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Región de Atacama: símbolo del abuso centralista

por 4 junio, 2017

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El martes 16 de mayo, el gobierno realizó un “positivo balance” de las labores de mitigación y reconstrucción tras el sistema frontal que se registró en el norte del país;  la presidenta de la República Michelle Bachelet destacó como un gran logro el aviso con anticipación del frente, señalando que: “se tomó una serie de medidas que permitieron, yo diría, lo más importante de todo salvar vidas, evitar desgracias humanas; y efectivamente con lluvias como las existentes ha habido daños en caminos, colegios y recintos públicos, en ciudades y también en localidades más afectadas de ambas regiones”.

En Atacama, los daños materiales de su sector se estimaron rápidamente por el ministro de Obras Públicas en miles de millones. Hubo 5.056 damnificados, cortes de suministro de agua potables por días y semanas, cientos de albergados y cientos de viviendas con daño mayor, caminos cortados y severamente dañados, canales de regadío inutilizados. Muchos de los vecinos más dañados, lo están por segunda vez en dos años. Por otra parte, las autoridades señalaron que la región aún no se recupera de los enormes estragos producidos por los aluviones de marzo 2015.

Mientras recorro las comunas, localidades, poblaciones y calles de mi región (los días cuando las cámaras de televisión ya se han marchado y la atención mediática ha desaparecido), crece en mi la indignación y la rabia se vuelve incontenible. El sufrimiento de miles de personas enfermas, adultos mayores, niños y niñas es desolador. La pobreza se vuelve miseria y no hay dignidad en esto; la gente se ve vencida. Esto se hace patente en los sectores Algarrobo, Cancha de Carreras y Ferrocarril de Tierra Amarilla, Quebrada Conchuelas en Chañaral, Paipote y Las Heras en Copiapó y tantos otros lugares de mi amada Atacama. Los recursos necesarios para la independencia que salieron de las minas de plata de Agua Amarga,  la cuna de la Revolución Constituyente, el origen de  grandes fortunas nacionales gracias a la plata de Chañarcillo y el oro y cobre de sus minas, hoy se ha transformado en el símbolo del abuso del centralismo. Atacama, la tierra de Pedro León Gallo, de Jotabeche, y de tantos otros que aportaron definitivamente al desarrollo de este país hoy está abandonada.

Los recursos necesarios para la independencia que salieron de las minas de plata de Agua Amarga,  la cuna de la Revolución Constituyente, el origen de  grandes fortunas nacionales gracias a la plata de Chañarcillo y el oro y cobre de sus minas, hoy se ha transformado en el símbolo del abuso del centralismo.

Las autoridades deben responder por la ineficiencia de las administraciones (todas) y por la falta de sensibilidad y respeto con una de las regiones que más ha aportado y que sigue aportando al país. Deben responder por qué las autoridades regionales y provinciales han sido tan ineficientes en la reparación de los daños en la macro infraestructura, en el escaso apoyo al daño de las viviendas, en la relocalización de las zonas de riesgo, en la poca energía introducida al sistema productivo regional, en la falta de un plan de emergencia efectivo que no haga depender a la gente de campañas solidarias ni de las voluntades privadas.

Deben responder por qué son tan miserables al devolver parte de los recursos que la región  genera en lugar de seguir alimentando al Transantiago, plan funesto al que me opuse con todas mis fuerzas.

Deben responder, y deben hacerlo ahora.

Porque también es corrupción un mal gobierno. Es corrupción nombrar autoridades ineficientes sólo por pertenecer a lotes poderosos dentro de partidos nacionales, que están más preocupadas de sostener sus esquemas de poder que de seleccionar a los mejores de sus miembros para desempeñarse en lo que debe ser una tarea prioritaria el servicio público.

Es corrupción también abandonar a los electores luego de ser elegidos parlamentarios para vivir del Estado sin servir a este y a la región que representan.

Pude ver a algunos alcaldes, igual de damnificados que sus vecinos “tirando pala” y sin poder comprender por qué las autoridades centrales son incapaces de entender las reales dimensiones de la catástrofe en Atacama. Tratando de aceptar las nuevas promesas que resuenan aún después de esta nueva catástrofe y tratando de mantener el espíritu firme y esperanzado de que esta vez sí se materializarán y se resolverán los problemas de las comunas, sería lo justo; yo dudo que eso pase. Atacama luego de los aluviones del 2015 bajó un escalón en el desarrollo urbanístico, productivo y de servicios; a vista y paciencia de las autoridades de turno. No veo por qué habría un cambio está vez si está el mismo esquema de poder y las mismas lógicas centralistas.

Solo un nuevo orden administrativo podrá lograr los cambios que se necesitan; gobiernos regionales con verdadero poder legitimado por elecciones democráticas, autoridades políticas con vocación de desarrollo local y mentalidad descentralizadora, políticos con espíritu crítico y con criterios independientes y atacameños y atacameñas rebeldes al dominio de la capital y dispuestos a apoyar la construcción de un proyecto justo.

Ante tanta pasividad, negligencia, ignominia y falta de empatía, los regionalistas nos rebelamos con todas nuestras fuerzas, y desde la Federación Regionalista Verde Social nos oponemos a este centralismo voraz; y como nueva fuerza política arremeteremos con energía para defender los intereses de nuestras regiones, con todas las potencialidades y recursos que poseen. No permitiremos que desde cinco cuadras en Santiago un grupo de burócratas nos sigan postergando y limitando nuestros sueños y anhelos. Santiago no es Chile. Chile somos todos.

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