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Variabilidad del clima y el agua

por 26 octubre, 2013

Al Estado le compete entonces proveer los instrumentos y espacios de comunicación que vayan más allá del financiamiento de proyectos resultadistas a corto plazo, pero también debe realizar esfuerzos de largo plazo en la provisión de información y en el seguimiento más allá de la finalización de los proyectos de transferencia tecnológica.
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Chile se ve afectado fuertemente por la variabilidad del sistema climático: años más lluviosos que otros, meses más secos que otros años y décadas, como la del 80, más lluviosas. Además, la cantidad de agua que cae anualmente ha variado en los últimos 100 años. Por otra parte, la evidencia muestra un aumento sostenido de la temperatura de la Tierra, que vendría a afectar el clima (precipitación y temperatura).

La principal fuente de variabilidad interanual es el proceso de la atmósfera y el océano conocido como El Niño, Oscilación del Sur. Este proceso implica la alternancia cuasi periódica de eventos de El Niño, que genera lluvias sobre lo normal en Chile Central, y de La Niña, que genera una disminución de las precipitaciones. Sin embargo, no necesariamente un evento de El Niño (o La Niña) conlleva un año lluvioso (o seco). Por otra parte, se observa una tendencia decreciente en la precipitación anual desde el año 1900, de aproximadamente 1,5 mm por año en, por ejemplo, la cuenca del Itata (Chillán). Sin embargo, es necesario ser cuidadosos en la elección de los periodos de análisis: si se toma el periodo 1980-2000, la tendencia es marcadamente negativa; pero, si se toma el periodo 1980-2010, no se obtiene una tendencia significativa.

Al Estado le compete entonces proveer los instrumentos y espacios de comunicación que vayan más allá del financiamiento de proyectos resultadistas a corto plazo, pero también debe realizar esfuerzos de largo plazo en la provisión de información y en el seguimiento más allá de la finalización de los proyectos de transferencia tecnológica.

Así, el clima se presenta altamente variable e incierto. Un clima estable no implica que habrá lluvias “normales” todos los años, sino que, en el caso de la zona central, las variaciones son acotadas en magnitud y presentan una cierta regularidad. Por otra parte, la demanda de agua por parte de la agricultura ha aumentado durante las últimas décadas, lo que implica un condición más ajustada entre la demanda y la disponibilidad de agua. Así, la escasez de agua se hace más patente ahora que hace 40 años. Las implicancias en el manejo del agua son inmediatas: a mayor variabilidad, aumenta el riesgo de escasez de agua, pues la oferta hídrica es variable, mientras que la demanda es creciente.

Una de las bases que sustenta la producción agrícola chilena es la condición de clima mediterráneo, lo que implica que las precipitaciones se concentran durante 5 meses y que el resto del tiempo es relativamente seco. Así, la agricultura chilena depende fuertemente del riego durante los meses de estiaje, el cual a su vez depende de la disponibilidad de agua acumulada durante el invierno.

Por todo ello, la variabilidad es parte de nuestra realidad, con la cual debemos aprender a convivir. Sin embargo, suponer que los efectos de la variabilidad del clima sólo se reducen a cambios tecnológicos a nivel de predio, es equivalente a suponer que los problemas de la educación se solucionan cambiando las pizarras blancas por pizarras inteligentes. Frente al aumento del riesgo por efecto de la creciente escasez del recurso hídrico y la disminución de los márgenes económicos, se hace necesario integrar las necesidades productivas de los agricultores, en sus diferentes escalas de decisión, con la capacidad de solución de la ingeniería y la capacidad de explicación de la ciencia. Así, podríamos mitigar los efectos negativos, pero también tomar ventaja de los años “buenos”.

Al Estado le compete entonces proveer los instrumentos y espacios de comunicación que vayan más allá del financiamiento de proyectos resultadistas a corto plazo, pero también debe realizar esfuerzos de largo plazo en la provisión de información y en el seguimiento más allá de la finalización de los proyectos de transferencia tecnológica.

En resumen, el clima es nuestro principal recurso en la agricultura, pero también el mayor problema. Suena a la vida, por lo que queda convivir con ello de la manera más civilizada posible. Más que “entregarse”, hay que “prepararse”.

Y tenemos las herramientas técnicas y tecnológicas para hacerlo.

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