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«Para nosotros no está muerto, para nosotros sigue vivo»: recorriendo Cuba camino del funeral de Fidel Castro

«Para nosotros no está muerto, para nosotros sigue vivo»: recorriendo Cuba camino del funeral de Fidel Castro

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Según se aleja uno de La Habana, empiezan a verse cada vez más sombreros de ala ancha y carretas tiradas por caballos, y desaparecen los autos, si no fuera por los que viajan siguiendo la comitiva de las cenizas de Fidel.


Nadie recuerda en Cuba un atasco así.

El trancón de tráfico que se formó estos días en la carretera central de la isla estuvo a la altura de la hora punta de las grandes metrópolis latinoamericanas.

La razón: la caravana con las cenizas de Fidel Castro recorriendo el país.

Al principio era casi imposible saber a ciencia cierta por dónde iba a pasar ni mucho menos a qué hora.

Sólo se sabía que las cenizas de Fidel Castro recorrían, en sentido inverso, la ruta de la Caravana de la Libertad, el desfile de más de 1.000 km del ejército rebelde tras el triunfo de la Revolución, en enero de 1959.

Una multitud se agolpa para ver pasar la caravana que lleva las cenizas de Fidel Castro.

La llegada de la comitiva a cada localidad la anuncia el sobrevuelo del helicóptero de la televisión cubana.

Luego arriban los primeros autos oficiales y el silencio de la gente lo rompen los gritos de «Yo soy Fidel», que le corean, muchos celular en mano.

Lo han visto pasar decenas de miles de personas: mayores, jóvenes, estudiantes uniformados, médicos o, como les dicen acá, un «ejército de batas blancas».

Muchos llegados en camión (literalmente) o en el remolque de un tractor. Los que tuvieron más suerte, en un autobús.

Cuba tranquila

Las cenizas viajan, cubiertas por una bandera cubana, en un remolque verde arrastrado por un todoterreno militar.

Según se aleja uno de La Habana, empiezan a verse cada vez más sombreros de ala ancha y carretas tiradas por caballos, y desaparecen los autos, si no fuera por los que viajan siguiendo la comitiva de las cenizas de Fidel.

Uno se adentra en la Cuba profunda y el paisaje reverdece y amarillea.

Una casa de color azul en el pueblo del interior de Cuba.

La primera parada de la caravana fue en Santa Clara. Se trata de una visita a un lugar emblemático para la figura del Che Guevara. Allí se encuentran sus restos.

Una de las cosas llamativas que le dicen los cubanos a BBC Mundo es que no esperaban la muerte de Castro, pese a que tuviera 90 años y estuviera enfermo.

«Ha sido un momento difícil. No estábamos preparados psicológicamente para esta situación«, dice Verónica.

«No lo creemos, prácticamente. Siempre estará en nuestros corazones e inculcaremos a las nuevas generaciones quién fue Fidel».

Un grupo de personas se prepara para fotografiar la caravana.

Partiendo de Santa Clara, lejos de las playas y de los grandes hoteles, Cuba se vuelve un escenario de viviendas de fachadascoloridas, gente sentada a las puertas de sus casas y bicicletas remendadas.

En la tierra donde el día a día transcurre en el campo, al terminar la labor, los cubanos pasan la tarde con la familia, delante de la televisión o sentados viendo pasar a los vecinos para saludarlos a los gritos.

Eso le contó a BBC Mundo Manuel Rivero, quien el miércoles vio a la comitiva en Quesada, a 100 kilómetros de Camagüey, frente a su casa de chapa.

Habitantes de Quesada frente a una casa de latón.

«Preguntarle al pueblo cubano por Fidel es…», la emoción lo interrumpe. «Es un hombre muy grande, histórico«.

En Quesada, que consta de unas pocas casas separadas por calles de barro y una paladar (restaurante) por si los turistas no siguen de largo, nadie se quiso perder el paso del cortejo fúnebre.

Pero no todos tienen la suerte de vivir al borde de la carretera y muchos tuvieron que trasladarse para verlo.

La carretera central

Cuba está conectada de este a oeste por la «carretera central», una arteria que igual atraviesa una ciudad que se pierde en lo más remoto.

La vía está salpicada de carteles con lemas como «Ser culto es el único modo de ser libre».

Carretera central de Cuba.
Embotellamiento en la ruta rumbo a Camagüey.

Y cuando se adentra en las poblaciones, regresa el atasco. La gente se agolpa a los lados haciendo dedo.

Pero no con la señal universal del dedo pulgar sino enseñando billetes.

Un día extraordinario

Al día siguiente la caravana de Fidel paró en Camagüey, un a ciudad laberíntica que dicen se engendró para evitar los ataques de los piratas, y que hace que los periodistas extranjeros pasen horas buscando su hotel.

En Camagüey, la vida es una lucha con las circunstancias, como en el resto del país.

Los cubanos tienen asegurado el arroz, frijoles y azúcar que les asigna el Estado a un precio casi regalado. Lo consiguen en la bodega con la libreta de racionamiento.

Un cartel colgado frente a una vivienda dice

Pero muchos se quejan de que la cantidad no les llega para todo el mes y tienen que completar, y con los precios, el salario no llega y hay que «resolver».

En Camagüey, uno de los que está en esta lucha es Dalái Fillor Valdés, «bicitaxero», que dice gana unos US$25 al mes.

«Quisiera que las personas pudieran hacer negocios. Se han mejorado muchas cosas en eso, pero falta», le dijo a BBC Mundo.

Madrugadores

No eran ni las 5 de la mañana en Camagüey este viernes y las calles ya estaban llenándose de gente que quería ver la urna de Fidel.

Miles de personas se agolpaban a uno y otro lado de la vía pese a que hasta las 7 de la mañana no partía la comitiva.

La comitiva recorre Camagüey

Según uno se acerca al extremo oriental de la isla, el paisaje se vuelve montañoso, de nuevo verde.

A 75 km de Santiago, el poblado de Mella vive de la agricultura. De allí es Ricardo Quiara, quien describe la vida en el campo como «sacrificada».

A mitad de camino, en San Luis, vive un joven albañil, tímido como para dar su nombre, que estos meses trabaja para un cuentapropista que hace obras para el estado.

En cualquier otro lugar, eso es un contratista en la construcción.

No en Cuba, un país que mientras tuvo a Fidel Castro de presidente no recoció la propiedad privada.

Ahora sí y por eso este albañil es «un particular».

Personas viajando en el remolque de un tractor.

Santiago

La caravana de los restos de Fidel tiene su destino final en Santiago de Cuba.

Cuando llegamos, la Plaza de la Revolución se preparaba a toda prisa para recibir la comitiva.

Los estudiantes uniformados colocan las sillas para los dignatarios ante la mirada de jóvenes distraídos.

Trabajadores en la Plaza de la Revolución en Santiago.

Los más mayores sí que paran a mirar el despliegue, incrédulos.

«Para nosotros no está muerto, para nosotros sigue vivo«, le dice a BBC Mundo Pablo Lora.

«Los negros aquí no valíamos nada y él nos dio la dignidad», asegura antes de emocionarse y llorar la muerte de Fidel.

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