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¿Un Parlamento para Bachelet?

por 26 febrero, 2013

¿Qué es lo que la ciudadanía espera del nuevo parlamento? Eso mismo. Que sea nuevo. Y no un hemiciclo en donde más del 80% de los actuales parlamentarios concurren a ser reelectos, algunos de ellos –la gran mayoría– por casi enésima vez. Y si uno revisa su desempeño, probablemente surgirán muchas dudas de la calidad de su gestión.
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Está circulando entre diversos precandidatos al parlamento, por parte de la oposición, el lema “Un parlamento para Bachelet”. Entiendo la idea: aparecer vinculados a quien será, con toda probabilidad, reelecta Presidenta de Chile. Más, ¿será suficiente el lema? Ya sabemos que Michelle tendrá grandes y nuevos desafíos a encarar: los temas de fondo son el programa (¿qué cambios?) y el equipo de gobierno (¿los mismos de siempre?)… La reelección de la Presidenta no parece ser un tema extremadamente crítico. De ahí las inquietudes acerca de lo que vendrá, en realidad.

Por cierto, interesa a la oposición y a la Presidenta poder contar —ojalá ahora sí— con un Congreso ampliamente democrático y representativo de la mayoría social que reclama cambios profundos.

No es menor el que los parlamentarios electos sumen las mayorías necesarias en el parlamento para llevar a cabo las grandes reformas sociales y políticas pendientes, sin tener que depender del veto de la derecha. Esa es una gran meta. En ese sentido, un Parlamento para Bachelet es absolutamente necesario, pero ello no tiene porqué convertirse en un lema electoral, digamos, oportuno.

¿Qué es lo que la ciudadanía espera del nuevo parlamento? Eso mismo. Que sea nuevo. Y no un hemiciclo en donde más del 80 % de los actuales parlamentarios concurren a ser reelectos, algunos de ellos —la gran mayoría— por casi enésima vez. Y si uno revisa su desempeño, probablemente surgirán muchas dudas de la calidad de su gestión.

¿Qué es lo que la ciudadanía espera del nuevo parlamento? Eso mismo. Que sea nuevo. Y no un hemiciclo en donde más del 80 % de los actuales parlamentarios concurren a ser reelectos, algunos de ellos —la gran mayoría— por casi enésima vez. Y si uno revisa su desempeño, probablemente surgirán muchas dudas de la calidad de su gestión. Sin embargo, vuelven a postularse bajo la protección del santo sistema binominal que, curiosamente, el mismo parlamento termina avalando. Entonces, ahí tenemos un problema. “Un Parlamento para Bachelet” debiera recoger las nuevas dinámicas sociales, los nuevos temas contemporáneos, las nuevas demandas de participación. ¿Cuántos indígenas podrán ser electos diputados o senadores? Probablemente ninguno y el tema indígena es parte de las grandes demandas interculturales de nuestra sociedad actual. ¿Habrá más mujeres en el Parlamento que se proclama para Bachelet? ¿Aceptará la Presidenta que en su segundo mandato haya menos mujeres parlamentarias que en su anterior período? Porque ése será el resultado real de la nueva elección parlamentaria, dado que los partidos no ceden cupos ni a mujeres, ni a indígenas, ni a trabajadores. Entonces, ¿de qué nuevo Parlamento estamos hablando?

Del mismo parlamento, con algunos cambios menores, con algunos rostros nuevos, cuidadosamente menos de lo necesario. ¿Y qué se puede esperar con el sistema binominal?: que al final, ambas coaliciones mayores, la derechista alianza por Chile y la oposición (que habrá superado a la anterior concertación), ahora convertida en una nueva coalición popular de centro, centro-izquierda e izquierda, obtendrán un nuevo empate “técnico”. Ni la derecha será mayoría pero mantendrá su poder de veto, ni la oposición logrará imponerse ampliamente y entonces, las grandes reformas estructurales de cambios profundos que la sociedad reclama, tendrán que ser —nuevamente— negociadas con la derecha. ¿Y quién gana en este proceso de negociaciones? No son precisamente los ciudadanos y sus derechos. Son las instituciones del Estado y un modelo de desarrollo que permanecen inmutables.

¿Por qué no entonces levantar como lema de campaña “Un Parlamento por una mejor Democracia”? La idea sencilla sería decir que lo mejor que conviene a la reelección presidencial de Michelle es un parlamento con una amplia mayoría por los cambios. Pero esto requiere que, al menos, la primera señal de cambios sea que la ciudadanía vea reflejada sus deseos de reformas profundas en nuevos rostros, con nuevas trayectorias, con una mejor representación de la sociedad actual, con presencia de mapuches y mujeres, de trabajadores y de minorías sexuales, con una renovación efectiva de candidatos que tengan más ideas y menos lemas, menos fotos photoshopeadas y más diálogo directo (y permanente) con el pueblo; con menos dinero que botar en las calles y más empatía con los sueños y esperanzas de una sociedad más justa. ¿Es mucho pedir? Sí. Para los partidos políticos actuales, es demasiado pedir. Eso es un drama. Para la Presidenta no. Ella deberá ser portadora de tales sueños.

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