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La democracia y la Concertación: pongamos los bueyes delante de la carreta

por 10 abril, 2013

Veo un sector de la Concertación que está en una labor de blindaje, de reducir riesgos al máximo, quizás muchos más que en el pasado cuando se construyó este pacto. Observo en las declaraciones y en las acciones de algunos actores un esfuerzo por contener, por reducir, más que estimular y ampliar el debate.
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“Poner la carreta delante de los bueyes”, es una expresión que usan en el campo y que grafica el tema central que queda después de la lectura del libro ‘El Pacto’ de Claudio Fuentes, el cual fui invitada a presentar junto con el Ex Presidente Ricardo Lagos y Fernando Paulsen. Hay algo entre nosotros que nos lleva muchas veces a poner la carreta antes que los bueyes. El año pasado en los foros en que participé como precandidata presidencial la pregunta era fija y fácil de anticipar… ¿Está a favor o en contra de la asamblea constituyente? Sí o No. Cualquier explicación estaba de más. No recuerdo ninguna pregunta sobre el fondo de la cuestión: ¿qué democracia es la que quiere Ud.?

Hasta el momento hemos debatido sobre la democracia que "podemos tener", consecuencia de este pacto que ha permitido la construcción de un orden institucional a punta de reformas, intentando borrar el pecado de origen de su legitimidad. Mi duda es si pusimos la carreta delante de los bueyes más allá de las restricciones descritas en el libro. Las limitaciones heredadas de la dictadura y administradas por la UDI y RN nos llevaron a dejar de lado la discusión sobre el tema de fondo. La discusión pasó de ser estratégica a simplemente táctica y ordenada única y exclusivamente por la agenda de reformas puntuales al sistema político.

Veo un sector de la Concertación que está en una labor de blindaje, de reducir riesgos al máximo, quizás muchos más que en el pasado cuando se construyó este pacto. Observo en las declaraciones y en las acciones de algunos actores un esfuerzo por contener, por reducir, más que estimular y ampliar el debate.

Esta renuncia nos ha privado de contar hoy con una visión compartida y sólida de la democracia que queremos. Así la negociación de las reformas al sistema político fue siempre parcelada y ajena a esa visión compartida. Período presidencial o la ley de inscripción automática demuestran esta falencia. Legislamos y borramos con el codo. La ausencia de esta visión compartida nos privó de movilizar un respaldo ciudadano para una negociación política con la derecha. De este modo, discursiva y comunicacionalmente quedamos siempre anclados en el detalle y eso hizo que la derecha encontrara allí la mejor de las justificaciones para su negativa a democratizar el sistema… ¿para qué quieren más senadores o diputados? …el país tiene problemas más importantes… La pobreza no se resuelve con el fin del binominal.

“El pacto” desmistifica la idea de una democracia consolidada y ajena a los vaivenes del continuo reformismo: la tasa de reformas políticas es superior al promedio anual de reformas de América Latina. He llegado al convencimiento, vía la experiencia de estos años como senadora, que el camino de la reforma política con estas limitaciones solo ayuda a la deslegitimación del sistema. Nuestra institucionalidad está teniendo rendimientos decrecientes. Es el momento de plantear una propuesta de Reforma Constitucional, pero de la mano de un debate sobre el tipo de democracia que queremos, considerando mecanismos de participación en esa discusión que permitan la expresión no solo de grupos de interés, sino de los que no son actores, pero que son, al fin y al cabo, los actores principales.

Pese a la gran oportunidad que nos ofrece el momento político que vivimos, veo un sector de la Concertación que está en una labor de blindaje, de reducir riesgos al máximo, quizás muchos más que en el pasado cuando se construyó este pacto. Observo en las declaraciones y en las acciones de algunos actores un esfuerzo por contener, por reducir, más que estimular y ampliar el debate. No percibo que esta discusión sea la gran oportunidad para reencontrar el camino como coalición y para efectivamente resintonizarnos no solo con el mundo social organizado (que representa un parte de los ciudadanos), sino también con la ciudadanía.

Otros señalan la inconveniencia de plantear este tema en medio de una campaña presidencial, donde las posiciones naturalmente se polarizan. De ser así ¿cuándo lograremos compromisos efectivos y concretos? ¿Por qué renunciar justo ahora a la posibilidad de convocar a una gran mayoría con un sueño mayor como lo hicimos el 88?

Ha llegado el momento de poner los bueyes delante de la carreta. Nuestra democracia requiere que hagamos un esfuerzo a fondo para que siga siendo un instrumento eficiente al servicio de los más de 16 millones de chilenos que son parte de ella.

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