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Una ley en cómodas cuotas: la resistencia de los partidos a la incorporación de mujeres al Congreso

por 1 septiembre, 2017

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La reciente incorporación de mujeres a las listas al Congreso producto de las cuotas de género evidencia dos situaciones, en principio contradictorias.

La primera es la buena noticia que lo que ocurre en la sociedad puede empezar a ocurrir en la política. Es decir, que la mitad de la población tenga la misma posibilidad de presentar candidaturas que la otra mitad, al menos en una igualdad estadística.

Lo segundo, es una mala noticia: los partidos, apremiados por el tiempo, no se prepararon lo suficiente como para presentar candidaturas competitivas en la mayoría de los distritos y las circunscripciones, por lo que este ejercicio igualitario en muchos casos no pasará de ser un saludo a la bandera.

Efectivamente, para los partidos fue un esfuerzo mayor comprender los alcances de la ley y más aún, ponerla en práctica.

En definitiva, la exclusión histórica de las mujeres para los cargos de representación popular se hizo más evidente en esta elección ya que había una obligación legal para los partidos de incluir. Como era previsible las políticas de incentivos contempladas en esta normativa no fueron suficientes. Resultado: no hubo gran cantidad de mujeres con disposición para competir, porque los partidos no han hecho de esto un esfuerzo serio y sostenido.

La idea de tener gabinetes paritarios se ha ido diluyendo, pese a la buena experiencia con ministras en distintas áreas y en distintos gobiernos. De igual modo, en la sociedad civil y en el gobierno corporativo, privado y público, se debieran incorporar normas en la misma dirección.

Esto también revela que la llamada Ley de Cuotas es solo un piso mínimo que considerar para que más mujeres ingresen a la política. Lo que ha comenzado a ser válido para diputados y senadores debiera extenderse a elecciones locales lo que permitirá generar carreras políticas efectivas, que empiecen en lo territorial. La política es ante todo un saber práctico por lo que requiere experiencia previa y las mujeres en nuestra sociedad han tenido menos oportunidad de aquello. La ley de cuotas permite reparar esto, a condición de que los partidos se preparen seriamente para un desafío de esta envergadura y se considere el conjunto de espacios disponibles, y no sólo los escaños al congreso.

Pero, extender a lo local la ley de cuotas para elecciones de concejales y consejeros/as regionales aún no es todo a lo que debiéramos aspirar. La idea de tener gabinetes paritarios se ha ido diluyendo, pese a la buena experiencia con ministras en distintas áreas y en distintos gobiernos. De igual modo, en la sociedad civil y en el gobierno corporativo, privado y público, se debieran incorporar normas en la misma dirección. Estas ideas están en el debate público hace rato, pero empresas e instituciones insisten en mirar al techo.

Igual es probable que pese a los malos augurios de algunos dirigentes y a la falta de preparación de los partidos, tengamos de igual modo en noviembre más mujeres electas que las escuálidas cifras que muestra hoy día nuestra sociedad con respecto a la incorporación de mujeres al Congreso.

Evaluar la efectividad de la ley de cuotas sólo a partir de la inscripción de candidaturas en una primera experiencia de cuatro posibles (las cuotas regirán al menos en cuatro elecciones) se parece más a una resistencia atávica que a un análisis serio y responsable.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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