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Homenaje a Fernando Ortiz, Lincoyán Berríos y Horacio Cepeda

por 30 julio, 2012

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Discurso de Guillermo Teillier en funeral de los dirigentes comunistas, detenidos desaparecidos desde 1976.

A nombre del Partido Comunista de Chile, entregamos nuestro más profundo reconocimiento y expresamos nuestra admiración a los familiares de nuestros queridos compañeros Fernando Ortiz, Horacio Cepeda y Lincoyan Berríos, por el enorme valor, lealtad, tenacidad y el cariño y comprensión que han demostrado, y de lo cual nos dan ejemplo, en esta lucha tan larga por tener al fin en el regazo íntimo, familiar, los restos de sus seres queridos, detenidos desaparecidos por más de 36 años, bajo un velo de mentira institucionalizada, que ocultaba y pretende seguir ocultando la crueldad y ensañamiento con que se trató a miles de chilenas y chilenos por el solo hecho de pensar distinto.

El reconocimiento expreso de la calidad de militantes comunistas y luchadores por una causa justa y solidaria, de nuestros compañeros, es un preciado aliciente para los miles y miles que, como ellos, vamos tras la misma causa, llenos de esperanza por un futuro y una sociedad mejor. Es de manera muy especial un ejemplo para las jóvenes generaciones que se incorporan a la lucha. Para aquella juventud que hoy se rebela contra un sistema y una institucionalidad que no los representa y que estamos seguros llevarán adelante las transformaciones profundas que hoy la ciudadanía exige.

Sabemos que todavía persiste una minoría poderosa que asume que fue la vencedora en una guerra que no fue otra cosa que la aplicación del terrorismo de Estado contra un pueblo indefenso. Una minoría que justifica los crímenes que cometieron y que, más aun, se cree dueña del destino del país, amparándose en una impunidad que los ha transformado en intocables. En el reconocimiento de esta realidad que vivimos, está la base de nuestra lucha por la defensa de los derechos humanos, por conocer la verdad y por la justicia y por crear las condiciones para un sistema democrático y constitucional que desaloje toda pretensión de instalar de nuevo en Chile una dictadura fascista, como lo fue la que encabezó Pinochet.

Nos preocupa hoy la discusión de nuevas leyes represivas propuestas por el Ejecutivo al Parlamento, que rechazamos tajantemente. La pretensión de criminalizar la movilización social es un retroceso hacia posiciones autoritarias. Está claro también que no podemos aceptar una guerra no declarada contra el pueblo mapuche. El camino es el de la paz y es absolutamente contrario al de la militarización policial que lleva adelante el gobierno. Se debe asumir el camino de la aplicación de los tratados internacionales sobre pueblos originarios, la solución más rápida al problema de la tierra, el reconocimiento constitucional al pueblo mapuche y a todos nuestros pueblos originarios.

Estamos seguros que nuestros compañeros Fernando Ortiz, Horacio Cepeda y Lincoyán Berríos estarían en esta misma posición que hoy manifestamos, con ocasión del justo homenaje que les rendimos cuando llegan al lugar donde se levanta este Memorial tan simbólico y expresivo de la lucha de nuestro pueblo, tan lleno de sentimientos íntimos, tan cálido, solidario y acogedor en el abrazo fraterno hacia quien sufre el dolor de la injusticia y también albergador de la alegría que significa al fin encontrar a un ser querido, o a un compañero o compañera ausente.

Quisiera expresar en este lugar y con motivo de este justo homenaje, algo que está presente en el sentimiento de nuestro Partido desde hace mucho tiempo, que está dicho pero que merece ser repetido una y otra vez. En los primeros días del golpe fascista, la dictadura desarticuló a la dirección de nuestro Partido, hubo detenidos, asilados, perseguidos y acosados por la represión. Ante esa situación y reconociendo que el Secretario General del Partido seguía siendo el compañero Luis Corvalán, quien estaba detenido como prisionero de guerra, quedó al frente de la dirección clandestina del Partido en Chile, el Subsecretario General, compañero Víctor Díaz, que como sabemos fue detenido junto a varios otros compañeros de dirección en mayo de 1976. El partido sufría golpe tras golpe. Fue en esas circunstancias y en un intento por rearticular la dirección, que le corresponde asumir la responsabilidad máxima en Chile al compañero Fernando Ortiz.

Es difícil encontrar las palabras para expresar el significado, el alcance que tiene el papel jugado por estos compañeros, Víctor Díaz y Fernando Ortiz, frente al Partido, junto a las compañeras y compañeros de los equipos de dirección que los acompañaban, por los que trabajaban con ellos en las casas de seguridad o como enlaces, los que dirigían al Partido en regiones y comunas, en aquellas circunstancias tan difíciles, y todos aquellos y aquellas que asumían la defensa de las víctimas de la dictadura.

La actitud de estos compañeros puede connotarse con la conducta ejemplar de lealtad hacia el pueblo que mantuvo hasta el final de su vida el Presidente Salvador Allende.

Sus nombres, junto a los de quienes dieron todo de sí para poner fin a la dictadura, sin excepción alguna, quedarán inscritos para siempre en la historia de nuestro partido centenario.

Honor y gloria a nuestros queridos compañeros Fernando Ortiz, Horacio Cepeda y Lincoyán Berríos.

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