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Yuraszeck gurú: los flancos de Piñera abren un nuevo escenario político

por 2 marzo, 2017

Yuraszeck gurú: los flancos de Piñera abren un nuevo escenario político
Los escenarios de Yuraszeck se han vuelto profecía autocumplida. No es menor la incertidumbre que comienzan a expeler los pasillos de los grandes círculos empresariales ante una eventual caída de la única carta presidencial viable para el sector, entendiendo el estancamiento endémico del aún amado –pero inviable– Ricardo Lagos.
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Sebastián Piñera había vuelto de sus vacaciones hace una semana sonriente y proactivo. Iniciaba su camino a la esperada proclamación como precandidato presidencial, visitando diversas zonas afectadas por la catástrofe incendiaria que azotó a la zona centro sur del país hace aproximadamente un mes. Las clásicas casacas rojas de los equipos de Piñera desplegados “en terreno”; fetiches de la eficiencia y trabajo 24/7, volvieron a aparecer ante las cámaras. Esta imagen era coherente con el discurso que la derecha había logrado instalar a través de múltiples vocerías: Piñera y su Gobierno hicieron un excelente trabajo en materia de “gestión” durante su mandato, a diferencia de lo que ha hecho este Gobierno en materia de reformas, así como también ante las catástrofes.

Con todo, el retorno de vacaciones de Piñera había sido bien diseñado y montado. La performance prontamente se sumergiría en el “huracán mediático” desatado por la eficaz operación política de Mariana Aylwin durante la semana pasada. El conflicto relevado por la ex ministra concertacionista resultaba conveniente para un perfil que sabe cómo explotar la lógica discursiva de la “Guerra Fría”. El oponente –para variar– sería Cuba. Piñera “mataba dos pájaros de un tiro”.

Por un lado, solidarizaba con una aliada natural, Mariana Aylwin. Por el otro, aportaba con un “grano de arena” al resquebrajamiento del eje DC-PC al interior de la Nueva Mayoría, mediante su apoyo implícito al reposicionamiento de los sectores conservadores de la DC en la interna del partido, los cuales –incluyendo a la corriente liderada Mariana Aylwin, Progresismo con progreso– habían perdido mucho terreno frente la avanzada táctica y estratégica comandada por la senadora y futura precandidata presidencial de la falange, Carolina Goic.

Hasta ese momento, el comando de Piñera había logrado neutralizar de buen modo las repercusiones que comenzaban a generar las investigaciones de la Fiscalía producto del caso Bancard-Exalmar. Con pleno conocimiento de estos decursos investigativos, tanto el comando de Piñera como el bloque en general, trazaron sus caminos hacia el lanzamiento formal de la principal candidatura del sector.

Las directivas de RN y la UDI proponían fechas. El primero quería proclamarlo (junto a Manuel José Ossandón) el 25 de marzo. La UDI, se adelantaba y proponía el 18 de marzo para ratificar el compromiso y apoyo unívoco del partido a la candidatura, descartando de plano levantar una carta salida desde sus filas. El comando de Piñera, intuyendo las repercusiones del caso, proponía realizar todas las ceremonias en torno a la proclamación el último fin de semana de marzo.

¿Podrá Sebastián Piñera ir más allá del electorado de “derecha duro” después de estos develamientos? He aquí una pregunta decisiva.

Todo este escenario que parecía medianamente controlado por Piñera y sus asesores, se vio desbordado en tan solo un par de días.

A inicios del mes de marzo, no queda nada de lo sembrado en los días del arribo. La situación ya era de gravedad cuando las tibias resonancias provocadas por la campaña “100#díasdesilencio” bastaron para recordar a la opinión pública que Sebastián Piñera no solo tenía la condición de precandidato presidencial ad portas de formalizar una apuesta que había nacido incluso antes de que terminase su primer y (hasta ahora) único mandato. Junto con ello, Sebastián Piñera tenía la condición de imputado.

Un ex Presidente de la República que tenía que declarar en condición de imputado ante la Fiscalía por una querella presentada en su contra por el diputado Hugo Gutiérrez, a partir de antecedentes aportados por la prensa. La situación era hasta ese momento muy delicada. Por lo tanto, las declaraciones entregadas por el fiscal Manuel Guerra a La Tercera, el domingo pasado, dieron un respiro al comando piñerista.

El respiro para el comando de Piñera fue breve. El remezón en el escenario sociopolítico: intenso.

El lunes, todo se complicó para Sebastián Piñera. Fue sobrepasado el cerco judicial que había construido la defensa del ex Mandatario en torno a su hijo. Existen pruebas fehacientes de que Juan Sebastián Piñera Morel tenía conocimiento de las condiciones del negocio que se aprestaba a realizar Bancard, las cuales, hasta ese momento, no resultaban favorables a la inversión (esta impresión sería revertida; como sabemos, Bancard ingresaría finalmente al negocio).

En paralelo a esta arista particular, lo más importante en términos mediáticos fue sin duda la publicación de Radio Bío Bío, en la cual se informa que Sebastián Piñera negoció en agosto de 2010 la bajada de la Central Termoeléctrica Barrancones (que –recordemos– realizó por vía “extrainstitucional”), en el mismo período en que su familia era accionista principal en un negocio que pretendía instalarse en el mismo sector. Hablamos de Minera Andes Iron, la sociedad matriz de Minera Dominga.

La acumulación de aristas investigativas pareciera confirmar los presagios del reconocido empresario y militante de la UDI, José Yuraszeck, quien mediante una carta pública, el pasado 15 de diciembre en El Mercurio, recomendaba a la derecha política lo siguiente: “Me llama la atención que diversos políticos de derecha afirmen que ya sería tarde para que el ex Presidente Piñera se desembarque de la próxima carrera presidencial. Pienso que ese es un tema que solo le compete a él y a su conciencia. Solo Piñera sabe cuántas otras ‘operaciones Perú’ o ‘préstamos Latam’ existen. No hago un juicio de valor de dichas operaciones, pero estoy seguro de que si se lanza a la campaña presidencial, y llegasen a existir más ‘operaciones’ o ‘préstamos’, estos van a salir a la luz. De ser así, resulta evidente que cada episodio le restará apoyo y lo conducirá a una segura derrota. Todo lo anterior se resume en que si Piñera se embarca en la carrera presidencial es porque está limpio de otras operaciones como las señaladas. Si no lo estuviese e igual se lanza, estaríamos frente a un caso de gran irresponsabilidad política. Esperemos su decisión”.

Ya sabemos la decisión de Sebastián Piñera: alcanzar nuevamente el sillón presidencial. También, podemos confirmar que los escenarios de Yuraszeck se han vuelto profecía autocumplida. No es menor la incertidumbre que comienzan a expeler los pasillos de los grandes círculos empresariales ante una eventual caída de la única carta presidencial viable para el sector, entendiendo el estancamiento endémico del aún amado –pero inviable– Ricardo Lagos.

¿Podrá Sebastián Piñera ir más allá del electorado de “derecha duro” después de estos develamientos? He aquí una pregunta decisiva.

Claramente, el escenario ha incorporado una nueva dosis de incertidumbre, alimentando el apetito de los competidores más cercanos: José Antonio Kast, Felipe Kast y Manuel José Ossandón, por el lado de Chile Vamos, ya comienzan a olfatear el “desangramiento” en los índices de aprobación de Sebastián Piñera. Ricardo Lagos, Carolina Goic, Alejandro Guillier, José Miguel Insulza y Fernando Atria, por el lado de la Nueva Mayoría, también comienzan a redoblar sus apuestas.

En la vereda de enfrente, los partidos y movimientos políticos que componen el Frente Amplio definen las precandidaturas presidenciales que se presentarán a las primarias ciudadanas que realizará el sector –ya sea apelando a la normativa electoral vigente o a la autogestión electoral, tal como en el emblemático caso de Valparaíso, proceso que terminó siendo decisivo en la victoria de Jorge Sharp–.

El principal escollo que deberá enfrentar el o la representante de las fuerzas políticas emergentes, será su bajo nivel de conocimiento en la población. Estos porcentajes solo podrán ser revertidos sobre la base de una primaria con altos índices de participación, un programa de transformaciones viable y robusto que dé garantías de gobernabilidad a la ciudadanía, una política de adhesión e incorporación que amplíe la base social y organizativa de la naciente coalición, además de –por supuesto– toda la astucia y virtud política del/la representante a la Presidencia por parte del sector.

Hay que partir por reconocer que los flancos de Piñera remecen fuertemente el tablero de las elecciones presidenciales, intensificando incluso las tensiones al interior de Chile Vamos y la Nueva Mayoría, las cuales –dentro del concierto eleccionario parlamentario– también se enfrentan al dilema de ir, cada una de ellas, en una lista única o en dos listas por separado.

El hecho de que se cumpla esta última condición aumenta sus posibilidades a medida que se agudiza la descomposición del establishment, lo cual dejaría en un pie inmejorable al Frente Amplio (entendiendo que el nuevo sistema electoral privilegia la unidad por sobre la fragmentación). En este sentido, existen no pocas posibilidades de que el “multiverso” que conforma el Frente Amplio se comporte electoralmente de un modo más unitario que las desgarradas coaliciones políticas tradicionales.

El panorama político se comienza a configurar de manera impredecible y cambiante. Están las piezas en juego y sobre la mesa. ¡Bienvenidos(as) al mes de marzo!

 

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