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2013: a terminar con los malos olores

por 7 enero, 2013

En la Alianza y en el gobierno, con el objeto de deslindar sus responsabilidades, nos acusan de no admitir que fuimos nosotros los que cimentamos y avalamos un modelo injusto. Pues bien, ello es cierto, aún cuando sufrimos el chantaje constante de la derecha de negarse a dar sus votos para numerosas iniciativas si no morigerábamos nuestra intención de fortalecer al Estado y su rol fiscalizador. Soy un testigo directo de ello en materia de las Isapres.
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Las ciudadanas y los ciudadanos de este país ya no soportan más los malos olores. Y no se trata sólo de la planta de Agrosuper en Freirina o de la Granja de Cerdos Porkland cuyas pestilencias motivaron a los habitantes de Til Til a salir a las calles. Me refiero a todo aquello que huela nauseabundo, que huela a abuso, a discriminación, a conflicto de interés, a abuso de poder, a burla, a ineficiencia e injusticia.

Y la lista es larga: La Polar, la Central Castilla, HidroAysén, las inequidades en los sistemas de salud y AFP, el escándalo de los sobreprecios vinculados al ex fiscal Peña, el trato preferente que recibió Johnson’s, la falta de atención a las regiones, el sueldo “reguleque” de Ximena Ossandón, las utilidades insultantes de la banca, las injusticias machistas en materia de sueldos que sufren las mujeres trabajadoras… y ahora todo el país está espantado con la caja de Pandora que se abrió con el caso de las acreditaciones universitarias y que vuelve la discusión a su punto de origen con la situación de la Universidad del Mar: el lucro.

En la Alianza y en el gobierno, con el objeto de deslindar sus responsabilidades, nos acusan de no admitir que fuimos nosotros los que cimentamos y avalamos un modelo injusto. Pues bien, ello es cierto, aun cuando sufrimos el chantaje constante de la derecha de negarse a dar sus votos para numerosas iniciativas si no morigerábamos nuestra intención de fortalecer al Estado y su rol fiscalizador. Soy un testigo directo de ello en materia de las Isapres.

Todo eso, repito, todos estos abusos han minado la confianza de la gente en las instituciones y ya llegó la hora en que hay que recuperar los sueños, las esperanzas y el cariño de nuestro pueblo. Los gobiernos deben hacer buenos gobiernos, los legisladores debemos hacer buenas y prontas leyes y la justicia debe hacer justicia. Así de simple, ni más ni menos.

En este año 2013 que se inicia no le faltemos el respeto a la inteligencia y a la paciencia de las chilenas y chilenos. El año pasado concluyó con el informe de Standard & Poor's que subió la calificación para la deuda soberana de Chile en un escalón a "AA-" desde "A+". ¿Y? Esa categorización nada dice de lo que estoy hablando: de esa sensación y ya certeza que tiene el país de que en Chile hay privilegios para unos pocos. Al otro lado están los endeudados, los abusados, los que luchan por llegar a fin de mes, los que ven con angustia que no tienen acceso a una buena educación para sus hijos.

En la Alianza y en el gobierno, con el objeto de deslindar sus responsabilidades,  nos acusan de no admitir que fuimos nosotros los que cimentamos y avalamos un modelo injusto. Pues bien, ello es cierto, aun cuando sufrimos el chantaje constante de la derecha de negarse a dar sus votos para numerosas iniciativas si no morigerábamos nuestra intención de fortalecer al Estado y su rol fiscalizador. Soy un testigo directo de ello en materia de las Isapres.

Y si se nos pide un mea culpa, el mejor reconocimiento de nuestros errores está en nuestra firme convicción de recoger todas las críticas, las movilizaciones en las calles y el despertar que vemos a cada instante en las redes sociales.

La arrogancia de la Concertación tras veinte años de gobierno se vino al suelo hace ya tres años, en enero de 2010. ¿Hay acaso peor castigo para una coalición política que perder el gobierno? No es necesario que la derecha nos lo recuerde, lo tenemos grabado a fuego en nuestras mentes.

Muchos de nosotros, con la figura de la doctora Michelle Bachelet en el alma y en la conciencia, queremos postular a imaginar un nuevo Chile, a llegar a ese 60 por ciento que no votó en las municipales con propuestas concretas para limpiar el aire y no oler más malos olores. Queremos un nuevo trato social con más transparencia. Ya no se trata solamente de terminar con el binominal o de llegar a un pacto razonable con el PC. Se trata de algo más profundo.

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