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Irán: basta no hacer nada

por 25 enero, 2012

El mandatario Ahmadinejad, mediante su política (Sharia) y sus "redadas del terror", pese a los tratados internacionales de Derechos Humanos y de protección a la infancia firmados por ese país, ha lapidado, flagelado y ahorcado a miles de personas. Hace pocos días el mundo vio con horror como en público se ahorcó a dos adolescentes de 16 años (Mahmoud Asgari y Ayaz Marhoni) así como a 107 iraníes (médicos, escritores, publicistas) por el delito de homosexualidad”.
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“Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”. Citando esta célebre frase de Edmund Burke, escritor y político, -considerado el padre del liberalismo-conservadurismo británico-, me permito hacer una reflexión acerca de la complacencia con que el mundo, y en particular nuestra región, ha observado la reciente visita protocolar del presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, a cuatro países vecinos latinoamericanos: Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador.

El resto de los países de la región, si bien no han actuado como anfitriones de Ahmadinejad, quizás no comprenden la gravedad de su silencio. El no pronunciamiento, aún en ningún sentido, respecto de la visita a la región de un mandatario que ha rechazado reiteradamente su colaboración con la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), por estar dedicado de manera clara e inequívoca a la producción masiva de armamento nuclear con el propósito de utilizarlo contra otras naciones, me parece de suyo una falta grave contra la humanidad, frente a la que nadie debiese sentirse indiferente.

Una pregunta obligada es ¿por qué Ahmadinejad viene a Latinoamérica?, respuesta simple: en Europa y Asia ya se le han cerrado las puertas. El silencio de las autoridades de la región frente a su presencia es una validación pasiva que tarde o temprano tendrá consecuencias insospechadas.

El mandatario Ahmadinejad, mediante su política (Sharia) y sus "redadas del terror", pese a los tratados internacionales de Derechos Humanos y de protección a la infancia firmados por ese país, ha lapidado, flagelado y ahorcado a miles de personas. Hace pocos días el mundo vio con horror cómo en público se ahorcó a dos adolescentes de 16 años (Mahmoud Asgari y Ayaz Marhoni), así como a 107 iraníes (médicos, escritores, publicistas) por el delito de homosexualidad”.

En el escenario local, debemos recordar que hace algunos meses algunos de nuestros parlamentarios recibieron una delegación de congresistas iraníes, entre los cuales se contaba uno de los encargados del programa nuclear, lo que podría hacer pensar, en otras latitudes, que nuestro país no da señales claras frente a los excesos de dicho país.

Asimismo, y aunque pareciesen temas más alejados del interés particular de cada una de las naciones, tampoco ha habido pronunciamientos concretos respecto a los abusos de Irán en materia de Derechos Humanos contra las mujeres, las minorías religiosas, la oposición política, las personas con una orientación sexual diferente; además de otras atrocidades cometidas en los últimos años en dicha República Islámica.

El mandatario Ahmadinejad, mediante su política (Sharia) y sus "redadas del terror", pese a los tratados internacionales de Derechos Humanos y de protección a la infancia firmados por ese país, ha lapidado, flagelado y ahorcado a miles de personas. Hace pocos días el mundo vio con horror como en público se ahorcó a dos adolescentes de 16 años (Mahmoud Asgari y Ayaz Marhoni), así como a 107 iraníes (médicos, escritores, publicistas) por el delito de homosexualidad”.

De la misma forma, para la comunidad judía mundial no son irrelevantes las fervientes declaraciones de este mandatario en torno a que uno de sus objetivos es borrar del mapa a Israel y a su gente.

Latinoamerica pareciera no querer ver lo que está ocurriendo dentro de su región. Desde hace algunos meses la comunidad internacional mostró su preocupación por los vuelos directos que semanalmente llegan a Venezuela desde Irán, pues no había manera de saber la identidad de los pasajeros, el motivo de este puente aéreo, ni las cargas de esas aeronaves. Una situación que parece impensada pero que sin embargo ocurre.

Hace pocos meses visitó Bolivia el actual ministro de defensa iraní, Ahmad Vahidi, un fugitivo buscado intensamente por la Justicia argentina e Interpol por su participación en el atentado de la AMIA en Buenos Aires en 1994, que costó la vida de 86 personas y dejó un saldo de más de 300 heridos y que aún sigue sin ser esclarecido. Como si fuera poco el señor Vahidi ofreció, en esa visita, su ayuda militar a Bolivia ante un conflicto armado con Chile

La lista suma y sigue, por lo que mencionar el evidente fraude electoral del gobierno iraní para perpetuarse definitivamente en el poder, apoyándose en una atroz represión que culminó con cientos de manifestantes asesinados, torturados y humillados, constituiría un insignificante dato más de la causa que concierne exclusivamente a esa nación.

En vísperas de la publicación de un proyecto de ley sobre antidiscriminación, creemos que la presencia de líderes fundamentalistas, y su recepción con alfombra roja en países vecinos, no puede convertirse en un hecho que pase desapercibido para la opinión pública nacional ni para nuestras autoridades.

La mayor gravedad quizás constituya el hecho de que el gobierno iraní promueve y apoya ideológica, financiera y militarmente las actividades terroristas de conocidos grupos radicales alrededor del planeta, tales como Hezbollah, Hamas y muy probablemente también a insurgentes latinoamericanos provenientes de las Farc, por los nexos de Chávez con este frente armado, trascendiendo el radio de su accionar, dentro de las fronteras de su país, para convertirse en una amenaza para innumerables países del orbe, no quedando exento tampoco el nuestro.

Si las Naciones Unidas no han logrado contrarrestar con sus sanciones a este tipo de líderes fundamentalistas, que por lo demás continúan inescrupulosamente tendiendo redes para conseguir sus fines armamentistas, convirtiéndose en definitiva en un riesgo inminente para el mundo en su totalidad, quizás sea la última oportunidad que tengamos para manifestarnos enérgicamente contra este tipo de totalitarismos ideológicos que pretenden seguir contraviniendo los principios fundamentales de buena convivencia entre las naciones.

Edmund Burke, en una visionaria interpretación del devenir de la humanidad, quizás nunca imaginó que su memorable reflexión “para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”, podría convertirse en una perfecta profesía autocumplida.

Solo queda esperar que cuando las naciones decidan pronunciarse con claridad y energía al respecto, ya no sea demasiado tarde.

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