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La «generación Jangmadang», los jóvenes «capitalistas» de Corea del Norte que pueden cambiar el país

La «generación Jangmadang», los jóvenes «capitalistas» de Corea del Norte que pueden cambiar el país

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Al contrario de lo que muchos creen, en Corea del Norte también hay emprendedores y jóvenes que desafían el orden establecido. Un nuevo documental muestra el cambio que están protagonizando los «millennials» en el hermético país.


Esta no es la típica historia sobre Corea del Norte.

Habla de un cambio, de jóvenes que rompen las reglas pese a las duras represalias, de toda una generación que vivió con acceso a información extranjera: de una parte de la sociedad norcoreana que busca libertad.

Es sumamente complicado saber qué ocurre en la hermética nación asiática, pero un nuevo documental producido por «Libertad en Corea del Norte» o LiNK, una organización con sede en California (EE.UU.) que ayuda a refugiados norcoreanos, abre ahora una ventana a lo desconocido.

El proyecto revela, través de testimonios de ciudadanos que escaparon del país, un cambio generacional «crucial»: el de aquellos que crecieron en plena hambruna de los años 90, cuando los norcoreanos tuvieron que «ser creativos para sobrevivir» y empezaron a comerciar a través de nuevos mercados en el Estado -teóricamente- comunista, los «Jangmadang».

documental.

Esa generación, que comenzó su vida en una época de turbulencias, «ahora está emergiendo como la mayor fuerza de cambio que Corea del Norte nunca haya visto», aseguran los creadores del documental.

«La transformación y la apertura de Corea del Norte ya ha empezado», destaca a BBC Mundo el director de LiNK, Sokeel Park.

La organización rodó el documental con testimonios de norcoreanos que escaparon entre 2008 y 2013 por diferentes vías.

«En general, los norcoreanos escapan a través de China, y en China se arriesgan a ser detenidos y enviados de vuelta a Corea del Norte. Pero si consiguen llegar desde el norte de China al sur y cruzar al sudeste asiático, desde ahí pueden llegar a Corea del Sur o Estados Unidos», explica Park.

Deserciones

31.339

norcoreanos desertaron a Corea del Sur tras la guerra en la península hasta 2017.

1.127

huyeron del norte al sur en 2017, un 21% menos que el año anterior.

  • 83% de los desertores el año pasado fueron mujeres.
  • * El número de deserciones cayó con la llegada al poder de Kim Jong-un, quien elevó los controles fronterizos
Getty Images

Las historias de los jóvenes hablan por sí solas.

«Nos dimos cuenta de que si no hacíamos nada, moriríamos de hambre, así que empezamos a comerciar«, apunta en el documental Joo Yang.

Con tan sólo 6 años, la joven comenzó a ver «a muchas personas falleciendo de hambre y frío» y cómo las raciones que suministraba el gobierno se acababan.

«Empecé a pensar en hacer negocios a los 14 años», rememora.

Joo Yang.

Yang conocía una fábrica de semillas de soja y pensó en recoger los excedentes que se dejaban en el suelo para venderlos, y a partir de ahí comprar productos que no caducaran rápido para hacer negocio.

«Como el gobierno se volvió pobre, no podía cuidarnos. Perdimos la esperanzaen él. El gobierno sabía que teníamos que diseñar nuestro propio futuro. Así fue como crecimos», añade Geumju, quien abandonó su país en 2008.

Su madre, ya también desde el exterior, recuerda que esta generación «no se preocupaba mucho por los controles sociales».

«La supervivencia era lo primero (…) Crecieron siendo valientes y audaces».

Acceso al exterior

En los «Jangmadang» no todo es comercio de productos alimentarios. También se han convertido en un preciado acceso al exterior.

Los programas o las películas extranjeras se difundieron en DVD hasta 2007 y «por entonces las USB empezaron a aparecer» en estos mercados, explica el treintañero Shimon Huh.

Como los CD eran más difíciles de transportar y esconder, «la gente empezó a pasarse a las USB, ponerles claves y cargarlos con películas de Hollywood o Corea del Sur«.

Shimom Huh.

Danbi Kim, quien a los 15 años se convirtió en contrabandista de productos de China, recuerda cómo la gente se le acercaba para pedirle que trajera programas de la otra Corea.

«Cuando veíamos programación extranjera, teníamos que cerrar todas las puertas y cortinas y pretender que no había nadie en casa. Era divertido», dice ahora entre risas, ya asentada en el vecino del Sur.

Crecieron siendo valientes y audaces».

Hyunsook, madre de una joven de la generación Jangmadang

A través de las producciones extranjeras, cuenta la joven, se dieron cuenta de que el resto de países no estaba en crisis, como les explicaron sus profesores.

«Otras de las cosas que sentí es que las mujeres son más respetadas fuera. En Corea del Norte (…) ni siquiera pueden montar en la parte trasera de una moto».

LiNK.

Riesgos

Ante su incapacidad para sustentar a la ciudadanía, el régimen acabó permitiendo los «Jangmadang». Sin embargo, el riesgo de no cumplir con lo establecido sigue siendo alto, en base al relato de los norcoreanos que huyeron.

«Si alguien no se ciñe a la vida socialista, es considerado sucio y corrupto«, advierte Joo Yang.

Esta norcoreana asegura que el régimen realizó «ejecuciones públicas» para sentar ejemplo.

«Tratan de que acuda todo el mundo para verlo; creo que yo pude evitarlo porque era muy joven. Aún recuerdo el ruido de los disparos».

Danbi Kim.

Algunos de los protagonistas del documental fueron detenidos en alguna ocasión de manera temporal, pero Danbi Kim también acabó siendo trasladada a un centro de detención «secreto» por ayudar a gestionar una reunión familiar en China junto a su hermano mayor.

«Si te envían a una estación de policía normal, pueden pegarte. Pero en un centro de detención secreto, ni siquiera te tratan como a un ser humano«.

Las peores torturas las sufrió su hermano, quien asumió toda la culpa para que ella pudiera salir, relata Kim entre lágrimas en el documental.

«Te insisten en que confieses y, si no lo haces, te pegan. Dolía mucho, mi piel se puso negra».

Su hermano todavía se encuentra en manos de las autoridades norcoreanas, según LiNK.

La libertad

Director de LiNK y refugiada norcoreana.

Las historias de supervivencia a través del capitalismo y de una generación que no ha vivido otra cosa se siguen repitiendo, afirma el director del documental.

«La generación de mayor edad nunca experimentó ningún tipo de libertad. Vivieron sin saber lo que era la libertad», destaca uno de los protagonistas del filme, Shimon Huh.

«Pero nosotros crecimos aprendiendo y viendo la libertad mientras éramos reprimidos por el gobierno, así que nuestro deseo de libertad es más fuerte«.

Y, para los norcoreanos, ¿qué es la libertad?

«Ser capaz de trabajar en un sitio, si quieres, y no hacerlo si no quieres; ser capaz de abrir tu propio negocio si lo deseas; vivir donde te plazca y ser capaz de ir donde quieras».

De momento, reconoce Shimon Huh, esa libertad no se puede conseguir en Corea del Norte, pero la tendencia protagonizada por su generación «es imparable», destaca por su parte el promotor del proyecto.

«Digámoslo de esta manera: el tren partió de la estación y ya no puede ser enviado de vuelta».

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