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Vidalgate: paremos la moralina Opinión

Vidalgate: paremos la moralina

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Gabriel Ossandón
Por : Gabriel Ossandón egresado de derecho, Instituto Igualdad
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Guarello lo decía bien, Vidal es nuestro reflejo: un cabro de extracción popular, sin educación, nublado por los millones. Tercero, mentira otra vez, en cuanto Estado, esta vez nuestra justicia funcionó como lo haría – más o menos – con cualquier conductor ebrio, salvo con Martincito que sí que zafó. La discusión sobre la justicia, al menos en este caso, está saldada, la única que queda es la deportiva.


Lo de Vidal estuvo mal, porque está mal que cualquier persona maneje borracha, a exceso de velocidad, que se sienta por sobre la justicia. Puso en riesgo su vida, la de su señora y la de cualquier persona que estuviera cerca. Por suerte hoy estamos hablando de un “escándalo” y no de la tragedia de Arturo o de cualquier otra. Por lo mismo, bien por la detención, su respectivo control y bien la noche que pasó en la comisaría. En menor medida, es lamentable porque ha declarado a los cuatro vientos que quiere ganar la Copa y con la actitud de ayer simplemente lo contradice.

Hasta ahí, bien. Con todo el resto, paremos un poco: no somos dueños de los jugadores. Nacieron benditos con un talento que apreciamos y han sacrificado familia, tiempo y ocio en ser lo gigantes que son; pero no nos deben nada. La Selección no es una pega, así como ser talentosos no es una condena.

Es cierto, ojalá todos tuvieran la pasión y el compromiso de Alexis, de Bravo, de Gary y de tantos otros seleccionados – de nuestros colores y de otros – que sacrifican aún más de lo que ya han hecho por darnos una que otra alegría. Ojalá, pero por nosotros, por el resto, por los que estamos fuera del rectángulo de tiza. Por nosotros que disfrutamos con sus triunfos y lloraremos sus derrotas. Pero ¿y si no lo tienen? ¿si no lo quieren tener? ¿los podemos putear por eso? ¿están obligados a respondernos?. Entonces, ¿Pizarro nos traicionó por años por no querer venir a jugar? ¿Vidal está traicionando al pueblo o a la patria o a los niños que confían en él?
Paremos un poco y pongámosla contra el piso: estamos hablando de un evento deportivo, esto no es la guerra contra España, ni el tribunal de la Haya. Es un asunto deportivo. Nadie muere – o debería morir- por esto, no seremos mejores ni peores. Demos dos pasos a atrás y miremos bien: tenemos encerrados en un régimen estricto de entrenamiento a 23 jóvenes, entre 20 y 30 años. Jóvenes que, por lo demás, trabajan durante todo el año con su físico y están sacrificando “por Chile” sus vacaciones.

[cita]Como es un asunto deportivo, la decisión es de Sampaoli. Y él habrá evaluado que así y todo Vidal le sigue sumando a su objetivo de tener el mejor desempeño posible en la Copa América. Paremos el moralismo y la hipocresía, discutamos sobre eso: si le quiebra o no el camarín, si le rinde Vidal con caña, si abre la puerta a otros casos de indisciplina, cómo afecta a la Selección y como afecta a la pelotita. Esa es la cancha de la discusión, no la justicia, ni la moral, ni la traición.[/cita]

Es cierto que reciben premios, pero son eso: premios, no salarios. Es cierto también que les sirve de vitrina ¿y si no quieren utilizarla? O si la utilizan mal, como lo está haciendo Arturo. Es un error creer que están obligados a agachar la cabeza, a ser nuestros gladiadores y a darnos alegrías. Mientras no reconozcamos su libertad en hacerlo, no le daremos el suficiente mérito a que, en efecto, lo hagan. Seguiremos siendo injustos con Alexis y Gary si creemos que están indefectiblemente obligados a hacernos felices.

Han aparecido otros, más estructurales, dicen que esto es una muestra clara de que el país es banana, charcha, que en Alemania esto no pasa. Primero, mentira: casos de indisciplina de jugadores de fútbol sobran en todos lados.
Miren las fiestas de Ronaldo, Ribery o Benzema. ¿Cuantos jugadores – de países europeos, no charchas como el nuestro – “desperdiciaron” su talento entre la farra, el trago y el cigarro? Segundo, verdad: ojalá nuestros jugadores tuviesen acceso a la mitad de la educación que tuvo la Selección Alemana. Guarello lo decía bien, Vidal es nuestro reflejo: un cabro de extracción popular, sin educación, nublado por los millones. Tercero, mentira otra vez, en cuanto Estado, esta vez nuestra justicia funcionó como lo haría – más o menos – con cualquier conductor ebrio, salvo con Martincito que sí que zafó. La discusión sobre la justicia, al menos en este caso, está saldada, la única que queda es la deportiva.

Entonces, como es un asunto deportivo, la decisión es de Sampaoli. Y él habrá evaluado que así y todo Vidal le sigue sumando a su objetivo de tener el mejor desempeño posible en la Copa América. Paremos el moralismo y la hipocresía, discutamos sobre eso: si le quiebra o no el camarín, si le rinde Vidal con caña, si abre la puerta a otros casos de indisciplina, cómo afecta a la Selección y como afecta a la pelotita. Esa es la cancha de la discusión, no la justicia, ni la moral, ni la traición.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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