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Nacionalismo en Alemania: tan lejos, tan cerca

por 27 septiembre, 2017

Nacionalismo en Alemania: tan lejos, tan cerca
Lamentablemente Alemania no es la única nación que muestra estos signos de intolerancia. El Frente Nacional de Francia, el Partido Popular Danés y el UKIP inglés son también malos ejemplos. En Chile vivimos igualmente un periodo de elecciones y es imperativo no importar a nuestro país este tipo de ideologías. Sería lamentable que se levantaran propuestas o candidatos afines a doctrinas que tanto dolor han provocado a la humanidad. Quienes aspiran a ser líderes políticos tienen la responsabilidad de construir una mejor sociedad, no de instalar ideas totalitarias que atentan contra la democracia.
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La extrema derecha ha sido elegida para el Parlamento Alemán, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, con un 12.6% de apoyo popular.

El ingreso a la Cámara Baja (Bundestag) del partido Alternativa para Alemania (AfD), populista, nacionalista, xenófobo y revisionista del Holocausto, ha conmocionado al mundo.

Crítico de los refugiados que ha recibido el gobierno alemán, Alexander Gauland, uno de sus líderes, ha dicho: “Que (Angela) Merkel se prepare, porque vamos a recuperar a nuestro país y a nuestro pueblo”.

Se trata de un antes y un después en la política alemana de posguerra, que hace que inevitablemente retrocedamos en el tiempo y rememoremos la preguerra, cuando el ánimo expansionista nazi hizo estallar un conflicto de carácter mundial, a la vez que millones de judíos, eslavos, gitanos, homosexuales y discapacitados, entre otros, eran asesinados en nombre de “la patria” y la superioridad racial.

Para la AfD es una “vergüenza” la cultura de la memoria de Alemania, representada por el monumento a las víctimas del Holocausto emplazado en Berlín. Por el contrario, se sienten orgullosos de los soldados que arrasaron Europa durante la Segunda Guerra. Este neonacionalismo hace peligrar a un país con un triste pasado.

Para la AfD es una “vergüenza” la cultura de la memoria de Alemania, representada por el monumento a las víctimas del Holocausto emplazado en Berlín. Por el contrario, se sienten orgullosos de los soldados que arrasaron Europa durante la Segunda Guerra.

Este neonacionalismo hace peligrar a un país con un triste pasado.

Lamentablemente no es la única nación que muestra estos signos de intolerancia. El  Frente Nacional de Francia, el Partido Popular Danés y el UKIP inglés son también malos ejemplos.

En Chile vivimos igualmente un periodo de elecciones y es imperativo no importar a nuestro país este tipo de ideologías.

Sería lamentable que se levantaran propuestas o candidatos afines a doctrinas que tanto dolor han provocado a la humanidad. Quienes aspiran a ser líderes políticos tienen la responsabilidad de construir una mejor sociedad, no de instalar ideas totalitarias que atentan contra la democracia.

Las ideas nacionalistas y totalitarias –que desprecian la diversidad, la libertad y la igualdad– no pueden valerse de un sistema democrático para lograr un espacio de divulgación y promoción de sus retorcidas teorías.

Nuestra democracia es un logro colectivo que debemos cuidar, no dando espacio a expresiones de odio. Mantengamos la distancia con fenómenos como el nacionalismo europeo, que nos retrotraen a un pasado oscuro de discriminación, intolerancia y persecución.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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