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Endeudamiento moral

por 19 octubre, 2016

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Hace unas semanas, la Superintendencia de Pensiones entregó su Informe Anual de Deuda Previsional Declarada y las cifras me llamaron la atención. Actualmente, en Chile, más de 250 mil  empleadores reconocen haber descontado el valor de las cotizaciones a sus trabajadores, pero no haberlas pagado. Esto se traduce en que cerca del 20% de los afiliados a las AFP presentan lagunas en su historial de ahorro. Lagunas de las que muchos no tenían conciencia hasta que fueron informados por su administradora de fondos de pensión o hasta que se les ocurrió revisar la cartola correspondiente.

Al observar esto me puse a pensar en el mensaje que el profesor Michael Naughton nos diera en su visita al país. Durante su exposición, el académico de la Universidad de Saint Thomas y experto en ética, habló de tres tipos de “buenos bienes”: los buenos productos y servicios, el buen trabajo (contando con un buen trato y un liderazgo positivo, entre otras cosas) y la buena riqueza. Y es este último punto en el que me quiero detener.

¿Qué es una riqueza bien habida? Es aquella imprescindible ganancia económica que cualquier empresa necesita para subsistir y que es el fruto de la correcta producción de bienes y servicios. Es la rentabilidad que una compañía obtiene del trabajo mancomunado de todos quienes la conforman –desde el empleado con la función más primaria hasta el gerente general–, aquel trabajo que se desarrolla con las condiciones laborales adecuadas, en un ambiente en el que se cuida y respeta la dignidad humana de cada uno de sus trabajadores. Son las utilidades que todo negocio obtiene cuando el empresario comprende que la suya es una noble vocación, cuyo fin último es proveer las herramientas para alcanzar el bien común.

Inevitablemente, esto me remite a la responsabilidad de los líderes y al llamado que se les hace  desde la subsidiariedad aplicada a la gestión de una empresa. Un llamado a ser rectos, a practicar lo que predican, a ser un ejemplo de gestión responsable y transparente. Líderes que tengan claro que están trabajando con una comunidad de personas y no con números, seres humanos con un nombre, un rostro, una familia y una historia detrás.

Es así como el caso de esta deuda previsional va mucho más allá de los pagos que ciertas empresas debieron hacer, pero no concretaron. Es también un endeudamiento moral, una falta que perjudica al bien más preciado de cualquier compañía: las personas. Porque al no pagar las cotizaciones de sus empleados, la empresa está desconociendo el derecho de sus trabajadores a recibir una jubilación justa en el futuro. Más de alguien podría pensar que dejar de cumplir con estos pagos por algunos meses no influye en nada. Sin embargo, si la deuda se mantiene por un período de un año, la pensión se reduce en 1.1%. Lo peor es que no todas las compañías regularizan esta situación –que pudiera responder a un momento de falta de liquidez o incluso a la quiebra– y hay veces en que son los propios trabajadores quienes deben asumir la deuda y cancelarla o, simplemente, aceptar las lagunas procedentes de ésta en sus fondos de ahorro.

Inevitablemente, esto me remite a la responsabilidad de los líderes y al llamado que se les hace  desde la subsidiariedad aplicada a la gestión de una empresa. Un llamado a ser rectos, a practicar lo que predican, a ser un ejemplo de gestión responsable y transparente. Líderes que tengan claro que están trabajando con una comunidad de personas y no con números, seres humanos con un nombre, un rostro, una familia y una historia detrás. Empleados de los cuales depende que la empresa produzca verdaderamente bienes y servicios que aporten a la sociedad, que contribuyan al crecimiento económico del país y a su propio desarrollo profesional y personal.

Es imprescindible que los hombres y mujeres de empresa internalicen este mandato y lo hagan parte de su forma de hacer negocios, sin la necesidad de que nadie se los recuerde ni de que otras instituciones tengan que fiscalizarlos para hacer que cumplan con su deber. Porque quien tiene clara su noble vocación, entiende que la empresa no solo tiene que generar ingresos, sino que también debe ser un refugio que permita el crecimiento individual, la realización personal y la búsqueda activa del bien común.

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