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A propósito del matrimonio para todos y todas en Chile

por Rodolfo Morrison Jara, Dr. en Lógica y Filosofía de la Ciencia 7 julio, 2015

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Señor Director:

Me ha sorprendido gratamente el dictamen del Tribunal Supremo de los Estados Unidos que califica como ilegal la prohibición del matrimonio a personas del mismo sexo.

¿Por qué me ha llamado particularmente la atención? Pues, resulta que vivo en Chile hace varios años, de hecho soy chileno, pero viví algún tiempo en España donde conocí a mi esposo. Nos enamoramos cuando vivíamos en Madrid, y nos vinimos a vivir a Chile. Tomamos la decisión de casarnos, pero al no estar permitido el matrimonio para todas las personas en Chile, no nos fue posible, por lo que lo hicimos en España.

Ya ha pasado un año y medio, y no hay día en que no me pregunte cómo es posible que viva siendo soltero en Chile y casado en España. Me cuesta creer que viva en una sociedad donde mi amor no es legal, donde no tengo derecho a conformar una familia, a adoptar ni a planes de salud compartidos. Me es difícil comprender que las decisiones de mi vida personal tengan que ser “consultadas a la sociedad”, y que tenga que ser la mayoría la que apruebe o no mi posibilidad de ser padre; si puedo o no expresar mi amor a mi pareja en público; o ¡si la sociedad está preparada para que mi matrimonio sea legal! Sinceramente, ¿qué me importa sí 56% de las chilenas y chilenos está a favor de que me case? Perdón, pero ¿los derechos humanos son consultados? Es decir, si el 70% de las personas de un país aprueba la tortura, esa es una medida que debe aplicarse. Pues no lo creo.

No creo que nadie, mas que yo mismo, tenga el derecho de decidir con quien me caso. Pero, lamentablemente esto no es posible en Chile. En este país, aún se piensa que una minoría puede imponer sus ideales a los demás. Aún se establecen discusiones valóricas vinculadas con temas de salud pública. Aún algunas ideologías religiosas tienen el derecho sobre las decisiones íntimas de las personas en un país laico. Eso es algo que no puede seguir ocurriendo.

Las ideologías religiosas provienen de las ideas, y las ideas son instrumentos de adaptación y evolución. Afortunadamente, como humanidad tenemos la opción de cambiar nuestras ideas a través de la reflexión. Gracias a esto la esclavitud fue abolida, las mujeres obtuvieron el derecho a votar, no existen los hijos ilegítimos, los matrimonios heterosexuales pueden separase y la tortura es condenada.

Pero, al mismo tiempo, las ideas representan hábitos. Es decir, es un hábito pensar que las cosas deben ser siempre de la misma forma. Es un hábito pensar que las niñas y los niños no puedan estar expuestos a la diversidad, o que las personas en situación de discapacidad no puedan trabajar, o que las personas inmigrantes “nos quitarán el trabajo”, o que la población mapuche sea agresiva. Estos son “hábitos nocivos para la ciudadanía”, o más bien, hábitos irreflexivos que vienen desde la ignorancia, el miedo y, sobretodo, la falta de reflexión crítica.

Así, el pensamiento es la única manera de asegurar la felicidad. Por ello, cuando pensamos críticamente, evaluamos lo mejor para las personas y ponemos en tela de juicio las falsas y viejas creencias, tenemos la oportunidad de avanzar como sociedad, logrando ser una sociedad más inclusiva, diversa y responsable con otras personas.

Que Chile aún no apruebe el matrimonio para todos y todas, representa una clara señal de discriminación, de injusticia social, de arbitrariedad valórica y de una falta de responsabilidad con sus ciudadanos y ciudadanas.

Los ideales individuales no pueden, bajo ningún término, afectar de manera peyorativa o discriminatoria la vida íntima de las personas. Como ciudadano, tengo el derecho de casarme con quien yo elija, y no es posible que este Estado me lo prohíba. Y si lo hace, algo está mal.

Así, el diálogo ha estado abierto durante décadas (no como lo ha prometido la presidenta: “abrir el diálogo”) siendo necesaria la aprobación del matrimonio para todos y todas. No hay nada que debatir, nada que discutir ni nada someter votación. ¡El matrimonio legal debe ser un hecho ya!

 Rodolfo Morrison Jara

Dr. en Lógica y Filosofía de la Ciencia

Académico Departamento de Terapia Ocupacional

Universidad de Chile

 

 

 

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