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La tramposa herramienta de la “ideología de género”

por 25 julio, 2017

La tramposa herramienta de la “ideología de género”
¿Dónde nació esta idea? ¿Es realmente una ideología, así como la llaman estos grupos que por motivos religiosos se oponen a la diversidad sexual? El objetivo de su creación, además de seguir instalando la idea de que cualquier trámite que busque legislar un tema que no calce con sus valores o religión sería un imposición, persigue denostar las reivindicaciones y demanda de derechos tanto de las agrupaciones en defensa de la diversidad sexual como de las mujeres y el avance de las teorías feministas. Esto, en el marco permanente, por parte de ciertos sectores de derecha, de automarginarse imaginariamente de las ideologías, asignándoles a estas una carga negativa.
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Durante estos últimos días, tanto por los debates que generaron quienes trajeron a Chile y defienden la existencia del autodenominado “bus de la libertad”, así como por las tristes intervenciones en ambas cámaras del Congreso, en la discusión del proyecto de aborto en 3 causales y quienes se oponen a su aprobación, uno de los conceptos más utilizados, y que insistentemente intentan instalar como idea fuerza en el debate público, es lo que estos grupos denominaron como la imposición de la “ideología de género”.

¿Dónde nació esta idea? ¿Es realmente una ideología, así como la llaman estos grupos que por motivos religiosos se oponen a la diversidad sexual? El ejercicio de definir “ideología” en una columna de opinión en un medio de prensa resultaría un trabajo infructuoso, pues hay tesis enteras de filosofía dedicadas a ello, pero, a modo de resumen, tanto desde un punto de vista epistemológico como político o sociológico, la llamada “ideología de género” es un concepto inexistente dentro de las ciencias sociales a nivel internacional y es así de simple. En Chile –según palabras de la profesora de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Santiago (USACH), Dra. Yanira Zúñiga– desde el punto de vista académico, quien más ha intentado instalar este concepto ha sido el profesor Hernán Corral, de la Universidad de Los Andes, institución públicamente ligada al Opus Dei.

El objetivo de su creación, además de seguir instalando la idea de que cualquier trámite que busque legislar un tema que no calce con sus valores o religión sería un imposición, persigue denostar las reivindicaciones y demanda de derechos tanto de las agrupaciones en defensa de la diversidad sexual como de las mujeres y el avance de las teorías feministas. Esto, en el marco permanente, por parte de sectores de derecha, de automarginarse imaginariamente de las ideologías, asignándoles a estas una carga negativa y asumiendo sesgadamente estar libres de ellas al recibir sus conocimientos de una fuente superior (dogma), que en su cabeza se construye como objetiva y libre de toda interpretación “humana”.

Los ideólogos de la derecha más conservadora, ligada en gran medida a grupos ultracatólicos como el Opus Dei y concomitante, por cierto, con la ideología del libre mercado, que plantea tesis parecidas en esta materia, asumen como “ideológicas” todas aquellas posturas que ellos no comparten o a las que derechamente se oponen. Un ejemplo claro lo pudimos ver durante el agitado 2011, cuando trataron de deslegitimar al movimiento estudiantil catalogándolo como “ideologizado”.

A este respecto, me atrevo a sostener que la tarea de Jaime Guzmán sigue dando frutos en Chile. Fueron sus posturas las triunfantes en la restauración conservadora de la dictadura civil-militar encabezada por Pinochet. Sus teorías sociopolíticas, de las que son herederos principales en la UDI, sostienen la idea de que fue la ideologización lo que destruyó al Chile pregolpe y que, por ende, la UDI y los principios que la sostienen la harían  un partido de nuevo tipo, político sin ser políticos, por sobre la derecha y la izquierda, siendo poseedores de una verdad objetiva y neutra. Claro, solo los militantes de la UDI y los simpatizantes del guzmanismo son capaces de creer estas ideas irrisorias.

A este respecto, me atrevo a sostener que la tarea de Jaime Guzmán sigue dando frutos en Chile. Fueron sus posturas las triunfantes en la restauración conservadora de la dictadura civil-militar encabezada por Pinochet. Sus teorías sociopolíticas, de las que son herederos principales en la UDI, sostienen la idea de que fue la ideologización lo que destruyó al Chile pregolpe y que, por ende, la UDI y los principios que la sostienen la harían  un partido de nuevo tipo, político sin ser políticos, por sobre la derecha y la izquierda, siendo poseedores de una verdad objetiva y neutra. Claro, solo los militantes de la UDI y los simpatizantes del guzmanismo son capaces de creer estas ideas irrisorias. Por eso no me fue tan extraño cuando, el año pasado, Hernán Larraín se ofendió y sostenía vehementemente que su partido no era de derecha, sino sin ideología… limpio.

Para concluir esta breve columna, no hay ningún debate teórico ni académico en el mundo que permita hablar con propiedad de una supuesta “ideología de género”, menos aún de una campaña orquestada para su imposición, sin embargo, será este uno de los principales argumentos que seguirán utilizando en debates futuros, pese a su total carencia de peso teórico e incluso de sentido.

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