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La Teletón esconde la responsabilidad del Estado

por 14 noviembre, 2014

Debemos entender que donar una vez cada año sin elecciones no es solidaridad. Llorar frente al televisor con un relato de vida no es integración, y comprar productos con el logo de la Teletón ayuda a mantener a una mayoría en la vereda del olvido sin una salud digna.
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* Mucho se ha escrito de la Teletón por estos días. Desde que la ONU calificó a esta “empresa” como una promotora de estereotipos de discapacitados, tratándolos como sujetos de caridad y no de derechos. Las críticas en nuestro país se han sumado desde distintas veredas. Se ha puesto en tela de juicio la participación de empresas, de su creador y fundador Don Francisco, el real aporte de ésta y el rol del Estado entre tantas otras, las cuales intentaré, en parte, desmenuzar en esta columna y aportar al debate.

Efectivamente las críticas de la ONU apuntan en la dirección correcta, pues la Teletón explota la caridad hacia las personas discapacitadas y no las presenta como sujetos merecedores de derechos, en especial a una salud digna. Si bien efectivamente entrega en sus centros una atención de calidad y lograr altos estándares de rehabilitación, es la forma en la que se presentan los casos y no el objetivo finalmente alcanzado lo que se objeta.

Un claro ejemplo de esto es que en los más de 35 años de esta iniciativa, no hay un cambio cultural en Chile respecto a la inclusión, el respeto y la comprensión hacia la realidad de la población discapacitada. Es más, se extraña en el mismo programa el lenguaje de señas o iniciativas para aumentar la empleabilidad de las personas con discapacidad, de las cuales, según el Primer Estudio de la Discapacidad en Chile (2004), un 71% ni siquiera trabaja. Asimismo, fuera de las 27 horas que cada año sin elecciones se produce este show, vemos un sinnúmero de personas exitosas en distintas áreas del deporte, la cultura o el trabajo. Sin embargo, el resto del año son invisibles y no tienen mayor cabida en los medios que se unen en red para dar la Teletón. Así, este año vimos cómo TVN, “el canal de los chilenos”, tuvo una amplia cobertura para los juegos Suramericanos llevados a cabo en nuestro país, pero no transmitió los juegos Parasuramericanos llevados a cabo la semana inmediatamente siguiente. Impresentable.

Los centros de la Teletón entregan un gran aporte a muchos que lo necesitan; sin embargo, el alcance de sus labores es bastante acotado. Según el mismo estudio citado anteriormente, el 94% de las personas con discapacidad que viven en Chile no tiene acceso a rehabilitación. La Teletón y su poder mediático da una falsa sensación de que ser discapacitado en Chile no implica el desamparo donde las cifras oficiales así lo indican.

Por su parte, las empresas cumplen un rol fundamental cada año que se realiza una nueva Teletón. Aumentan significativamente su propaganda de apoyo y sentido solidario con la cruzada, pero en las dos últimas teletones no aportaron más allá del 17% del total recaudado. Considerando el aumento en ventas que logran sus productos, con los famosos “desafíos” que llevan a la ciudadanía a comprar más para que la empresa haga una donación importante por su participación (estrategias usadas hace sólo 5 Teletones). El contar con relevantes figuras a muy bajo costo para su propaganda y la exposición que esto significa, podemos concluir que los aportes son bastante exiguos, por decir lo menos.

Mención aparte merecen las Isapres, las cuales sólo con las utilidades logradas en 2013 podrían financiar 1,5 veces la meta de la Teletón 2014. Además, debemos considerar que por sus condiciones de coberturas y preexistencias, empujan a que Fonasa atienda a las personas con discapacidad, siendo que Fonasa puede gastar sólo una quinta parte por usuario que lo que las Isapres asumen (y aún así lograr millonarias ganancias).

La Teletón ha logrado invisibilizar y perpetuar los problemas reales que como país debemos corregir. Una salud como derecho garantizado, donde nadie, discapacitado o no, quede a merced de la caridad en Teletones, bingos o rifas, para poder salir adelante y tener una vida digna. Esto se puede lograr mediante un sistema de salud que sea realmente solidario, no una vez al año cuando no hay elecciones, sino que día a día cuando en verdad se necesita.

Debemos comenzar a impulsar en forma real y efectiva la inclusión, el trabajo, exigir a las empresas participantes, al menos demuestren tener políticas de inclusión, educación y apoyo a sus trabajadores. También seguir impulsando la no discriminación y hacer de nuestras ciudades lugares amigables para las personas con capacidades diferentes. Y algo más simple aún: con la Teletón no limpiamos nuestras conciencia de estacionarnos en un lugar para discapacitados, porque íbamos apurados al banco, o al discapacitado que vimos y que para nosotros sigue siendo “invisible”.

Finalmente, debemos entender que donar una vez cada año sin elecciones no es solidaridad. Llorar frente al televisor con un relato de vida no es integración, y comprar productos con el logo de la Teletón ayuda a mantener a una mayoría en la vereda del olvido sin una salud digna.

* Publicado en El Quinto Poder

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