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Una Revolución Democrática para Chile

por 29 marzo, 2017

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A fines de diciembre de 2016 los afiliados y adherentes de Revolución Democrática eligieron, con un 97% de apoyo, integrar y construir un Frente Amplio que haga de Chile un país más justo y menos desigual.  Pero ¿cuál es el sentido que tiene el Frente Amplio hoy? Entender las razones de por qué elegimos participar de este proceso resultan indispensables para pensar en qué se debe hacer y hacia dónde se debe apuntar.

En Revolución Democrática, hemos sido testigos de cómo la propuesta política y el programa de la Nueva Mayoría se fueron diluyendo en el camino. Las pocas fuerzas transformadoras dentro del gobierno terminan, una y otra vez, reducidas a un estrecho margen de incidencia en las decisiones políticas. Elegir participar de la construcción de un Frente Amplio es dejar de lado la tesis de la incidencia y es apostar por levantar una alternativa. Dejar de resignarse a lo que existe y crear algo nuevo.

Para llevar a cabo esta construcción debemos ser capaces de interpretar el sentido común de la ciudadanía que quiere un Chile distinto. No podemos ser una fuerza que se contenta con el puro hecho de enarbolar con mayor nitidez las banderas tradicionales de la izquierda, sino que hay que aspirar a hacer realidad los principios de igualdad y solidaridad de nuestra tradición. En otras palabras, tenemos que demostrar a todas las fuerzas transformadoras, estén donde estén, que se puede construir un instrumento político más eficaz para cambiar Chile.

¿Cómo avanzar, entonces?

Enfrentando el desafío de ser realmente amplios.

Esa amplitud no viene dada por la cantidad de siglas que se encuentran en nuestras reuniones, sino por la cantidad de ciudadanos que se sienten interpretados por nuestras ideas. Si nuestras ideas buscan que las grandes mayorías vivan mejor, debemos aspirar que todos ellos respalden nuestro proyecto. Sin desconocer nuestra historia ni nuestras tradiciones, debemos proponer un relato político que supere los símbolos de la izquierda del siglo XX y que convierta al Frente Amplio en un referente para todos los chilenos, sin importar de donde sean o por quién votaron anteriormente. Un relato que garantice que este espacio no es exclusivamente de denuncia, sino que hay una adhesión a un diagnóstico de nuestra realidad y un apoyo a una propuesta concreta para cambiarla.

Pero como lo demuestra el resultado del gobierno actual, una mayoría no es suficiente si no hay coherencia. Debemos desarrollar una coalición política que aspire a ser gobierno, pero que tenga claro que las transformaciones que buscamos solo serán posibles si radicalizamos nuestra democracia interna, definimos de manera conjunta un programa político, hacemos costumbre ser permeado por la ciudadanía y los movimientos sociales, y construimos mandatos claros para actuar desde el campo político y social. Ese es el largo desafío del Frente Amplio y en donde el trabajo con nuestros aliados va ser fundamental.

Aprovechando esta oportunidad histórica.

El Frente Amplio no puede convertirse en un instrumento exclusivamente electoral que se reduce a aspirar a los espacios de poder institucional, pero tampoco puede ser miope y renunciar a las posibilidades que esos espacios entregan. Recuerdo una vez, haciendo puerta a puerta en la campaña de Gabriel Boric en Magallanes, me dijeron que ganar la elección no era tan importante ya que los cambios que buscábamos no se iban a lograr con un voto más en el Congreso. Aunque evidentemente un voto no permite que definamos políticas públicas, nadie puede negar que la presencia de Giorgio y Gabriel en la Cámara le ha abierto puertas a la ciudadanía, ha permitido empujar legislación y ha facilitado la articulación de fuerzas transformadoras permitiendo así, que nuestras ideas lleguen más lejos.

Hay que poner manos a la obra para materializar, de manera abierta y participativa, el programa del Frente Amplio. Ese programa debe plasmar un compromiso político, que releve el trabajo territorial y la apertura de los procesos institucionales. Junto a eso, debemos ser abiertos y generosos en las conversaciones con nuestros aliados, para que nuestro elenco parlamentario sea coherente con nuestros principios y un trabajo distrital serio.

Debemos aprovechar cada paso adelante que damos en las instituciones para transformar el rol que juegan en nuestra democracia. Queremos que los representantes del Frente Amplio exploren más allá de las fronteras actuales de sus responsabilidades, para que los chilenos podamos sentirnos protagonistas de la profundización de nuestra democracia, la incidencia social y la participación. Tener una bancada en el Congreso es un paso crucial, no sólo para defender una visión igualitarista y solidaria de sociedad, sino también para acelerar la politización de la ciudadanía y para avanzar hacia una democracia donde no sean los intereses económicos o de clase los que decidan.

Con unidad y solidaridad.

Revolución Democrática tiene un camino. Lo empezamos a diseñar juntos, imaginando un Frente Amplio para Chile. Se fue haciendo más nítido cuando decidimos que la tesis de la incidencia en el gobierno no sería suficiente para transformar Chile y que era necesario reafirmar nuestra autonomía para empezar a construir una nueva alternativa política. Es un camino que se trazó en conjunto gracias a la generosidad de las diversas fuerzas emergentes que dejaron de lado las diferencias para poner por delante el objetivo mayor. Pero aunque lo hayamos elegido con un 97% de apoyo, no hay votación alguna que vaya a recorrer ese camino por nosotros. Cada paso nos va costar todo nuestro sudor, generosidad y unidad. Y ya estamos atrasados.

En los meses que vienen tenemos la responsabilidad de tomarnos en serio el desafío electoral construyendo una infraestructura de campaña que permita dar un soporte real y estratégico a nuestros esfuerzos parlamentarios y presidencial.

Hay que poner manos a la obra para materializar, de manera abierta y participativa, el programa del Frente Amplio. Ese programa debe plasmar un compromiso político, que releve el trabajo territorial y la apertura de los procesos institucionales. Junto a eso, debemos ser abiertos y generosos en las conversaciones con nuestros aliados, para que nuestro elenco parlamentario sea coherente con nuestros principios y un trabajo distrital serio.

En el plano interno el desafío es seguir construyendo un partido abierto a la ciudadanía, feminista, con una visión de país descentralizado y enfocado en lograr transformaciones sociales, desde diversas trincheras.

Es primordial profundizar nuestro compromiso feminista. Hemos dado pequeños pasos incorporando cuotas de género y vocerías compartidas, pero no es suficiente. Urge incorporar la perspectiva de género orgánica y formativamente, en todos nuestros espacios y decisiones.

Por otro lado, que nuestra militancia de base se distribuya en territorios, comisiones y frentes, fue un acierto que sentó las bases para una descentralización de la acción política. Pero para lograr un partido que pueda aprovechar la inteligencia colectiva que lo compone y en donde el trabajo de base se convierten en los ejes de nuestra gestión, hay que atreverse a dar un paso más allá, promoviendo el desarrollo de un tejido entre dichos espacios, permitiendo que rápidamente se relacionen y fortalezcan entre ellos.

Por último, es en la ciudadanía y en la militancia politizada donde encontraremos la brújula que garantizará que Revolución Democrática siga siendo un instrumento político al servicio de la justicia. Trabajar para que los valores de una democracia abierta, participativa y deliberativa sean los mandatos de todo diseño de los procesos de decisión interno.

Hoy tenemos en nuestras manos la oportunidad por la que hemos trabajado durante años. En las últimas semanas he podido conversar con compañeras y compañeros de muchos territorios del país que han estado construyendo, día a día, este partido y le debemos a cada uno de ellos y a Chile, tomarnos en serio este momento.

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