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Premio Nobel de Economía Jean Tirole y la regulación de los mercados

por 29 octubre, 2014

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El Premio Nobel en Economía 2014 fue otorgado a Jean Tirole (1953), francés que estudió ingeniería y matemáticas en Francia y obtuvo su PhD en el MIT de los EEUU. Actualmente es el director científico del Instituto de Economía Industrial de la Escuela de Economía de Toulouse. Entre los profesores y estudiantes de economía es reconocido internacionalmente desde al menos 1988 cuando el MIT Press publicó su libro The Theory of Industrial Organization (La Teoría de la Organización Industrial). ¿Y a quién, fuera de los economistas, le puede importar la organización de una industria? Pues a todos los que vivimos en una sociedad moderna de mercado.

La razón es que la provisión, precio y calidad de todos los servicios básicos y muchos de los bienes de uso habitual de las economías de mercado dependen de la regulación del Estado. Si tenemos agua potable, si esta es apta para consumo humano, si habrá alcantarillado y los desperdicios serán tratados, si podemos hacer llamadas telefónicas, si la red de carreteras nos ofrece caminos seguros y de calidad, si al llegar a la casa en la noche tenemos luz, y un largo etcétera, depende crucialmente de la regulación del Estado.

El monopolio es una deficiencia o “imperfección” de mercado, como preferimos llamarlas los economistas, que ha estudiado tradicionalmente la economía. Especialmente el monopolio “natural”, donde una vez hecha la inversión inicial es muy difícil que entre otra empresa al mercado. Pensemos en agua potable, transmisión y distribución eléctrica y, en el pasado, telefonía. Lo mismo ocurre con las carreteras, los puertos y aeropuertos y, en fin, casi todos los servicios que requieren de gran infraestructura.

El problema de los monopolios es que producen menos que la cantidad deseada y cobran más de lo necesario para cubrir sus costos, por lo que generan utilidades extraordinarias o “rentas monopólicas”. Hasta antes de Tirole y sus colegas, no había una buena base teórica, validada en la práctica, que permitiera establecer regulaciones adecuadas para hacer que los monopolios produzcan las cantidades deseadas, reduzcan costos e incorporen nuevas tecnologías e innovaciones. Peor aún, muchas veces las formas de regulación generaban resultados indeseados, como mala calidad de servicio o utilidades excesivas.

Pero además, no había claridad en cómo regular los mercados oligopólicos. En el caso chileno, pensemos en generación eléctrica, telecomunicaciones, gas licuado y de cañería, pollos, farmacias, AFPs, Isapres, y varios más menos notorios. En esa brecha teórica, y práctica, entraron Tirole y sus colaboradores. El punto es, ¿cuál es la política que debe seguir el Estado para asegurar que en mercados monopólicos u oligopólicos (i) se produzca lo que se necesita, (ii) que lo que cobren las empresas sea razonable, y (iii) que tengan incentivos para ir mejorando la calidad del servicio y reducir costos?

Lo primero que cabe señalar es que, en este tipo de mercados, el libre funcionamiento del mercado no resuelve adecuadamente los problemas de cuánto producir, a qué precio y cómo mejorar el producto en el tiempo. Por lo tanto, tienen que haber reglas que ordenen el funcionamiento de esos mercados, en el sentido de incentivar a las empresas a que resuelvan estos problemas de buena manera.  

Las aplicaciones del marco conceptual desarrollado por Tirole son múltiples. Una de ellas es cómo el regulador puede obtener la información necesaria para poder controlar un monopolio razonablemente cuando toda la información de costos es de la empresa (pensemos en concesiones de autopistas). Para eso Tirole diseñó contratos ingeniosos proponiendo que las empresas escojan entre tipos de contratos que dan información sobre la estructura de sus costos. Otro tema relevante y que se ha discutido en Chile en relación a algunas de las superintendencias es la “captura del regulador”.

¿Cómo se hace para que el fin perseguido por la autoridad política, mejorar la operación de ciertos mercados, no sea socavado por los reguladores de forma que terminen defendiendo los intereses de las empresas?  Esta posibilidad debe ser incorporada en las reglas regulatorias de manera de evitar la corrupción, que se esconda información relevante o que simplemente producto del contacto permanente entre las partes, el regulador adopte el punto de vista del regulado.

En mercados oligopólicos Tirole y sus colaboradores, que en este caso incluye a Joseph Stiglitz –otro premio Nobel-, predijeron y luego se confirmó que el esfuerzo en I+D (patentes nuevas) es menor en mercados donde la empresa líder es mucho mayor que sus competidores.  En cambio, la competencia en I+D es más activa cuando las empresas son de similar tamaño.

Esto también tienen consecuencias para las políticas públicas en cuanto a permitir la fusión de empresas de un mismo rubro: si la unión de dos o más empresas lleva a crear un líder incontestable, lo más probable es que la innovación en esa industria decaiga. Otro resultado importante para reguladores y autoridades es que Tirole demostró que acciones similares tienen resultados diferentes dependiendo del mercado en el que se apliquen. Por ejemplo, si una empresa introduce una innovación que reduce sus costos y por tanto, baja sus precios para conseguir una mayor cuota de mercado o para ampliar el tamaño del mercado, no siempre las otras empresas reaccionan para mantener su cuota de mercado.

Este puede haber sido el caso en el pasado de inversiones estratégicas de LAN. Las otras empresas aéreas pueden no tener la capacidad de responder, lo que lleva a consolidar la posición dominante de la empresa líder. En cambio, en otros mercados ese tipo de iniciativa podría exacerbar la competencia y llevar a una guerra de precios. En el primer caso es posible que los consumidores pierdan mientras que en el segundo son las empresas las que pierden y, por tanto, es menos probable que una de ellas trate de capturar una mayor cuota de mercado. La forma de reaccionar depende de las características de los mercados y de las empresas que lo conforman, por tanto, las regulaciones deben ser específicas a los mercados que se busca regular.

En el área de la “integración vertical”, donde se integra en una sola estructura a proveedores y compradores, también Tirole ordenó  el pensamiento y la práctica de políticas. En este caso hay dos objetivos en conflicto: promover la competencia y promover la innovación. Si una empresa se compra otra que tiene una innovación que mejora su producto, deja sin acceso a esa innovación a sus competidores, limitando la competencia por un tiempo. Es el caso de Google cuando se compra empresas que hacen mapas. Pero puede que promueva la capacidad de innovación y que de esa manera reduzca los costos o aumente los beneficios para los usuarios. Tirole demostró que la respuesta no es única, como se pensaba anteriormente, sino que dependerá del tipo de mercado en que esto ocurra. 

Por ejemplo, también demostró que, en algunos casos, la integración vertical monopoliza una parte de la actividad lo que le permite a la empresa integrada generar y ejercer una ventaja monopólica en algún segmento de la cadena. Este puede ser el caso de las Isapre y la prestación de servicios médicos en Chile. En fin, Tirole con sus múltiples colaboradores le aportaron a la humanidad una manera de estudiar y promover comportamientos de las empresas que permiten desarrollar políticas públicas y regulaciones que tiendan a generar bienes y servicios de mejor calidad a precios menores. Es decir, que la gente viva mejor. Con sus aportes, sin duda, Tirole ha dignificado nuestra disciplina.

Esta puede ser una razón por la cual los productores de pollo en Chile se coludieron en vez de competir. Si cualquiera de los tres grandes intentaba ganar cuota de mercado, los otros dos reaccionarían con fuerza. En tal caso, lo más cuerdo era ponerse de acuerdo en mantener las cuotas de mercado y cobrar lo más caro posible por los pollos, maximizando la utilidad. Más aún, cualquier innovación  que rebajara los costos, aumentaba las utilidades, sin beneficio para los consumidores.

Luis Eduardo Escobar
Economista, consultor independiente.

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