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Encuestas presidenciales y segunda vuelta

por 4 julio, 2017

Encuestas presidenciales y segunda vuelta
Una primera discusión es sobre la construcción de realidad del que todo estudio de opinión pública es responsable. Hablamos aquí de la llamada agenda setting, aludiendo a la capacidad de las encuestas de influir en la opinión pública, utilizando para ello los medios de comunicación masivos. Es razonable aceptar que las encuestas más influyentes son las más mediáticas y, por lo mismo, la más incidentes en los temas en que la opinión pública piensa, los espacios de sentido que releva y las conversaciones que enfatiza. No simulemos asepsia, las empresas encuestadoras no solo aportamos información, también generamos y conformamos opinión.
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Tras las primarias, con Piñera robustecido y Sánchez desafiada, ya estamos de cara a la elección presidencial de noviembre. Hay encuestas con escenarios de segunda vuelta y en el ambiente de centroizquierda ronda cierta incredulidad –maridada con optimismo, por cierto– respecto de cuán realista es que diversas encuestas públicas señalen que, en una segunda vuelta, muy estrecha en todo caso, haya mayor porcentaje de encuestados que se inclinan por Sebastián Piñera antes que por Alejandro Guillier, Carolina Goic o Beatriz Sánchez, consecutivamente.

Y, si bien sabemos de la tendencia de la clase política a cuestionar al mensajero cuando las noticias no son las esperadas, hay en las mismas encuestas preguntas y respuestas que pueden alimentar las dudas, si es que, en mi opinión, son erróneamente interpretadas. Particularmente, veo en el recelo sobre los datos de segunda vuelta aportados por la última encuesta CEP, problemas de interpretación o de lectura.

Partamos brevemente por separar las aguas respecto a los fines y alcances de la información aportada por las empresas encuestadoras, las mensajeras. En cuanto a ellas y los resultados que hacen públicos, hay al menos 3 discusiones posibles.

Una primera discusión es sobre la construcción de realidad del que todo estudio de opinión pública es responsable. Hablamos aquí de la llamada agenda setting, aludiendo a la capacidad de las encuestas de influir en la opinión pública, utilizando para ello los medios de comunicación masivos. Es razonable aceptar que las encuestas más influyentes son las más mediáticas y, por lo mismo, la más incidentes en los temas en que la opinión pública piensa, los espacios de sentido que releva y las conversaciones que enfatiza. En este mismo punto, cabe asimismo el enfoque de temas abordados en las encuestas, las preguntas que se publican y las que se omiten, así como también los intereses que hay detrás de las empresas que realizan los estudios y de los medios que los difunden. Con todo, efectivamente, las encuestas públicas inciden e influyen en la construcción social de la realidad. No simulemos asepsia, las empresas encuestadoras no solo aportamos información, también generamos y conformamos opinión.

Una segunda discusión, legítima y relevante, es sobre fortalezas y debilidades metodológicas de las encuestas. Más allá de confirmar que la metodología incide directamente en los resultados, y, por lo mismo en la agenda de opinión, no ahondaré en este punto puesto que escribimos una larga columna (http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/05/22/encuestas-de-opinion-en-tiempos-electorales/).

En tercer y último lugar, hay una discusión distinta de las anteriores y es respecto de la veracidad de los datos que las encuestadoras entregan públicamente. Al respecto, dudo que empresas e instituciones prestigiosas, que nos jugamos día a día nuestra existencia compitiendo en el mercado, nos vayamos a prestar para alterar o directamente falsear información.

Dicho eso, yo sí creo en los números que arrojó el CEP en su más reciente medición. En particular aquel que señala que, en un escenario de segunda vuelta, Piñera está 4 puntos sobre Guillier y bastantes más sobre Goic. No se midió a Sánchez.

Asimismo, creo en las respuestas de la ciudadanía a la pregunta hecha en la misma encuesta del CEP: “Me gustaría ahora que mencionara, ¿cuál es el atributo que Ud. considera que es el más importante para un presidente? ¿Y cuál sería el segundo más importante?”.

Pues bien, retomando el ambiente de incredulidad reinante, en lectura de quienes cuestionan estos datos, ambas respuestas contienen una contradicción innegable, lo que alimenta la especulación sobre si es tan cierto aquello de que Piñera esté concitando hoy más adhesión que sus competidores de las coaliciones de centroizquierda.



La contradicción, bastante verosímil por lo demás, estaría en la imposibilidad de que, en un contexto de demanda maciza y masiva por honestidad y confiabilidad, Piñera sea quien lidere las preferencias presidenciales.

Creo que el punto ciego de esta interpretación incrédula está en cómo se está leyendo la confianza expresada por la ciudadanía cuando dice que lo que más espera del próximo Presidente es que sea confiable y honesto. La ceguera estaría en entender unidimensionalmente que esta confianza se reduce a los rasgos de personalidad del candidato. Vale decir, a su honradez, probidad y honestidad, homologada esta última por el CEP a confiabilidad.

Creo que es ciego, y propongo distinguir entre la confianza personal, de la que goza Guillier, y la confianza técnica, de la que sólidamente se apodera hoy Piñera. Es esta última dimensión de la confianza, que genéricamente alude a capacidad de energizar el país y concretamente a elevar el crecimiento económico y el empleo, la que está inclinando la balanza en las preferencias ciudadanas.

En este contexto, si la centroizquierda acepta la distinción entre confianza personal y técnica, más que dudar de los datos de segunda vuelta aportados por la CEP, podría preguntarse por la trampa de la que podría ser víctima si, como propone el CEP, cae en el espejismo de leer como sinónimas las respuestas de confiabilidad con la honestidad. Pese a ser homologadas por el CEP en un mismo código de respuesta, electoralmente no significan lo mismo.

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