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El Estado y las finanzas bajo la Inteligencia Artificial: una cuestión de supervivencia

por 18 octubre, 2017

El Estado y las finanzas bajo la Inteligencia Artificial: una cuestión de supervivencia
El reemplazo de la mano de obra en forma más acelerada que en las revoluciones industriales anteriores, da para discutir sobre ingreso mínimo universal. Lo anterior, también abre un debate sobre la legislación laboral y cómo necesita adaptarse a los nuevos tiempos. Redes sociales y transparencia, abren un espacio para mayor participación ciudadana. Blockchain, trabajos remotos y nuevos sistemas de pagos, son todo un nuevo desafío para la recaudación de impuestos y la previsión. Cómo se moderniza el Estado ya no es un tema de eficiencia sino de supervivencia.
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La clásica pregunta que surge cuando hablamos de inteligencia artificial, blockchain o internet de las cosas, es si estamos preparados, como país o como cultura, para el futuro y el mundo que viene. Y mi humilde respuesta es que no. No estamos preparados para adoptar el nivel de tecnologías que vienen, ni para enfrentar los cambios sociales asociados a esto. No estoy hablando de Chile sino de la humanidad. Porque, la verdad, es que nunca hemos estado preparados para los cambios que hemos enfrentado, sin embargo, siempre hemos sido capaces de adaptarnos.

Entonces, ¿por qué adoptamos nuevas tecnologías y hábitos sociales para los que no estamos listos? Por la misma razón que adoptamos la agricultura, los telares y los smartphones: por conveniencia y porque resolvían cosas en el corto plazo, más allá de que pudieran ser cuestionables sus implicancias en el largo. Varios historiadores y antropólogos argumentan que la agricultura fue de las mayores “trampas” en las que cayó el ser humano: el Homo Sapiens se había desarrollado físicamente para perseguir animales durante largas distancias en la sabana africana. Por esta razón es que perdió el pelo sobre su cuerpo, para poder enfriarse más eficientemente mientras corría y así agotar a sus víctimas después de varios kilómetros. Pero claramente no estaba preparado para una vida sedentaria labrando la tierra.

El hombre había perdido fuerza en comparación con sus antepasados, pero el beneficio de alimentarse con mayor certeza y la comodidad de poder establecerse en un lugar, fueron más fuertes. Si entrar en la eterna discusión sobre si efectivamente fue para mejor o para peor, de lo que sí podemos estar seguros es de que no estaba preparado. Por algo, “apenas pudo”, varios miles de años después, inventó el arado y un par de milenios después el tractor.

Lo mismo se repite para todas las tecnologías que hemos ido adoptando desde ese entonces. Todas han sido útiles y todas las hemos necesitado, pero no necesariamente estábamos preparados. Las calles no estaban preparadas para pasar de carruajes a autos, ni nuestras familias para pasar de discutir los domingos en el almuerzo a comunicarse por WhatsApp a cualquier hora. Pero en ambos casos resuelven problemas y, si bien a más de alguno no le gustan las ciudades con smog, ni que sus seres queridos anuncien cosas importantes por un chat, todos los usan por su conveniencia en el corto plazo.

En su minuto las blackberry y los computadores portátiles llevaron el trabajo a la casa, pero también permitieron a muchos trabajar desde la playa. Los microondas simplificaron el cocinar, pero mataron muchas instancias familiares cocinando y, de pasada, el sabor y nutrientes de las comidas. Nuevamente no estábamos preparados y podríamos discutir sus beneficios y costos, pero, dados los beneficios en el corto plazo, los adoptamos de todas formas.

No estamos preparados y nunca lo estuvimos, pero sin duda sabremos adaptarnos. Sin embargo, la oportunidad que realmente tenemos hoy es poder guiar más que antes cómo será el futuro. Gracias a la perspectiva histórica y al hecho de entender mejor el comportamiento humano, junto con las posibilidades tecnológicas, tenemos la oportunidad, como nunca antes, de decidir e incidir más en el futuro y que no todo pase sin querer queriendo. Por lo mismo, necesitamos empezar a tener esta discusión como sociedad. Las nuevas tecnologías traen soluciones a muchos problemas sociales, pero también desafíos sobre cómo evolucionamos socialmente.

En el mundo que viene, el patrón se repetirá. Puede que no nos guste pensar que muchos “cajeros” de supermercado pierdan sus trabajos, pero cuando comprar en tiendas sin cajeros sea más rápido, conveniente y barato, dudo que muchos otros eviten esas tiendas. Hasta hace varios años muchos se jactaban de manejar mejor y conocer todos los atajos de una ciudad, pero sin darnos cuentas ya no decidimos nuestras rutas, sino que lo hace Waze o Google Maps.

De la misma forma, cada vez tomaremos menos decisiones y las empezarán a tomar algoritmos inteligentes que nos conocen mejor y no se dejan engañar por una promoción que se ve buena, pero no lo es. Esto aplica para comprar ropa, ver películas o elegir restaurantes. De hecho, ya lo hacemos en Amazon, Netflix o con TripAdvisor, pero cada vez esto será más profundo. El supermercado se pedirá automáticamente sobre la base de lo que hay en la despensa y el refrigerador. Trabajaremos cada vez más remotamente sobre la base de realidad aumentada y virtual, simplemente una mejor versión de muchas reuniones que ya pasan por Skype.

No estamos preparados y nunca lo estuvimos, pero sin duda sabremos adaptarnos. Sin embargo, la oportunidad que realmente tenemos hoy es poder guiar más que antes cómo será el futuro. Gracias a la perspectiva histórica y al hecho de entender mejor el comportamiento humano, junto con las posibilidades tecnológicas, tenemos la oportunidad, como nunca antes, de decidir e incidir más en el futuro y que no todo pase sin querer queriendo. Por lo mismo, necesitamos empezar a tener esta discusión como sociedad. Las nuevas tecnologías traen soluciones a muchos problemas sociales, pero también desafíos sobre cómo evolucionamos socialmente.

El reemplazo de la mano de obra en forma más acelerada que en las revoluciones industriales anteriores, da para discutir sobre ingreso mínimo universal. Lo anterior, también abre un debate sobre la legislación laboral y cómo necesita adaptarse a los nuevos tiempos. Más videojuegos y realidad virtual, imponen un desafío en términos de sedentarismo y salud. Redes sociales y transparencia, abren un espacio para mayor participación ciudadana. Blockchain, trabajos remotos y nuevos sistemas de pagos, son todo un nuevo desafío para la recaudación de impuestos y la previsión. Cómo se moderniza el Estado ya no es un tema de eficiencia sino que supervivencia en una sociedad con reglas muy diferentes.

La lista sigue, pero estos son algunos de los desafíos que deberíamos abordar ya. Pongamos estos temas sobre la mesa, antes de darnos cuenta demasiado tarde de que no nos gusta la nueva versión de la sociedad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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