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Lo que deja perplejo en la pasada elección presidencial

por 24 diciembre, 2017

Lo que deja perplejo en la pasada elección presidencial
Se elaboraron numerosas hipótesis que permitían explicar el fenómeno, poniendo el foco en el Frente Amplio, al cual previamente nadie daba mucho más de un 13% y que se erigió como el victorioso con un 20% de las preferencias. Dado eso es obvio que las explicaciones giraban en torno a cómo el Frente había logrado penetrar en la sociedad capturando las demandas de la misma, en particular de las nuevas generaciones y por lo tanto sus propuestas de demandas de derechos civiles en la sociedad era el punto en el que la clase política debía centrar su atención.
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 Ninguna de las dos vueltas de las elecciones presidenciales pudo ser anticipada. Más allá de las culpas a los instrumentos, las encuestas, con la realidad en la mano haciendo un análisis ex post cuesta encontrar una explicación de lo ocurrido con los instrumentos tradicionales de análisis; izquierda vs. derecha; pobres vs. ricos; progresistas vs. fachos y numerosas otras clasificaciones reduccionistas de la realidad.

Las pasadas elecciones indican que estas categorías de análisis se pueden botar a la basura, al menos a la hora de explicar sus resultados.

En primer lugar, la votación obtenida por Sebastián Piñera en la primera vuelta fue significativamente menor que la esperada por todos; comandos y gobierno incluidos. No fue poco menos, fue harto menos, un 36% comparado con un rango de entre 40 y 46% al tomar la moda de las expectativas, En síntesis del orden de 6% menos. Esto es harto.

Se elaboraron numerosas hipótesis que permitían explicar el fenómeno, poniendo el foco en el Frente Amplio, al cual previamente nadie daba mucho más de un 13% y que se erigió como el victorioso con un 20% de las preferencias. Dado eso es obvio que las explicaciones giraban en torno a cómo el Frente había logrado penetrar en la sociedad capturando las demandas de la misma, en particular de las nuevas generaciones y por lo tanto sus propuestas de demandas de derechos civiles en la sociedad era el punto en el que la clase política debía centrar su atención.

Desde los resultados de la primera vuelta, la segunda parecía una llegada por nariz, nuevamente con las categorías de análisis tradicionales. La moda estaba entre 48 y 52% de los votos para uno u otro lado, tal como la pelota rodando sobre la red en “Match Point”, la reconocida película de Woody Allen.

Las ofertas de los candidatos, en la medida de sus posibilidades se acercaron a recoger las propuestas del FA; reformas de Bachelet se mantienen y se perfeccionan decía uno; hay que profundizarlas decía el otro, más cercano naturalmente a los postulados programáticos del FA,   aún cuando lejano en las formas al decir de los dirigentes del movimiento sorpresa de las elecciones, nunca tan lejano como Piñera. Sin embargo, en la segunda vuelta, votó un 5% más de electores y Sebastián Piñera superó en cerca de 10 puntos a su contendor; nuevamente una cifra que sorprendió en toda dimensión al país entero; comandos y gobierno incluidos.

Un tránsito de votantes del FA hacia Sebastián Piñera tiene que haber ocurrido para cuadrar las cifras. Este último fenómeno con las herramientas tradicionales no se puede explicar. Antes de llegar a la estación de Piñera se pasaba por la de Guillier; del carro se bajaron algunos, otros siguieron hasta el final de la línea. Esto no es posible en el modelo tradicional.

Por su parte los que se subieron en la estación de más a la derecha; los de Kast si se bajaron completos en la siguiente de la izquierda, la de Piñera. Este es otro dato de la ecuación.

La actitud del FA entre ambas vueltas indica que tampoco hizo un análisis correcto de la situación. También usaron los modelos decimonónicos de análisis que indicaban que los pasajeros se tenían que bajar en la del medio.

De corroborarse estos movimientos, se podría concluir algo incómodo para el FA, que es que una parte importante de las personas que los apoyaron en la primera vuelta no se siente tributario de sus dirigentes, -cosa que no ocurre con los votantes de la centro derecha-, son votantes más caprichosos, menos ideologizados. ( ¿Sería posible concebir un votante del Partido Comunista votando en contradicción con la posición del partido?). Pero peor, pueden pasarse de un extremo a otro con la misma facilidad que llegaron en la primera oportunidad a su estación.

No pretendo tener la respuesta que permita explicar este fenómeno, pero si llamar la atención de la fluidez de los votos señalada que requerirían  otros modelos de proyección para estimar su comportamiento. ¿RIP los anteriores?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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