior del comando, porque Angelini pidió que esa información fuera guardada con sigilo y solo algunos comenzaron a comentarla solo después de su muerte.

“El pidió que esa información se guardara con reserva incluso más allá de su muerte”, señala un militante concertacionista que conoció de ese aporte. Uno de los pocos que conoció de esa ayuda financiera fue el ex ministro Sergio Bitar, quien después de la muerte de Angelini recordó, en el diario La Nación Domingo, que antes de la Ley de Gasto Electoral, “siempre que buscamos apoyo, él nos ayudó”.

El inmigrante italiano había llegado a Chile desde Ferrara, arrancando de la crisis económica posterior a la Segunda Guerra Mundial y había aprendido a hacer recursos económicos con esfuerzo, pero también con austeridad. Tanto, que cuando se le rompía una sábana prefería zurcirla.

Angelini sentía admiración por la Democracia Cristiana italiana y, a pesar de ser empresario, sentía más simpatía por los procesos ligados a ese referente político que a la derecha chilena. Por eso, se rodeó de un fuerte círculo de personas ligadas a la falange, un vínculo que perduró por años. Fue precisamente durante el Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle que el empresario recibió la nacionalidad por gracia, luego de vivir 49 años en Chile.

La campaña del 88 no fue el único hito de la Concertación que contó con la ayuda económica de Angelini. En 1987 entregó dinero para levantar el diario La Época y lanzó otro salvavidas a ese medio de comunicación once años después, tratando de evitar su cierre, pero no fue suficiente. Nada ni nadie pudo evitar la muerte de ese periódico.

Angelini también entregó recursos para salvar de la muerte al diario La Época.

El magnate del arcoíris

Anacleto Angelini fue una pieza clave en el ajedrez político antes, durante y después de la dictadura. Siempre quiso mostrarse como un empresario de bajo perfil, sin embargo, su trayectoria es conocida y su conglomerado económico, quizás, sea uno de los más expuestos de todos.

La riqueza que hoy ostenta el grupo que lleva su apellido estuvo involucrada en uno de los procesos más duros y divisorios para Chile. La dictadura lo cambió todo y algo se le tenía que ocurrir para mantenerse vigente en democracia. Esto implicó el olvido del "low profile" que cultivaba el magnate italiano, que se vio obligado a arrimarse al buen árbol de la política, específicamente a la recién nacida Concertación como mecenas. Si bien se cuadró con el régimen y posteriormente financió el anuncio de la alegría, la relación con la coalición del arcoíris comenzó mucho antes de abrir la billetera para financiar la campaña del 88.

El libro del periodista Daniel Matamala, Poderoso caballero, se refiere a Angelini como "el magnate del arcoíris" y hace un repaso por el coqueteo del empresario con la falange, pero en especial su relación con dos de las familias más emblemáticas de la DC: los Frei y los Zaldívar Larraín. Fue amigo de Eduardo Frei Montalva, como después de su hijo; asimismo, lo fue de Adolfo Zaldívar, a quien conoció cuando "el colorín" llegó a trabajar de junior a Eperva, la pesquera de Anacleto. Pero también con Felipe, quien entró a la empresa donde llegó a ser gerente; con Javier, asesor de la Corporación de Pesca; y, por supuesto, con Andrés. Los cuatro hermanos Zaldívar  se convirtieron en accionistas de la pesquera.

Nada es gratis en esta vida, dicen, y "una mano lava a la otra". Las familias que son el corazón de la DC han ayudado a Angelini a mantener hasta hoy su posición dominante en el sector pesquero, la gallina de los huevos de oro de la actual fortuna del grupo económico.

Según relata un análisis de la Fundación Nodo XXI, mientras varios parientes del clan político (Larraín Zaldívar) trabajan o son accionistas de las pesqueras del grupo, la familia le devuelve la mano al empresario y le presta ropa en el Congreso. Cita el caso de Andrés y Adolfo –fallecido en 2013–, quienes actuaron a favor del Grupo Angelini en su rol de legisladores, una situación que tiene un largo historial y que partió con la sola idea de cambiar las reglas del juego en el sector pesquero –impulsada en el Gobierno de Patricio Aylwin– que retumbó en los oídos del magnate. Comenzó un fuerte lobby sobre el Presidente de la República y, si bien de todas formas surgió la Ley de Pesca y Acuicultura en el 91, esta no cumplió su objetivo de controlar la explotación pesquera industrial, teniendo que enfrentar siempre el movimiento de hilos de Angelini y sus intereses.

Una nota de La Tercera, del año 2002, comentó lo clave que fueron los vínculos entre Angelini y Zaldívar en la materia. "Una vieja y muy conocida amistad. A pesar de que solo esta semana se cuestionó el vínculo del senador Zaldívar con el empresario italiano, la relación entre ambos suma casi cuatro décadas y el parlamentario ha sido un importante impulsor del sector pesquero en el Congreso desde 1992. En 1990 el gobierno de Patricio Aylwin tomó la firme decisión de involucrarse –y darle prioridad– a una nueva Ley de Pesca que reemplazara la norma vigente hasta ese momento. Pero, la sola decisión de la autoridad colocó a los grandes industriales del sector en pie de guerra. Especialmente Anacleto Angelini, quien consideró que la iniciativa de La Moneda era una suerte de reforma agraria, pero en el mar.  El poderoso empresario –que por ese entonces tenía 74 años– encabezó el lobby con las autoridades, pidiendo audiencia con Aylwin, quien lo invitó a su casa a tomar el té, y con el entonces ministro de Justicia, Francisco Cumplido. Para Angelini, los cambios en las reglas del juego del sector eran inadmisibles y significaban un golpe 'mortal' a la extracción de recursos pesqueros en el norte del país. Pero en esa época el empresario de origen italiano y una de las mayores fortunas de Chile, no estuvo solo. La familia Zaldívar Larraín, desde diferentes frentes, apoyó el lobby de Angelini. Felipe, a través de la gerencia general de Eperva; Javier como asesor de la Corporación de Pesca, y Andrés y Adolfo, desde el Congreso. Ambos desplegaron una fuerte campaña comunicacional desde el Senado, buscando alianzas y convenciendo a sus pares de lo importante que era para el sector pesquero no desproteger sus derechos con la nueva normativa. En esa época, la cartera de inversiones de Andrés Zaldívar también incluía acciones de Eperva, pero no hubo cuestionamientos públicos, ni fuertes críticas a los parlamentarios ni pedidos de inhabilitación, como ocurrió durante esta semana”, explicó entonces la crónica.

La familia Zaldívar Larraín, desde diferentes frentes, apoyó el lobby de Angelini. Felipe, a través de la gerencia general de Eperva; Javier como asesor de la Corporación de Pesca, y Andrés y Adolfo, desde el Congreso.

La historia de los intereses de su brazo pesquero en la política va mucho más allá de sus nexos políticos, pero la intervención del grupo en esta materia es capítulo aparte. Angelini, en todo caso, mientras vivía siempre se movió en las aguas de la política con particular sigilo, fiel a su estilo discreto. Pocas y contadas veces antes de morir habló con la prensa, menos su viuda, que falleció en abril de este año. Angelini, que no tuvo hijos, sino que legó parte de su fortuna a sus sobrinos –que son una de las tres familias más ricas de Chile–, dejó gran parte de su riqueza a fundaciones, agrupadas bajo el paraguas de Belén Educa y la Fundación Careno. Su riqueza se estimó, cuando aún vivía, en al menos US$ 1 mil millones.

Comité de finanzas

“Ahora todos quieren decir que apoyaron el triunfo del NO”, se queja un molesto dirigente de la Democracia Cristiana que asegura que para hacer la campaña se recibieron muy pocas donaciones. Sabían que era necesario levantar la cruzada con recursos económicos, pero quien ponía plata, al menos públicamente, se convertiría en un aspecto relevante en el éxito final.

Un militante que conoció de cerca la forma en que financiaron la franja, dice que en el comité de Finanzas, en un aspecto un poco más oficial, estuvieron presentes empresarios de la época como Sebastián Piñera, Andrés Navarro, Alfonso Dulanto, Carlos Cardoen. “Pero nadie colaboró mucho tampoco, ¡no teníamos ni secretaria!”, comenta sobre los recursos con los que funcionaba la casa que fue el centro de operaciones del comando, en Lastarria con Alameda.

En ese tiempo, hubo muchos empresarios que colaboraron con dinero en la más absoluta reserva. “Pero, por favor, que no se sepa”, solían decir. Querían ayudar, sobre todo en la incógnita de si la Concertación sería o no la opción gobernante, pero también muy pocos en Chile creían que los militares respetarían un triunfo que no les gustara.

Quizás la mayor contribución económica a la campaña provino de Estados Unidos. En ese momento, el Gobierno quiso colaborar, pero según explicó por esos años al New York Times el secretario ejecutivo de la campaña de 1988, Genaro Arriagada, solo aceparían esa ayuda con tres condiciones:  que no fuera una operación encubierta, que fueran fondos claros y aprobados por el Parlamento norteamericano y, en tercer lugar, que hubiera una suma similar para el movimiento “Solidaridad con Polonia”. Así el Congreso norteamericano aprobó un millón de dólares para esa organización y otro monto similar para la campaña de la centroizquierda chilena.

Ese fue el origen más importante del motor económico que movió al NO, pero no el único. Y quizás aportes como el de Angelini seguirán en la más absoluta reserva. A comienzos de la democracia podían leerse como salvavidas de manos valientes; sin embargo, después con la conflictiva relación dinero-política que ha salido a la luz en los últimos años, se ha hecho más necesario guardar silencio sobre quién financió la campaña que derrotó a Pinochet.

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